Final Champions League

Las jugadoras a las que no dejaron celebrar la Champions con su afición

La seguridad de la final no permitió que festejaran el título con los seguidores del Barça en el exterior del Philips Stadion

EindhovenDos horas después de que la árbitra Cheryl Foster pitara el final del partido en el Philips Stadion, la mayoría de jugadoras del Barça todavía no habían aparecido en la carpa situada en medio de la calle que hacía de zona mixta, donde las esperábamos los medios de comunicación. La fiesta en el césped y en el vestuario se había alargado. No todos los días se gana una Champions League. Y menos con una remontada antológica. Pero, de repente, empezó a sonar música y Clàudia Pina y Cata Coll, con gafas de sol negras típicas de agentes de la CIA, aparecieron dando saltos con el trofeo en las manos.

Las acompañaban Jana Fernández, Mapi León –que ondeaba un banderín del Barça–, Bruna Vilamala, Laia Codina y compañía. Para llegar al autobús, habrían podido saltarse el zigzag de la carpa de la zona mixta con el objetivo de evitar los medios de comunicación. Pero este equipo, adicto al espectáculo dentro y fuera del terreno de juego, quiso compartir la alegría con las decenas de periodistas catalanes desplazados a Eindhoven.

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Y también lo quería hacer con el centenar de seguidores azulgranas que esperaban a las campeonas para verlas coger el autobús en una de las calles residenciales que rodean el estadio. El problema es que los responsables de seguridad del partido habían montado un dispositivo que alejaba a unos cincuenta metros la posición de las futbolistas de la de los aficionados y creaba en el centro una improvisada plaza vacía. Un par de vallas situadas junto a la parte posterior del autobús, vigiladas por dos miembros de seguridad, marcaban el límite hasta el que se podían acercar las jugadoras.

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Mariona, Jana, Clàudia Pina y Cata Coll pensaron que, tratándose de una petición de las mismas futbolistas, el dispositivo de seguridad no pondría ningún problema para esquivar las vallas y unirse con la afición para seguir celebrando el título de la máxima competición continental. Pero se encontraron con la sorpresa de las negativas reiteradas de los dos miembros de seguridad. "Eh, tío, que acabamos de ganar la Champions", dijo llena de frustración Cata a uno de los guardias. Incluso, medio en broma, las jugadoras informaron a los trabajadores que saltarían las vallas. Tampoco sirvió el argumento verdadero de que, entre el centenar de seguidores, había algunos familiares.

Después de la frustración vino la aceptación de la realidad: aquellas malditas vallas no se moverían de allá. Así que la afición empezó a cantar el ya mítico Un dia de partit y las jugadoras, que una parte de los seguidores no veía porque las tapaba el autocar, les acompañaron dando palmas. A pesar de ser las ocho de la tarde pasadas, en el cielo de Eindhoven, donde Alexia Putellas había levantado la Champions un rato antes, todavía lucía un sol respetable.

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Pero el espectáculo todavía no se había acabado. Faltaba por aparecer en la zona mixta una de las futbolistas clave de esta segunda Champions del conjunto azulgrana: Aitana Bonmatí. Y cuando lo hizo no dejó indiferente a nadie. Llevaba un escudo del Barça casi tan grande como ella, que explicó que se había llevado de las entrañas del Philips Stadion. Una vez acabadas las entrevistas, Aitana, ya de camino hacia el autobús, admitió a los periodistas que dudaba mucho de que aquel artefacto pasara el control de seguridad del aeropuerto de Eindhoven.

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Y en el avión siguió una fiesta que retransmitieron en las redes sociales. Las jugadoras, todas con la camiseta del Barça todavía puesta estuvieron poco rato sentadas. En uno de los vídeos se las puede ver de pie, con alguna cerveza em la mano y haciendo percusión con las paredes del avión mientras cantan Bailoteo, uno de los éxitos del grupo catalán The Tyets y uno de los temas que más han sonado esta temporada en el Estadi Johan Cruyff y en el Camp Nou.