Estreno teatral

Pere Arquillué e Imma Colomer estrenan el 'Hamlet' de Lluïsa Cunillé

Albert Arribas dirige 'Dinamarca', un duelo entre madre e hijo, en la Beckett

Pere Arquillué e Imma Colomer en 'Dinamarca'
3 min

BarcelonaLa dramaturga Lluïsa Cunillé (Badalona, 1961) escribió la obra teatral "Dinamarca" en 2014 y la publicó en 2017. El texto es, según el director Albert Arribas, "un clásico contemporáneo que ha impactado a mucha gente" pero que, hasta ahora, nunca se había estrenado en Cataluña. La Sala Beckett y la productora Bitò han sumado esfuerzos para llevarlo a escena, en un espectáculo protagonizado por Pere Arquillué e Imma Colomer bajo la dirección de Arribas. La obra se representará del 15 de mayo al 14 de junio en la Beckett y, a partir de otoño, hará gira por Cataluña. "Dinamarca es el Hamlet de Lluïsa Cunillé. Revisa los fantasmas de dos personajes marcados por el resentimiento y por la necesidad de vengarse. El mundo les había hecho unas promesas que se han roto, y se plantean si ser o no ser, si suicidarse o no", explica el director.

Haciendo el evidente guiño a la obra icónica de Shakespeare, Cunillé sitúa la acción en un apartamento en Copenhague, donde una madre y un hijo conviven de forma precaria. Juntos han creado una convivencia opresiva y se han recluido "en inercias y dinámicas que no tienen nada que ver con lo que el futuro les habría podido ofrecer", dice Arribas. El conflicto llega a la hora de plantear cómo debe vivir la madre, con quien el hijo tiene una relación de dependencia absoluta pero a la vez, para él, empieza a ser una carga. "Ella tiene una fuerte capacidad para atar al hijo, enfrentarse a él y tenerlo encerrado. Llegan a cuotas muy altas de violencia y de confrontación", señala el director.

En este sentido, Colomer destaca que "los dos personajes son muy atractivos, con unas razones de existir y de luchar muy potentes". En el caso de la madre, pone énfasis en "el resentimiento que sufre y el incansable camino del hijo para hacerla sentir culpable todo el tiempo, para aniquilarla". Para Arquillué, uno de los puntos fuertes del espectáculo es "el juego teatral que plantea el director" y que se aleja "de la idea de que las obras de Cunillé son oscuras y pausadas". Los dos intérpretes habían trabajado juntos otras veces —coincidieron en proyectos como Vida privada (2010) en el Teatre Lliure y en Morir (1998) en el Teatre Romea—, pero siempre había sido con repartos mucho más grandes. Dinamarca les brinda la oportunidad de compartir, según la actriz, "un partido de tenis potentísimo entre los dos personajes".

Teatralidades muy explosivas

El vínculo de Dinamarca con Hamlet se hace presente desde el inicio del espectáculo, cuando se pone sobre la mesa si, para los protagonistas, sería mejor dejar de vivir. Cunillé también juega a confundir entre realidad y ficción, sin aclarar si aquello que ve el espectador es o no es una fantasía del protagonista de la misma manera que en la obra shakespeariana no queda claro si Hamlet es o no es loco. Por eso, las escenógrafas Sílvia Delagneau y Ona Grau han construido un espacio de cámara realista y convencional que, a medida que avance el montaje, mutará hacia un territorio más surrealista. Todo ello "catapulta a los personajes hacia teatralidades muy explosivas", señala Arribas, y convierte la lucha por la vitalidad en el eje central del espectáculo. "Este es el gran tema de todas las obras de Lluïsa Cunillé —defiende el director—, pero cobra fuerza cuando las limitaciones y las dificultades contra las que se lucha son enormes. A partir del fantasma del suicidio, Cunillé nos habla de cómo la lucha de la vitalidad puede transformar identidades, existencias y vidas".

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