Barça

Florentino Pérez: ¿eterno rival o cooperador necesario del Barça?

Joan Laporta ejerce de anfitrión del presidente del Madrid 12 años después de su último clásico juntos en el Camp Nou

BarcelonaA falta de los legendarios Leo Messi y Sergio Ramos, que lo verán desde París, viejas tradiciones se recuperarán este domingo en el primer clásico de la temporada 21/22. De entrada, la presencia de público en el Camp Nou, que no está sujeta a ninguna restricción de aforo desde hace una semana y registrará la mejor asistencia de lo que llevamos de ejercicio en un horario muy propicio –otra cosa es que se llene a tope–. El Barça-Madrid también tendrá un prolegómeno en el que sonarán Els segadors: así lo marcan los protocolos cuando el partido es presidido en el palco por el máximo representante institucional de Catalunya, lo cual no sucede desde 2015. Y es que Pere Aragonès ocupará el asiento habitual de Joan Laporta, que igualmente hará de anfitrión de Florentino Pérez, máximo mandatario blanco, por primera vez desde que recuperó el gobierno azulgrana.

El apretón de manos entre los dos presidentes más mediáticos del fútbol estatal será generosamente fotografiada porque hace 12 años que no se produce en estas circunstancias. Hay que ir hasta el 29 de noviembre del 2009 para encontrar el último precedente, con Guardiola y Pellegrini en los banquillos de los dos equipos. Ibrahimovic resolvió a favor del conjunto local el primer clásico de Cristiano y Benzema, que habían aterrizado en el Santiago Bernabéu como los principales pilares del segundo proyecto de Florentino en el Real Madrid, iniciado sin necesidad de pasar por las urnas tras un mandato tumultuoso de tres años de Ramón Calderón.

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Aquel clásico del 2009, el de Ibrahimovic y Guardiola, previo a la consecución del célebre sexteto, fue el último que vivió Laporta en el Camp Nou en su primer periplo como presidente del Barça. Más de una década más tarde, con más arrugas y canes, el abogado barcelonés se reencuentra en el palco de Arístides Maillol con Florentino, para quien también han pasado los años, después de haber recuperado las riendas del club barcelonista en un contexto de crisis y decadencia. Unos 30.000 socios confiaron en él para que revirtiera la deriva de la entidad con la determinación que exhibió en su primer gobierno (2003-2010), en el que se erigió en un azote del madridismo. Su estilo desacomplejado de orientación catalanista y su visión a la hora de enfocar el negocio, de salir al mercado de fichajes o de conseguir complicidades en los pasillos amargaron a Florentino, que con él en la presidencia culé no pudo celebrar ni ligas ni Champions en Cibeles. Laporta capitalizó este recuerdo poniendo una lona gigante junto al Bernabéu. "Ganas de volver a veros", se leía. La estrategia se notó en las elecciones de este 7 de marzo.

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Una lona sin consecuencias reales, de momento

Sin embargo, siete meses después del paso por las urnas, la burla no se ha traducido precisamente en una rivalidad más caliente. Todo lo contrario: Florentino se ha convertido en un actor clave, a pesar de que en segundo plano, de los primeros meses de gobierno de Laporta. El presidente blanco es un cooperador necesario en un momento de zarandeo general en la industria del fútbol.

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El ejemplo más claro de la sintonía es la Superliga, un proyecto en el que los dos mandatarios van de la mano con Andrea Agnelli, propietario de la Juventus. La creación de una nueva competición a despecho del monopolio de la UEFA y contra el criterio de las ligas estatales es vital para entender la complicidad de Laporta con Florentino. El mandatario blanco es el principal impulsor de la iniciativa y tiene apalabrados elevados ingresos solo para fundarla, un dinero que al Barça también le iría bien para salir del callejón sin salida financiero en el que está inmerso.

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El apoyo a esta vía de negocio está relacionado con la negativa de los dos grandes del fútbol español a la financiación que la Liga ofrece a través del fondo CVC, una inyección sin intereses que Laporta aceptaba en julio porque le permitía renovar a Leo Messi pero que acabó rechazando –como consecuencia, el astro argentino marchó al PSG– a instancia de su CEO, Ferran Reverter, y de su vicepresidente y principal avalador, Eduard Romeu. Los dos, según varias fuentes, alertados por Florentino, que también es una figura crucial en las conversaciones con el gobierno español para cambiar la normativa de los avales. Para asegurar su gobierno, Laporta y su junta tienen dos opciones: reestructurar la garantía actual (117 millones) con otros apoyos que compensen la salida de Jaume Roures o bien aspirar a que se apruebe un decreto ley antes del 30 de noviembre, que es cuando finaliza el plazo. La segunda posibilidad requiere la capacidad de influencia del presidente blanco, con quien, por cierto, Romeu se ha reunido esta semana en Madrid, según informó el diario Sport. El vicepresidente y su socio José Elías, avalador de Laporta, son grandes admiradores de Florentino. Comparten visión empresarial y banco de inversión, Goldman Sachs, que también está en medio de las principales operaciones de crédito del Barça.