"Firmé la renovación de Claudia Pina con el Barça embarazada de ocho meses"
Carlota Planas representa futbolistas como Cata Coll y Mariona Caldentey y es pionera en el estado español
La primera vez que hablo con Carlota Planas por teléfono, me parece oír un bebé llorando de fondo. No digo nada. Al cabo de diez minutos, sin embargo, no puedo evitar preguntarle si es un bebé lo que oigo. Dice que sí rápidamente, ríe y seguimos hablando de fútbol. Seis meses después, sentada delante de mí, me explica que la renovación de Claudia Pina la hizo estando embarazada de ocho meses. La de Cata Coll, un mes antes.
"Intentaba que no se me notara, pero fíjate, fíjate en la foto de la renovación", dice riendo. A punto de cerrar una venta multimillonaria de su empresa, UniK Sports Management, a THE•TEAM, el antiguo grupo Wasserman. Carlota lo tenía claro: no le haría gracia ver un titular que relacionara a una mujer embarazada con la venta de una compañía por una oferta multimillonaria. "¿Mujer y embarazada, te imaginas?". Qué mundo, el del fútbol.
"Fue demasiado. De hecho, el niño se adelantó un mes. ¡Debía estar harto de tantas llamadas y tanto fútbol!", dice. Cesárea. Respiro. Todo salió bien y, sin duda, ahora podría descansar un poco. Pero Carlota vuelve a rematar: "Al cabo de tres semanas de parir estaba cerrando la renovación de Aïcha Camara. Di a luz un jueves, el viernes me felicitaban y enviaban regalos y el lunes los mismos me llamaban y enviaban correos. No dejé de trabajar nunca." La naturalidad y gracia con la que lo explica tranquiliza a cualquiera.
Carlota Planas es agente de fútbol de jugadoras de élite. Pionera en el estado español. Jugó a fútbol sala hasta que llegó a la temida barrera del deporte femenino: "No podía vivir del fútbol sala". La primera jugadora que representó fue una joven Claudia Pina de solo dieciséis años, cuando los campos estaban prácticamente vacíos. Diez años después, Planas recuerda haber llorado por primera vez en un campo de fútbol: "90.000 personas gritaban el nombre de Pina; se me pone la piel de gallina al recordarlo".
Hoy gestiona una cartera de unas cuarenta jugadoras, tres de ellas en el top de la élite mundial. Podría tener más, pero no quiere. Es la única manera, dice, de poder ofrecerles lo que considera que merecen: tiempo, mucho tiempo.
Su mayor error? Implicarse demasiado. Lo explica mientras mira el capuchino y pone ejemplos. Cuanto más da, más se acelera. Curiosamente, sin embargo, su forma de entender la profesión pasa precisamente por implicarse: cuando las cosas se complican, una jugadora debe saber que tiene a alguien a su lado y no simplemente a alguien que negocia contratos. La confianza no se construye con un contrato, sino con coherencia. Recordemos el fichaje de Mariona Caldentey por el Arsenal, después de diez años en el Barça. Un éxito. "Una buena operación es aquella que tiene sentido para la jugadora deportiva, personal y a largo plazo", dice. El día a día tiene poco que ver con la imagen convencional de un agente de fútbol. Hay llamadas, viajes, negociaciones, reuniones y contratos, pero también médicos, cirugías, patrocinios, "Necesito botas nuevas, consejos y reservas en aquel restaurante".
Su ambición, explica, nace de la curiosidad y del inconformismo. Siempre ha pensado que las cosas se pueden hacer mejor y que, si nadie abre un camino, alguien tendrá que abrirlo. Parece que a ella le ha encantado trazarlo. Profesionalizó, estandarizó y ordenó contratos de jugadoras que hasta entonces no tenían las mismas garantías que los de los hombres. La profesionalización de la Primera División femenina española no llegaría hasta 2021.
Y en septiembre, cuando empieza la temporada, ¿llega un poco de calma? La pregunta casi le hace reír. En realidad, el trabajo no se detiene nunca. ¿Quizás porque Carlota Planas tampoco sabe muy bien cómo detenerse?