Apuntes en caliente

Una brutalidad que puede valer una Liga: los apuntes en caliente del Barça-Rayo

Los azulgranas derrotan a los madrileños en un mediodía histórico para Joan Garcia

Joan Garcia volando para frustrar una ocasión del Rayo.
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BarcelonaVictoria muy sufrida del Barça ante el Rayo Vallecano (1-0). Los catalanes han hecho valer la diana de Ronald Araujo en la primera mitad en un mediodía inspiradísimo de Joan Garcia, que ha evitado hasta cuatro goles cantados de los de Iñigo Pérez. A continuación, unos apuntes en caliente.

Un escándalo. Joan Garcia es la gran diferencia entre el primer Barça de Flick y el segundo. Donde el pasado año había dos porteros en declive –Ter Stegen y Szczesny–, este año está el mejor especialista de la Liga. Lo que ha hecho el de Sallent contra el Rayo es equivalente a marcar un hat trick en la portería rival. Venía de pedir el cambio ante el Newcastle por unas molestias, y no sólo no descansó sino que salvó un gol cantado cuando aún no había transcurrido el primer minuto de juego. No contento con ello, en la reanudación, con los visitantes en busca del empate, ha volado para frustrar una ocasión clara de Álvaro Garcia, otro remate a bocajarro de Unai López y un disparo cruzado de De Frutos. Juan es diferencial. Y no es la primera vez.

Soluciones para dejar de sufrir. Araujo es de esos jugadores que caen bien. De físico exuberante y esfuerzos innegables, es muy habitual que la gradería lo coree cada vez que brinda acciones de mérito. "U-ru-guayo, u-ru-guayo“. El cántico funciona y se esparce con más facilidad que cualquier construcción oral sobre Lamine Yamal, de nombre bastante menos cantable. Una vez controlados los problemas de salud mental que le apartaron del colectivo a finales del 2025, Araujo vuelve a sentirse útil para Flick. Pero de todo menos de central, que ha pasado de ser su posición preferida. fibra del charrua para cubrir el lateral o cargar el área rival en faltas, saques de esquina y situaciones de urgencia.

56.812 espectadores son pocos. Tercer partido seguido del Barça en el Camp Nou desde la reapertura del gol norte. Había que recuperar un poco la sensación de caldera de cara al tramo decisivo de la temporada. 62.000 personas de aforo. Nada mal. Sin embargo, en ninguno de los tres duelos –Sevilla, Newcastle y Rayo– se han superado los 57.000 espectadores en el recuento oficial. Es decir, 5.000 sillas vacías para ver al Barça más ilusionante de la década. No sirve de excusa que existan localidades con poca visibilidad que no se comercialicen. Tampoco la explicación de los horarios aguanta todo. La solución después de tres partidos parece clara: los precios de venta libre son excesivos para el bolsillo de socios y aficionados que no son turistas.

Algo ocurre con Rashford. Con el inglés ocurre un poco como con Dembélé. Son ejemplos de talento innato para jugar al fútbol con tendencia a confundir tanto a sus compañeros como a sus rivales. Si te despistas, pueden noquearte con dos acciones de genio. Y si te confías, te pueden arruinar un triunfo para desconectar en una ayuda o tomar la peor decisión posible en una acción al contragolpe para matar al partido. Rashford es aún capaz de aparecer en un partido clave de la Champions para decantar la balanza, pero Flick ha entrado en una fase de desconfianza con él. En los últimos tres compromisos sólo le ha hecho jugar durante el tramo final contra un Rayo volcado hacia la portería de Joan Garcia. Normal que Laporta y Deco vean que 30 millones para ficharle en propiedad son demasiado baratos.

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