"¿De qué sirve seguir jugando un año a fútbol si después ya no estás?"
Joan González, ex jugador del Lecce formado en la cantera del Barça, pone fin a su carrera como futbolista con sólo 23 años a causa de un problema cardíaco
Barcelona"Pasar de jugar a fútbol profesionalmente a no poder jugar ni con sus amigos es complicado, muy complicado", confiesa al ARA Joan González (Barcelona, 2001). El 26 de mayo de 2024 fue el último partido de la carrera del centrocampista catalán. Un empate sin goles, en la última jornada de la Serie A, en el Estadio Diego Armando Maradona, reafirmaba la buena temporada del Lecce, el equipo de una ciudad situada en el talón de la bota italiana. González entró en el minuto 56, sustituyendo al sueco Pontus Almqvist, sin imaginarse que serían sus últimos instantes como futbolista profesional.
"Nunca había tenido ningún problema de salud relacionado con el corazón", admite. Pero dos meses más tarde de ese partido en Nápoles, una extrasístole realizada durante las pruebas médicas del club, previas al inicio de pretemporada, hizo saltar todas las alarmas. "Los médicos del club vieron que la morfología de mi corazón era diferente. Empezaron a hacerme pruebas y llegaron a la conclusión de que tenía una cardiopatía. El club me envió a Padua para descartar una posible miocardiopatía, ya que allí son bastante buenos en el tema cardíaco. Una vez me dijeron que me tenía que continuar Barcelona. Decidí venir a Barcelona a visitarme con el doctor Josep Brugada, uno de los mejores cardiólogos del país", recuerda.
Una vez iniciadas las visitas médicas a Barcelona, González regresó a la ciudad que considera su casa, Sant Cugat del Vallès, para estar cerca de su entorno más cercano. "La ayuda de familiares, pareja y amigos ha sido clave para no pasarlo tan mal como cabría esperar. Es verdad que me ha dado rabia, pero siempre he intentado ver las cosas positivas", dice. "Mi familia me ha dicho que deje de pensar en el fútbol. Me han hecho ver que lo más importante es la salud y que estoy con ellos. ¿De qué sirve seguir jugando un año a fútbol si después ya no estás?", pregunta de forma retórica, haciendo valer su salud por encima de la carrera deportiva.
A medida que pasaban las semanas, González iba perdiendo la esperanza de poder volver a los terrenos de juego: "Al principio siempre intentas pensar lo mejor, que no será nada y que podrás seguir adelante, pero como ser humano también te pones en la peor situación. Cada vez que ves que va a continuar una vez yo no vuelves a que vas pasando el tiempo y que no vuelves a que vuelva a pasarte el tiempo y que no vuelves a jugar poco a poco te vas haciendo a la idea de lo que puede llegar”.
Un problema genético
Desafortunadamente, este futbolista formado en La Masia ha tenido que colgar las botas por no poner en peligro su vida. "Tengo un problema genético en el que una de mis proteínas del corazón, que se dedica a juntar las células del órgano, cuando la llevas al sobreesfuerzo, se rompe y deja una cicatriz. Esta cicatriz provoca que la electricidad que hace bombear el corazón en algún momento se pase, y suelte un latido. pueda tener un problema", explica. "Tampoco puedo ponerme un desfibrilador y seguir jugando al fútbol como si nada, porque el corazón aún hará más cicatrices y habrá un momento que dejará de funcionar", añade.
Ahora González sigue haciéndose pruebas, a la espera de saber si podrá jugar al fútbol alguna vez con los amigos, ya que hasta ahora la única actividad física que ha podido hacer es ir a andar: "Tengo la esperanza de que con las revisiones que me faltan me digan que de vez en cuando puedo jugar a fútbol, de vez en cuando puedo jugar a fútbol,. unos toques". Para quitarse la angustia de no poder jugar al fútbol, sin embargo, tiene una solución. "Parece contradictorio, pero ver fútbol me gusta y es una forma de calmar las ganas que tengo de jugar", asegura.
El equipo que más sigue una vez retirado es el Barça: "Uno de mis sueños era jugar en el primer equipo. Pero también me miro los partidos del Lecce, aunque al principio, con todo lo ocurrido, no tenía muchas ganas de verlos", apunta. "También me gusta ver los partidos de mis excompañeros, que estoy orgulloso de que tengan una carrera larga y al menos lo hagan por mí", reconoce.
"De momento, en este inicio de nueva vida intentaré buscar alguna solución que me relacione con el fútbol. Estoy mirando cómo y cuándo, pero no lo sé. Parece que si no eres futbolista no eres nada, pero hay tantas opciones en torno al fútbol que tengo que mirar cómo puedo hacerlo y qué opciones tengo". González, que actualmente estudia ADE en la UOC, aunque empezó a estudiar ingeniería química en la UB cuando formaba parte del juvenil del Barça y lo dejó cuando se marchó a Italia.
Eternamente agradecido al Lecce
"Estoy contento con la carrera que he tenido. Marchar del Barça fue duro, pero una vez no me renuevan me busco las oportunidades fuera. Llegué al sub-19 del Lecce y estuve un año jugando en las inferiores hasta que en el segundo año me llamaron para hacer la pretemporada con el primer equipo en la Serie A. Jugué el primer partido de la Serie A. Jugué el primer partido de Serie A. rápidamente. Los años que estuve allí fueron muy bien", recuerda.
"Tanto en el ámbito futbolístico como en lo vital, el trato que he recibido en Lecce ha sido increíble. Además, la ciudad le asimilo bastante en Sant Cugat, muy tranquila, de unos 100.000 habitantes", describe con nostalgia, ya que su sueño era poder. Después de todo lo vivido, González resume su trayectoria con una sinceridad sobrecogedora: "El sueño de cada día era levantarme, ir a entrenarme y ganar dinero jugando al fútbol. Ojalá hubiera podido tener una carrera de 30 años".