Fútbol

Andrea Orlandi, exfutbolista del Barça: "Mi corazón estuvo parado 16 minutos"

El jugador barcelonés, que tuvo que retirarse por un problema cardíaco, estuvo a punto de perder su vida en un partido de tenis

03/05/2025

BarcelonaEn ocasiones, si con seis intentos de reanimación cardiopulmonar el paciente no responde, ya se le da por muerto. Andrea reaccionó a la descarga eléctrica del séptimo intento, dieciséis minutos después de que se le parara el corazón jugando un partido de tenis entre aficionados poco exigente. "Malik [una de las personas que jugaba en la pista de al lado] permitió que me llegara un poco de oxígeno al cerebro haciéndome el masaje cardíaco a la espera de las ambulancias. Pero, mientras estuve en coma cuatro días, los médicos no tenían claro en qué condiciones me despertaría y así se lo dijeron a mi mujer", explica Andrea Orlandi (Barcelona, 1984), que llegó a debutar en el primer equipo del Barça con Frank Rijkaard como entrenador, en una conversación con el ARA.

"Revivido". Es la palabra que escribieron los médicos del Hospital Clínic en el informe médico de Andrea hace un año y un mes. A pesar de que él no recuerda nada de ese día, nunca olvidará el 23 de marzo del 2024. Su corazón está a un 49% de la capacidad, no puede volver a hacer deporte, debe medicarse y llevar un desfibrilador subcutáneo el resto de la vida, no puede cocinar con un horno de inducción ni tener cerca objetos que vibren (se le podría activar el desfibrilador), no puede tomar cafeína ni beber alcohol, ha tenido que dejar de colaborar en los medios de comunicación y le resulta más difícil viajar. Pero sigue teniendo a sus hijas y a su esposa al lado, no le han quedado secuelas cerebrales y se dedica a representar futbolistas. "La verdad es que estoy bien. Ha sido una recuperación más física que mental. Estoy muy agradecido, tengo una nueva oportunidad. No es que aprecie más las cosas, es que estoy más feliz", reflexiona. El brillo de su mirada lo confirma.

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Cuando Andrea despertó en la UCI del Hospital Clínic no tenía ni la más remota idea de dónde estaba. Pero se dio cuenta de que estaba intubado y rodeado de cables y el primer instinto fue quitárselos. Las enfermeras tuvieron que tranquilizarle. Los 16 minutos de paro cardíaco habían comportado que tuviera un inicio de fallo multiorgánico que se manifestó con una neumonía y un choque hepático. La encargada de explicarle lo sucedido fue su esposa. "Me sorprendió. Me empecé a tocar el cuerpo, donde tenía quemaduras por las descargas eléctricas, y lo primero que pregunté fue cómo estaban las niñas". Una vez tuvo la certeza de que sus hijas estaban bien, llegó la calma. "Lo acepté y me lo tomé bien. No me asusté. El personal del hospital me transmitió mucha energía y positividad y yo de por sí ya soy un chico positivo". La historia de Andrea es el relato del periodista Adrià Soldevila en la vigésima edición del libro Los relatos solidarios del deporte. Andrea quiere que se cite a todas las personas, aparte de Malik, que le salvaron la vida en el Club Esportiu Laietà. Son Ricard, Sergi y Albert. "No nos conocíamos de nada y ahora somos amigos".

La retirada como futbolista

El 20 de febrero de 2019, el especialista en cardiología de la Federación Italiana de Fútbol, el doctor Zeppelli, en el Hospital Universitario Gemmelli de Roma, donde el papa Francisco estuvo ingresado en las últimas semanas de vida, había confirmado que Andrea tenía un grave problema en el corazón. Concretamente, una cicatriz en el ventrículo izquierdo que le causaba arritmias potencialmente peligrosas que eran incompatibles con la actividad física de élite. La cicatriz, descubierta con una resonancia magnética cardíaca, significaba que en algún momento de la vida había sufrido un infarto silencioso o había tenido una infección que le había afectado al corazón.

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El doctor Zeppelli fue tajante. "Me dijo que mis pruebas eran peores que las de Astori y Morosini [dos futbolistas italianos que murieron en activo a causa de problemas cardíacos] y que, si no necesitaba económicamente el fútbol para vivir, me retirara. Cuando le respondí que no lo necesitaba y que tenía dos hijas me dijo que había terminado". Andrea tenía 34 años y acababa de llegar al Virtus Entella, un equipo de Chiavari, un pueblo cerca de Génova, que entonces jugaba en la Serie C italiana. Precisamente, en la revisión médica para confirmar su fichaje es cuando los doctores Saporiti y Brignole le detectaron por primera vez un problema en el corazón que después el doctor Zeppelli confirmó.

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Cuando le comunicaron los resultados de la revisión médica de la Virtus Entella, Andrea pensó que era un error. No podía ser que a él, que había puesto el corazón reiteradamente a 200 pulsaciones como jugador del Alavés, Barça, Swansea, Brighton, Blackpool, Anorthosis, APOEL, Novara y Chennaiyin, ahora le dijeran que tenía un problema de esa magnitud. Así, durante las semanas que tuvo que esperar para realizarse la segunda prueba en Roma, se apuntó al gimnasio. "Allí me metía unas palizas fuertes. En la cinta le metí tanta caña que me rompí el gemelo. Mi preocupación era: cuando me digan que no tengo nada en el corazón, cómo les diré que no puedo entrenarme por el gemelo, pensarán que qué fichaje han hecho". Pero desgraciadamente no era un error. Andrea no llegó ni a entrenarse con la Virtus Entella y allí acabó su carrera.

Sustos previos

Con perspectiva, ¿podría hacerse una idea de cuándo habría tenido el infarto silencioso o la infección que le causó la cicatriz? "En la India perdí seis o siete kilos. Físicamente estaba muy cansado. Pensaba que mi cuerpo me decía que ya no podía más porque había llegado a los 34 años". También vivió situaciones preocupantes en Gales y en Italia. "Cuando jugaba en el Swansea estuve un mes y medio viendo doble y luego se me fue, y con el Novara me mareé en los últimos diez minutos de un partido y tuvieron que ponerme en una camilla mientras me daban pasteles por si era un problema de azúcar". Nunca sabrá si estos episodios fueron indicadores de que algo ya iba mal.

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