Una gran Àngels Gonyalons en el Romea
La actriz sobresale como protagonista de 'El retrato de Dorian Gray'
'El retrato de Dorian Gray'
- Autoría: Oscar WildeDirección de escena y dramaturgia: Marc Rosich Dirección musical y composición: Jordi CornudellaIntérpretes: Àngels Gonyalons, Jordi Vidal, Pau Oliver y Pol Blancafort Teatro Romea. Hasta el 2 de agosto de 2026
El culto a la belleza y la vanidad narcisista están hoy en día muy presentes en la sociedad a través del mundo de las redes. Eres en tanto que te ven. Y te tienen que ver siempre bien. No es pactar con el demonio para conservar la juventud, sino con los entrenadores personales y con las tiendas de ungüentos para acicalarse.
El retrato de Dorian Gray (1891), la famosa novela de Oscar Wilde, ha conocido diversas versiones cinematográficas y teatrales, como el musical inglés protagonizado por Kevin Kennedy que en otoño inicia una gran gira por el Reino Unido; un musical español presentado en junio en el Teatro Marquina de Madrid, y el monólogo estrenado en Nueva York por Sarah Snook (protagonista de la serie "Succession") en el que la actriz interpretaba veintitrés personajes.
Algo parecido hace Àngels Gonyalons en el monólogo musical que han imaginado el dramaturgo y director Marc Rosich y el compositor Jordi Cornudella. La propuesta arranca con el poeta Wilde y sus reflexiones sobre el arte: "No existen los libros morales o inmorales. Los libros están bien escritos o están mal escritos. Eso es todo". Y Gonyalons asume todos los papeles de la representación. Dice y canta con una dicción extraordinaria. La actriz se luce en la interpretación, muy bien secundada por el Leos Quintet de cuerda y por un trío que tanto hacen de maquinistas moviendo elementos escénicos como interactúan con ella.
La versión de Rosich se nos presenta temporalmente descontextualizada, alejada del terror gótico del original, en las coordenadas de la liofilización dramática contemporánea y en un espacio escénico de un blanco hospitalario que mata la pasión y que lo mancha todo menos el muy acertado vestuario de ella. Una decisión estética que a nuestro entender juega en contra de la fuerza emocional del texto. Como tampoco vemos adecuada la sustitución del cuadro por una especie de monolito de plástico transparente que cambia de colores y que incluso se mueve solo. A pesar de estos inconvenientes, estamos ante una buena función para el lucimiento de una de las grandes actrices catalanas.