La historia de Hollywood de Robert Martínez y los Three Amigos

El seleccionador de Portugal, rival de España en el Mundial, vivió una experiencia increíble como jugador y entrenador en el Wigan

De izquierda a derecha, los Three Amigos Jesús Seba, Robert Martínez e Isidro Díaz
06/07/2026
4 min

Torelló"Mi historia es para rodarla en Hollywood", dijo un día Robert Martínez. Nació en Balaguer y actualmente entrena a Portugal, rival de la selección española este lunes en los octavos de final del Mundial (21 h, La 1). Entre aquel inicio y la actualidad hay algún capítulo increíble, de película americana.

Su padre era un futbolista de Zaragoza que llegó a Balaguer persiguiendo la pelota y ya se quedó allí para siempre. Encontró a Amor, su mujer, y con los años abrió una zapatería. Su hijo, futbolista por herencia, deshizo sus pasos y con dieciséis años se marchó solo hacia Zaragoza. Debutó con el primer equipo en Primera en 1992, en el Calderón. "En 1994 terminamos contrato en el filial y me dijo si quería ir con él al Balaguer. Primero dudé, pero dije que sí", asegura Isidro Díaz (Valencia, 1972), compañero de aventuras. Díaz se instaló en el Hotel Balaguer, pero pronto pasó al piso de la familia Martínez por la insistencia de los padres de Martínez. Tenía una habitación propia. "Yo era como un hijo más. Su madre era una cocinera increíble", recuerda Díaz. Ponían la mesa y a veces iban a hacer la compra.

La vida les cambió para siempre el jueves 29 de junio de 1995. Aquel día perdieron la final de la Copa Federación contra el filial de Las Palmas, contra un joven Juan Carlos Valerón. No lo sabía nadie, pero en la grada había un señor inglés. Era el entrenador del Wigan Athletic. Había viajado a Balaguer, quién sabe cómo, para verlos in situ y validar una oferta para ellos: dos jugadores de Tercera División. El multimillonario Dave Whelan había comprado el Wigan. Entonces el club también malvivía en la cuarta categoría inglesa, pero Whelan proyectaba llevarlo a la Premier League en pocos años. Tenía un imperio de tiendas de ropa deportiva (JBB) que había llegado a España con cuatro puntos de venta: Barcelona, Madrid, Mallorca y Zaragoza. Su mano derecha en España era un tal Paul Hodges. Era un hombre que conocía a Díaz y Martínez y también a Jesús Seba, otro jugador, de su paso por Zaragoza y propuso los tres fichajes a Whelan. Nunca habían oído el nombre Wigan, ni por la ciudad ni por el club.

"Era la misma categoría, pero las condiciones económicas eran muy buenas y el proyecto nos convenció porque era muy ambicioso –explica–. Todavía no existía internet y tuvimos que buscar la ciudad en un mapa de papel. Solo sabíamos que estaba entre Manchester y Liverpool. Nos lanzamos a la aventura sin saber qué nos encontraríamos". Llegaron a Wigan el 25 de julio. Aquel día hizo sol y dijeron a sus familias que el tiempo allí tampoco era tan diferente. En aquel momento Inglaterra parecía y era otro mundo. Hoy la Premier League está a punto de superar los 200 jugadores españoles a lo largo de la historia, pero entonces solo había un precedente: Nayim, ex del Zaragoza y también del Barça.

La adaptación a Inglaterra, toda una odisea

Díaz dice que no sabía decir ni hello. Martínez tenía algunas nociones de inglés, pero tampoco muchas: "Un día cuando acabó de hablar el entrenador le pregunté a Robert qué había dicho. «Nada, yo cojo la pelota, tú te desmarcas y yo te la paso»". Los alojaron en el Hotel Wrightington, cada uno en una habitación. Y al cabo de unos meses los reubicaron en una casa de Whelan. La vida era "muy, muy diferente". La comida previa a los partidos a menudo eran judías con una tostada y una taza de té. "Nos habían dicho que la tradición es que los jugadores vayan con traje y corbata. El primer día llegamos al autobús y íbamos todos en chándal. Al día siguiente nos vestimos con el chándal y cuando llegamos iban todos en traje. La tradición era traje en los partidos de casa y chándal en los partidos de fuera", sonríe.

Los llamaron los Three Amigos en honor a una película de 1986 sobre tres mexicanos, sin que ninguno de los tres tuviera relación alguna con México más allá de la lengua castellana. Eran un aragonés, un leridano y un valenciano. Incluso los fotografiaron con sombreros mexicanos. "Nosotros nos moríamos de risa. Empezaron a vender sombreros mexicanos en el estadio y los había por todas partes. Supongo que se pensaban que España y México eran lo mismo", dice. El club les cedió un Ford Escort con la inscripción Three Amigos en el lateral para desplazarse. Todo el mundo sabía dónde vivían porque aparcaban delante de casa. A veces alguien llamaba al timbre y lo invitaban a un té o a un café.

"Era un equipo que nunca había hecho nada y que de repente fueran tres españoles fue un boom para toda la ciudad. No llegaban a los 2.000 aficionados y de repente se duplicó la asistencia", añade Díaz. El primer año Martínez ya fue máximo goleador y MVP. En su debut en la copa inglesa marcó un gol en un pase de Díaz y lo celebró haciendo un paso de torero mientras reía, para completar la caricatura. Se convirtió en una leyenda y fue reconocido como el mejor futbolista de la historia de la entidad.

El Wigan finalmente llegó a la Premier League en el año 2005. Martínez volvió a la ciudad como entrenador en 2009 y lo guió a conquistar una de las gestas más bonitas del fútbol inglés moderno: en 2013 ganó la copa contra el poderoso Manchester City, contra Yayá Touré, Silva, Tévez, Agüero y compañía.

Después entrenó para el Everton y la selección belga y ahora dirige Portugal. Ya han pasado muchos años, pero tanto él como los otros dos amigos todavía son muy recordados en Wigan. "Es la mejor experiencia que he tenido. Volvería con los ojos cerrados, sin dudar. Es imposible olvidar todo aquello", acentúa Díaz con una sonrisa. En un blog de aficionados incluso piden una estatua para los Three Amigos.

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