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Barça-Nike: anatomía de una caída

La relación entre el club catalán y la multinacional norteamericana pasa por uno de sus momentos más delicados

BarcelonaNingún palco de un equipo de fútbol puede competir con el del Santiago Bernabéu a la hora de hacer negocios, ni el del Barça, pero todos son un escenario propicio para que haya movimientos atractivos. También lo fue el del Narcís Sala la tarde del Sant Andreu - Europa del 28 de enero. Allí coincidieron varias personalidades cuyas inquietudes no solo estaban relacionadas con el derbi barcelonés. Por ejemplo, se pudo ver al secretario de la junta directiva del Barça, Josep Cubells, y a representantes de la marca Meyba, que viste al Sant Andreu, en un momento de crisis entre el club azulgrana y Nike.

Según ha podido saber el ARA, la semana pasada hubo una reunión entre el Barça y Nike en el restaurante Via Veneto de Barcelona que tuvo la presencia de altos cargos de la marca estadounidense. Las conversaciones encontraron algunos puntos en común, pero ambas partes quedaron a la espera de que el club azulgrana tome una decisión definitiva sobre qué quiere hacer. En los despachos de Aristides Maillol tienen ganas de un cambio de aires porque, como dice en este diario una figura importante del Barça, "ha habido demasiados problemas con Nike durante demasiado tiempo". De todas formas, la entidad catalana es muy consciente de que Nike no recibirá con una ovación cálida la ruptura y que esta decisión muy probablemente comportará el inicio de un litigio judicial largo que obligará al Barça a la provisión de millones de euros en una etapa de estrangulamiento económico.

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¿El Barça está a tiempo de vestir otra marca el próximo curso?

"Es una locura total y Nike lo sabe", responde al ARA una persona conocedora de las relaciones entre el Barça y Nike a quien preguntamos si es posible que el próximo curso los equipos del club azulgrana vistan camisetas que no sean de la marca de Oregón. El motivo está claro: "Ya deberían estar produciéndose las camisetas de la próxima temporada". De hecho, en cada ejercicio, Nike pone como límite al Barça el mes de octubre para dar el visto bueno definitivo a la indumentaria del curso siguiente, con el propósito de tener tiempo de fabricarla y distribuirla por todo el mundo. En este sentido, hubo tensiones entre ambas entidades durante el ejercicio 2021-2022 porque hasta febrero el Barça no cerró el nuevo patrocinador principal de la camiseta, Spotify. Esto provocó que Nike empezara a fabricarla sin la publicidad y en algunas tiendas se puso a la venta de esa manera.

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Por tanto, desde el punto de vista logístico es inviable que la rotura del contrato con Nike para atender los cantos de sirena de Puma (un interés desvelado por el ARA en junio de 2021), New Balance o Adidas, tres de las marcas que más se han movido para llegar a un acuerdo con el club catalán, comporte un cambio de imagen el próximo curso. Y es aún más inviable a corto plazo la tercera vía planteada por Joan Laporta: autoconfeccionarse la indumentaria. Ahora mismo, el Barça no dispone de acuerdos con canales de distribución capaces de hacerlo posible en un santiamén.

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Un contrato poco detallado, la fuente de muchos conflictos

La relación entre Barça y Nike, que empezó en 1998, no se ha dinamitado de golpe. Las primeras grietas de la confrontación actual surgieron en el 2016, cuando la multinacional estadounidense hizo un favor al club azulgrana durante el mandato de Josep Maria Bartomeu. El contrato entre ambas partes terminaba en el 2018 y, dos años antes, el Barça pidió a Nike cerrar un precontrato (conceptualmente nombrado short form) de 105 millones de euros fijos y 50 en variables anuales hasta 2026, con una cláusula para renovarse automáticamente hasta 2028 si así lo desea Nike. La maniobra permitió engordar inmediatamente los ingresos de la entidad cuando la masa salarial deportiva ya iba hacia el pedregal y tuvo como contrapartida dejar muchos aspectos abiertos a las interpretaciones de ambas partes. Esta indefinición se ha convertido en una fuente recurrente de conflictos.

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Y así todavía están el día de hoy, porque entonces pactaron que en el 2018 se formalizaría un contrato con cara y ojos (conceptualmente nombrado long contract) que, seis años después, todavía no se ha confeccionado. Barça y Nike se dieron cuenta en julio del 2018, sentados uno frente al otro, que había muchas divergencias cuando debían ponerse de acuerdo a la hora de detallar ciertos aspectos del contrato que llevaban dos años escritos sin precisión. Entre ellos, destacaban la recuperación por parte del Barça de las tiendas y la venta al por menor (como así fue con la creación de BLM en 2018) y el reparto del comercio electrónico (Nike explota la venta de productos del Barça por internet fuera de Europa).

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Una procrastinación reiterada

A partir de ese momento, ambas partes se adentraron en una espiral de procrastinación que ha atascado reiteradamente las negociaciones. Primero, fue la llegada de la pandemia del coronavirus y, después, la idea de que era mejor esperar a las elecciones porque así el nuevo presidente tendría la oportunidad de firmarlo a su antojo. Pero Laporta regresó al palco en marzo del 2021, hace ya tres años, y ni se ha firmado el contrato long contract ni la relación con Nike ha mejorado respecto a la etapa de Bartomeu pese a que se han producido varias reuniones durante este tiempo. La voluntad de Laporta siempre ha sido que el Barça tenga más autonomía, alentado por el éxito de BLM, porque tiene en la mano el argumento de que el producto propio con licencia tiene mucho margen de negocio.

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