El silencio prescrito de Lamine Yamal
El extremo mataronense llega de otra forma al segundo clásico de la temporada
BarcelonaLa final de la Supercopa de España, un torneo menor que se disputa donde más pagan, es un termómetro clave de las temporadas, una cita que marca tendencias. Prueba de ello es que quien la gana suele tomar un empuje definitivo en la lucha por la Liga. En las cuatro últimas ediciones, el vencedor en Arabia Saudí después alzó el trofeo en el campeonato doméstico. Y en el actual, que volverá a decidirse en un clásico entre el Barça y el Real Madrid, son los azulgranas, líderes en la Liga gracias a una versión menos brillante (pero mucho más sólida) de sí mismos, los que se presentan en la final con la etiqueta de favoritos (20 h, Movistar). Con nueve victorias seguidas después de una batacazo preocupante en el campo del Chelsea, los de Hansi Flick amenazan con convertir a Xabi Alonso en otro experimento fracasado en el banquillo blanco, que en los últimos diez años sólo ha sido un lugar seguro cuando lo han ocupado Zinedine Zidane y Carlo Ancelotti. Los egos del vestuario y el poderío de Florentino Pérez dejan poco margen de acción a los entrenadores, que si quieren sobrevivir a Concha Espina deben limitarse a gestionar y alinear.
Bien distinta es la película de los éxitos del Barça, hoy en manos de un sexagenario con ganas de juerga. Después de un primer curso excelente, Flick sigue combinando un libreto futbolístico ortodoxo y atrevido con carisma y cintura para gestionar un grupo con mayoría de jóvenes. Mantiene vivas las ilusiones del barcelonismo mientras vela por que sus discípulos no salgan del camino. Es capaz de mejorar la fiabilidad de un equipo con proyección de cien puntos en la Liga al tiempo que cambia rutinas internas para evitar lesiones y asegurarse de que futbolistas con tendencia al caos como Lamine Yamal no se olviden de pasar por el gimnasio. Capítulo aparte para el extremo mataronense, que llega al segundo clásico de la temporada con el gorro puesto y la boca cerrada. Nada que ver ese perfil bajo con el ruido que protagonizó antes del Madrid-Barça de finales de octubre, en el que los jugadores blancos le celebraron la victoria en los morros (2-1) después de que los calentara con unas declaraciones explosivas. También Flick ha sido decisivo para que el 10 azulgrana se reencuentre con Vinícius y compañía con los focos menos iluminados.
Y es que Lamine Yamal, que en junio llegará al Mundial con su etiqueta de estrella, vive una temporada menos estable que la pasada. Después de un verano de fiesta merecida, heredó el dorsal de los cracks y empezó el curso con actuaciones destacadas en los primeros partidos oficiales. Coincidiendo con el primer paro de selecciones, empezó a tener problemas en el pubis que, de paso, sirvieron para que el futbolista aprendiera a respetar las pautas de entrenamiento y descanso. A medio gas llegó al primer clásico de la temporada, del que salió escaldado después de hablar demasiado, pero con el paso de las semanas fue recuperando la versión juguetona del año pasado, aunque sólo en escenarios de segundo orden. En los enfrentamientos de primera categoría (PSG, Madrid y Chelsea), en cambio, Lamine Yamal no ha brillado con una intensidad comparable a las exhibiciones en los cuatro clásicos de la temporada 24-25 o en la semifinal europea frente al Inter de Milán. Quien sabe si el silencio y la discreción ayudan al Barça a recuperar la mano de hierro contra los rivales más temibles.
Lamine Yamal, un inicio de 2026 accidentado e inestable
Con esta asignatura pendiente, el joven prodigio azulgrana, que ha borrado casi todas las publicaciones de su Instagram, recuperará la titularidad este domingo después de un inicio del 2026 en el que no ha podido realizar todos los entrenamientos. Fruto de esa inestabilidad, fue apartado de la alineación en la semifinal del miércoles ante el Athletic, en la que sólo tuvo minutos de rodaje con el marcador sentenciado gracias a la voracidad de Raphinha, felizmente recuperado para la causa. Llega al clásico con nueve goles y nueve asistencias a la estadística, lo que confirma su potencial y razona el monumental esfuerzo económico que hizo el Barça para renovarlo. Sin embargo, el equipo, que este año se ha acostumbrado a ganar los combates por puntos, echa de menos su desequilibrio fuera del guión en momentos de máxima exigencia. Quizás las palabras de Flick, que en la previa de la final definió a Kylian Mbappé como "el mejor delantero del momento", sirvan para que Lamine Yamal despierte a la bestia que lleva dentro. Callar y escuchar a veces es mejor que hablar y pasarse de frenado. Sobre todo cuando hay tantísimo por ganar en el horizonte.