El edificio proyectado por un catalán que sostiene el milagro futbolístico de Bélgica
La nueva hornada belga se enfrenta a España en los cuartos de final del Mundial
BarcelonaCon solo 11 millones de habitantes, Bélgica hizo historia en el verano de 2018 alcanzando las semifinales del Mundial de Rusia. A pesar de la derrota contra Francia, sus habitantes recibieron a los futbolistas como si fueran auténticos héroes, con una gran celebración en la Grand-Place de Bruselas. Uno de los más aclamados fue el balaguerí Robert Martínez, su seleccionador. Asumió el cargo en agosto de 2016, con la intención de marcharse al cabo de dos años. Pero con el éxito en la Copa del Mundo, que catapultó al país hasta el número 1 del ranking FIFA, se lo repensó. Consciente de que la generación dorada de jugadores (Courtois, Hazard, Lukaku, De Bruyne y compañía) tenía fecha de caducidad, se le metió entre ceja y ceja la idea de construir un legado que fuera más allá de los títulos, preparar el fútbol belga para sostener su milagro en el futuro.
Por eso se convirtió también en director deportivo de los red devils y que, con el visto bueno de la federación, invirtió los casi 20 millones extras recaudados en Rusia (financieramente, se había previsto que Bélgica llegara a cuartos de final) en una ciudad deportiva. Hasta entonces, no existía un espacio concreto para la selección. La absoluta entrenaba en las instalaciones del Anderlecht y las inferiores en otros campos cercanos; el resto de departamentos estaban disgregados por diferentes edificios de la capital. Martínez se encargó personalmente de supervisar la renovación del edificio que aglutinaría toda la actividad del fútbol belga, una factoría de talento al estilo de Clairefontaine (Francia) o Las Rozas (España).Entre Flandes y Valonia
Se ubicó en Tubize, a 20 minutos en tren de Bruselas y en una ubicación políticamente neutra, entre Flandes, Valonia y la capital. De hecho, dos de los campos de entrenamiento hacen frontera entre las dos grandes regiones de un país que tiene tres idiomas oficiales: el neerlandés, el francés y el alemán. Enamorado del fútbol belga desde que dirigía a Lukaku, Fellaini y Mirallas en el Everton, desde su llegada a la selección Robert Martínez se interesó por el origen de cada uno de sus jugadores, el cual marca su carácter y sus condiciones futbolísticas. Los flamencos están más influenciados por la escuela holandesa y los valones, por la filosofía francesa. “Courtois es el belga perfecto porque es medio valón y medio flamenco”, suele decir Martínez, que esta semana ha sido despedido de Portugal tras caer contra España.En un terreno de 24 hectáreas y en pleno funcionamiento desde 2022, el cuartel general del fútbol belga cuenta con más de una decena de campos de fútbol, un hotel para alojar a los jugadores –antiguamente, los futbolistas se concentraban junto al aeropuerto–, restaurante, almacenes, una planta donde conviven todos los departamentos administrativos e, incluso, un auditorio. Desde aquí, la federación da la bienvenida a las familias de los adolescentes que, por primera vez, son convocados por el equipo nacional.Un ágora futbolística
Martínez insistió mucho para que el grupo de trabajo deportivo –seleccionadores, asistentes técnicos, analistas, etc.– de las diferentes categorías de la selección convivieran en un mismo espacio. En la sala, cada mesa corresponde a un equipo desde sub-15 y hasta la absoluta, un aspecto clave para unificar conceptos, metodología y compartir información sobre futbolistas potenciales para el primer equipo, a menudo de forma improvisada, sin necesidad de programar reuniones ni zooms de trabajo. Antes esto era imposible. La voluntad del de Lérida era que la selección belga trabajara como un club de fútbol. Y él era el mánager, un cargo que había ostentado durante más de 10 años en el fútbol inglés.
En aquellas mesas es donde Martínez, Thierry Henry –era su asistente– y el actual seleccionador Rudi Garcia empezaron a oír hablar de los jóvenes Nathan Ngoy, Matías Fernández-Pardo –prefirió representar a Bélgica que a España– o Diego Moreira, todos con protagonismo en el Mundial de este año. Ellos y los que vienen por debajo son el relevo natural de los De Bruyne y Lukaku, que están apurando en América sus últimos días con el combinado nacional. Son los primeros grandes talentos forjados en Tubize.De hecho, aparte de Thibaut Courtois, las dos principales espadas de la selección belga que ha alcanzado los cuartos de final son Jérémy Doku, que ha hecho un año fantástico en el Manchester City de Pep Guardiola, y Charles De Ketelaere, autor de dos goles en octavos contra Estados Unidos en la eliminatoria de la discordia. Ambos son producto de Bob Martínez, el arquitecto de Bélgica, que los hizo debutar con la absoluta cuando tenían 18 y 19 años respectivamente. Ellos encabezan la nueva hornada de futbolistas nacida de la obsesión del de Balaguer que proyectó un edificio para sostener el milagro futbolístico del pequeño pueblo belga y que este viernes se enfrenta a España (21.00 h, La1 y DAZN) en los cuartos de final del Mundial.