Un problema de liderazgo

Con el tercer proyecto de la era Hansi Flick ya en marcha y a la espera del regreso de los internacionales y de que se resuelva el fichaje del delantero centro –de momento no parece que el Atlético de Madrid esté dispuesto a ceder a Julián Álvarez–, hay una cuestión nada menor que no está acaparando la atención mediática: la capitanía del Barça. Es un aspecto importante porque no se trata solo de negociar las primas o de decidir quién levanta el trofeo, sino de liderazgo en el vestuario, un elemento clave para un equipo que aspira a competir por todos los títulos.

A Ter Stegen, el primer capitán, el Barça lo ha enviado al Ajax pagándole el 90% de su salario y dándole todas las facilidades posibles para que se marchara, ya que Flick no lo quería ver ni en pintura y consideraba que representaba un grave problema para la convivencia. Ronald Araújo ha vivido una temporada con más altibajos que altos: afectado anímicamente, con problemas físicos que le impidieron jugar el Mundial, y el viernes no disputó ni un solo minuto en el amistoso en Birmingham, hecho que también se podría interpretar como una señal de que Flick no acaba de estar convencido de su continuidad. Frenkie de Jong, que llegó lesionado, tiene como mínimo cuatro semanas de baja y, aunque desde el Barça se ha comentado que los servicios médicos preferían que se operara de la rodilla derecha, él ha insistido en seguir un tratamiento conservador. En definitiva, su relación con el club no pasa por el mejor momento.

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Y después están Raphinha y Pedri. El brasileño no escatima esfuerzos sobre el terreno de juego y eso le ha pasado factura físicamente, pero continúa siendo uno de los futbolistas predilectos de Flick, igual que Pedri, a quien tanto se exprimió —incluso se defendió la idea de que era mejor que jugara que no que descansara— que llegó físicamente mermado al Mundial y perdió la titularidad con la selección española. No hay dudas sobre ellos, pero es legítimo preguntarse por qué un club que presume —y con razón— de cantera y de La Masia no tiene como capitán a un jugador formado en casa. Una reflexión sobre esta cuestión no vendría mal.

Llevar el brazalete no es una mera cuestión estética, sino sobre todo moral y emocional: significa asumir el liderazgo y tener la capacidad y el carácter para motivar, influir y guiar al resto. Un equipo como el Barça necesita capitanes de talla y, si además conocen la casa, mejor aún.