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Deportes  /  Barça 20/05/2022

"Guardé las dos primeras Champions, la tercera la quiso Pep"

Repasamos con Carles Naval, delegado del Barça, los 30 años de la consecución de la primera Copa de Europa en Wembley

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Carles Naval, a su despacho, en una fotografía de archivo del ARA

BarcelonaTreinta años. Este viernes hará tres décadas que el Barça, de la mano del Dream Team y de Johan Cruyff, levantó de una vez por todas la primera Copa de Europa de la historia del club. Se curaban las heridas de las finales perdidas con anterioridad. Se dejaban atrás los complejos. El Barça era campeón de Europa. Y lo consiguió con un gol icónico de Ronald Koeman. "Koeman, toca Stoichkov, para Bakero, pica Koeman...", narraría Joaquim Maria Puyal. Los instantes previos al éxtasis. Un gol que cambiaría la idiosincrasia del club. Un gol improvisado en aquel mismo momento. "La falta no estaba preparada", recordaba este lunes Hristo Stoichkov en un acto organizado por los Amigos de Johan. "En el último entrenamiento lanzamos faltas. Pero era indirecta y hablamos sobre qué hacer. Si tuviera que repetirla, quizás chutaría en otra dirección", confesaba, por su parte, el propio Koeman.

Un gol fantástico que quedaría instalado para siempre en la retina de los aficionados del Barça y que nació fruto de la improvisación. Muchos jugadores han explicado que no lo pasaron bien durante el partido: los fantasmas de la final perdida en Sevilla planeaban en el ambiente. "Cuando llegué a Barcelona solo se hablaba de la final de Sevilla. Wembley lo cambió todo", explicaba Txiki Begiristain. "Es cierto que había un punto de incertidumbre, pero no hablaría de presión, sino más bien de concentración. Cada jugador sabía muy bien qué tenía que hacer y todos iban a la par. Existía el convencimiento de que se tenía que ganar esta Copa de Europa. Solo hay que mirar las caras de los jugadores cuando salen al campo", recuerda en conversación con el ARA Carles Naval, que hace 35 años que es el delegado del primer equipo del Barça.

Naval ha vivido de primera mano las cinco Champions que ha ganado la entidad azulgrana. "Yo no las he ganado, que no jugaba", bromea, pero se siente partícipe de unos éxitos corales. Michael Laudrup explicó que el equipo que ganó la final de Wembley en 1992 no es el mejor que ha tenido el Barça, pero sí "el más especial", por el hecho de haber sido los primeros en conseguirlo. "Fue la plantilla que rompió el hielo y que sacó este peso de encima al club. Si después repasas todas las plantillas, ha habido otras muy buenas, pero no tuvieron la misma repercusión. Además, fueron un grupo de jugadores que estuvieron cuatro años juntos, con pocos retoques en el equipo cada año", añade Naval. La convivencia de aquel vestuario también fue uno de los principales pilares: "Johan se interesaba mucho por la vida personal de los jugadores. Te podía invitar a cenar el día anterior en su casa, pero, si el día siguiente te tenía que regañar en el entreno, pues lo hacía. Tenía esta ascendencia sobre el equipo. Los jugadores también hicieron amistades, a veces quizás iban cuatro o cinco a hacer un vermut después del entreno y se acababan sumando otros".

La primera Copa de Europa fue celebrada en un hotel en las afueras de Londres y, por miedo a que le pasara algo –"no se puede quedar aquí, no sé si mañana la encontraremos", se dijo–, Naval se llevó el trofeo a su habitación, lo dejó en un sofá y después volvió a la fiesta. Un ritual similar siguió después de la Champions de París. En cambio, después de la final de Roma de 2009, el trofeo tuvo un nuevo guardián para custodiarla. "Cuando volvíamos de la celebración hacia el hotel, en el autocar, Pep me dijo: «Oye, Carles, ¿te importa si me llevo yo la copa?» Le dije que ningún problema, ¡pero que no se olvidara de bajarla al día siguiente!", recuerda el delegado azulgrana. Con la cuarta y la quinta Champions, su resguardo ya estuvo a cargo del equipo de seguridad del club.

Carles Naval y Leo Messi.

Los tiempos cambian y Naval ha visto pasar muchas generaciones de futbolistas del Barça. "Las cosas han cambiado. Antes un jugador te podía preguntar por qué zona de la ciudad ir a vivir o te pedía que lo ayudaras en esto o aquello. Ahora, en cambio, cada jugador que llega nuevo ya viene muy preparado. Sabe donde quiere vivir y les acompaña mucha gente, entre representantes, equipo de comunicación, cocinero, nutricionista, etc. Pero yo procuro que no les falte de nada y echarles una mano si lo necesitan, sin interferir en su manera de hacer", explica Naval. "Antes para convocar a un jugador tenías que llamarlo al teléfono fijo y, si no te contestaba, ir a buscarlo. Ahora le digo al capitán que haga un mensaje en el chat de los jugadores".

"Viví con mucha tristeza la marcha de Messi"

Carles Naval lleva más de 30 años junto a los jugadores y entrenadores. Su receta es fácil: "Procuro tratarlos a todos del mismo modo, sea un jugador top o uno que acaba de subir del plantel. No marco diferencias entre unos y otros. Las diferencias de estatus económico que puedan haber entre ellos tampoco se notan en el día a día de un vestuario". De todo este tiempo, Naval se lleva un montón de amigos y también despedidas complicadas. Como la de Pep Guardiola: "Tengo buen recuerdo de todos los entrenadores. Pero es cierto que de entrada el trato con un entrenador que ya tuviste de jugador es más próximo. A nivel personal lo viví como una putada, pero entendí que él había decidido marcharse y que tenía que aceptarlo y respetarlo".

La despedida sonada más reciente del Barça fue la marcha a regañadientes de Messi. "Lo viví con mucha tristeza. Desde que vino a Barcelona e inició su trayectoria en el primer equipo estuvimos juntos, por decirlo de alguna manera. Pero la vida en el fútbol tiene estas cosas, tocó aceptarlo y salir adelante", concluye Naval. Respecto al presente más inmediato del Barça, el delegado se define como "optimista por naturaleza" y destaca "el compromiso del vestuario por dejar atrás unos años complicados y hacer las cosas bien". A pesar de cumplir 67 años este octubre, él seguirá junto al vestuario: "Los años pesan, es ley de vida, pero todavía tengo cuerda".

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