Luis Enrique instala una dinastía en el fútbol europeo
El PSG supera al Arsenal en los penaltis en una final de Champions muy emocionante [1-1, (4-3)]
BarcelonaCuando The Killers empezaba a petarlo, el Arsenal ganó la que fue la última Premier League en 22 años (2004) y jugó su primera final de Champions (2006). Mr. Brightside, primer gran hit de la conocida banda de Las Vegas, marcó toda una generación a principios de siglo. Era, igual que otras piezas de The Strokes, Franz Ferdinand o Arcade Fire, un clásico en las listas de reproducción de DJ Amable en la Sala Razzmatazz y provocaba repuntes de dopamina en el Karma, discoteca que cerró hace unos meses después de medio siglo llenando la noche de miles de barceloneses. Después vino Human, que se convirtió en una de las tonadas del Barça de Pep Guardiola, y otros himnos de estrofa, puente, estribillo, coda y puño en alto. Qué tiempos, aquellos.
Pero antes de causar impresión en las salas y en los festivales del sur de Europa, The Killers triunfaron en Estados Unidos y en el Reino Unido, las dos cunas del mal definido como género indie. Basta ver cómo se pusieron los miles de aficionados del Arsenal en la ceremonia previa a la final de la Champions que enfrentaba a su equipo con el PSG, la segunda de toda su historia. La UEFA decidió amenizarla llevando a Brandon Flowers y compañía, que hicieron enloquecer a la parroquia gunner con un popurrí de sus mejores melodías. Mientras los seguidores parisinos tarareaban canciones seguramente familiares, miles de londinenses, dorados por el sol –y aderezados con cerveza–, coreaban estrofas de su existencia, parte de la banda sonora de unos años en que competían con los mejores de Europa, vitamina extra para afrontar la imponente misión de superar a los actuales dominadores continentales. La previa invitaba a los de Mikel Arteta a saborear una gloria insólita en casi 140 años. Pero los grandes campeones, también en este caso, necesitan más decepciones antes de llorar de alegría.
Once días después de volver a ganar una Premier, el efecto Killers estuvo a punto de acompañar al Arsenal hasta la locura de alzar su primera Liga de Campeones. Nick Hornby, autor y protagonista del también generacional Fever pitch (Febre a les grades), continuará sin culminar toda una vida de obsesión y sufrimiento gunner con el título más grande. El manual de resistencia de Arteta, el mismo que el club inglés conocía hasta la llegada de Arsène Wenger, Dennis Bergkamp o Thierry Henry, tampoco valió para tocar y abrazar la gloria. La única manera de desafiar a la máquina perfecta de Luis Enrique exigía correr, defender, cargar el área con balón parado y aprovechar cada rastrojo, por pequeño que fuera, para amenazar a Safónov. El plan aguantó durante dos horas de juego, pero no en los penaltis, que sirvieron para instalar un reinado franco-qatarí (con acento asturiano) en el fútbol continental.
La película comenzó con un gol tempranero del Arsenal, obra de Havertz en el minuto 6, cuando aún resonaba en Budapest la euforia de los prolegómenos de la final. El alemán, falso punta, aprovechó un mal rechace de Marquinhos provocado por una presión de Odegaard para correr en vertical hacia la portería del PSG y batirla con un latigazo imprevisible por el palo corto. Pacho, demasiado optimista en la defensa avanzada, calculó mal y corrigió tarde la emboscada del delantero del Arsenal, autor de una diana que los gunners defendieron con las uñas, con el jovencísimo Lewis-Skelly corriendo más kilómetros que el Eurostar y la dupla de centrales Saliba-Magalhaes secando todo el talento francés en los alrededores del área del catalán David Raya. La primera parte acabó sin disparos a portería de los franceses, acostumbrados a ser un martillo pilón. Dembélé, Kvaratskhelia y Doué ni la olieron hasta la reanudación.
Después del descanso, el PSG elevó la apuesta en terreno rival, pero solo supo equilibrar la final desde el punto de penal. Mosquera, un central reconvertido a lateral defensivo, hizo caer a Kvaratskhelia después de que este combinara con Dembélé en un palmo. Pena máxima clara que el Mosquit no desaprovechó (65'). Con el 1-1 y la iniciativa en el juego, los franceses se sintieron más cómodos para desplegar su propuesta y activar a sus mejores hombres. Al 77', Kvaratskhelia superó a Saliba en velocidad y topó con el poste. Y cuando todo apuntaba a la prórroga, Vitinha acarició el winner con un disparo que acarició la parte superior de la red de Raya. En este punto de la final, el Arsenal se abonó al juego directo, con el cepadísimo Gyökeres como revulsivo desde el banquillo. A pesar de su formación en La Masia, Arteta lo apostó todo al músculo y al choque. Solo así ha podido plantar cara al Manchester City y al Liverpool en la Premier y llegar a una final de Champions.
Posible penalti sobre Madueke
" (¿Podemos escalar esta montaña? No lo sé. Ahora es más alta que nunca).
Can we climb this mountain? I don't know. Higher now than ever before" (¿Podemos escalar esta montaña? No lo sé. Ahora es más alta que nunca).