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Generalitat de Catalunya

El epicentro de los relojes de sol

Porrera, en el Priorat, tiene en numerosas fachadas relojes antiguos que nunca han hecho tic-tac

Uno de los característicos relojes de sol de la Ruta de los Relojes de Sol de Porrera, en el Priorat.
18/08/2026 - 22:58 h.
4 min

Junto al Portal de Porrera, antiguamente el único acceso para carruajes al recinto amurallado medieval, ya desaparecido, hay un precioso reloj de sol. Es el más grande del pueblo y uno de los más grandes de Cataluña. Una de sus curiosidades es este texto: "Tú que mirándome estás atiende bien lo que te digo, esto tiene gran sentido (...), si no entiendes lo que digo a Salamanca te irás". Se refiere a la Universidad de Salamanca. ¡Entonces (siglo XIX) quedaba muy lejos de aquí!

Un poco más abajo, en la calle Martí i Pol, hay un reloj esférico. Se encuentra escondido, muy arriba, a la altura de un quinto piso. Los números están alargados para que se puedan ver bien.

Paseo con Pol Agut, miembro de una estirpe del pueblo, buscando los numerosos relojes de sol que hay en las fachadas. Pol se dedica a las finanzas, pero hace de guía ocasionalmente (y apasionadamente), ya que conoce todos los rincones de Porrera.

Es un municipio de calles empinadas. Unos cuantos espacios que han quedado bajo las calles ("Accessorios", veréis escrito: el castellano penetró con fuerza en otros tiempos) se han aprovechado como almacenes. Porrera conserva bastantes casas grandes y de aspecto señorial. Y bodegas históricas, algunas de las cuales continúan activas, como la de Cal Pla, del siglo XVII. El vino ha condicionado la arquitectura: en la plaza Catalunya, el Ensanche de Porrera, construida a finales del siglo XIX –antes era el espacio de los huertos de los cartujos–, todas las plantas bajas se hicieron de doble altura para albergar bodegas.

"Porrera había llegado a tener 1.800 habitantes; ahora somos unos 400, y vamos perdiendo muy poco a poco –dice Pol–. En cambio, Porreres, pueblo mallorquín fundado por gente de Porrera durante la conquista de esta isla, ha crecido exponencialmente", me comenta cuando estamos delante de la Cooperativa Agrícola, que había sido una residencia particular, Cal Pubill. Era una de las casas más acomodadas, en parte gracias a los negocios que los Pubill tenían en Cuba. Cal Pubill llegó a tener sala de baile y orquesta propia (y no era la única de Porrera: había también una orquesta en el Casino). No falta, en la fachada, nuestro objetivo de la ruta de hoy, el instrumento que dice la hora a través del astro rey y las sombras proyectadas por un gnomon. En los bajos del edificio hay actualmente un reputado restaurante de cocina de autor.

Como en Barcelona, aquí también está el barrio de la Barceloneta. Es pequeñito. En uno de los inmuebles del barrio hay un bonito reloj de sol inclinado que dice la hora de la tarde (un reloj de sol normal acostumbra a decir la hora solo por la mañana).

Vista aérea del municipio de Porrera, en la comarca del Priorat.

"Ahora la viña ocupa más o menos un 10% del término municipal. Había llegado a ocupar menos del 5% –el siglo XX–, pero, en época de esplendor, antes de la filoxera, era más del 90%. El siglo XIX fue especialmente próspero en Porrera porque la filoxera llegó unos años antes a Francia. Esto provocó una bajada de la producción francesa antes que aquí y disparó las exportaciones de vino y aguardiente del Priorat –me explica Pol–. Muchos de los relojes de sol están situados en fachadas de edificios construidos en esta época, entre los años 1830 y 1890. Ahora bien, el motivo principal por el cual en Porrera hay poca arquitectura anterior al siglo XIX es que el 11 de julio de 1822 fue saqueada e incendiada: eran tiempos de carlinadas", detalla. Precisamente, el mismo 1822 se construye el primer puente que cruza el río. Antes el río se cruzaba gracias a unas barcas de madera (se cobraba por pasar: he aquí la razón por la cual se tardó en hacer el puente, que ya no permitía cobrar).

Porrera me recuerda Capellades, el pueblo de origen de mi familia. Este municipio de la Anoia está repleto de ventanas –pequeñas ventanas arqueadas situadas en las buhardillas, donde se secaba el papel–. En Porrera no había molinos papeleros, sino árboles frutales y viña. Pero también hay buhardillas con hileras de ventanitas de las mismas características, donde se guardaban los frutos para secar: uvas, para hacer pasas, algarrobas (alimento para los animales de tiro), higos... Por eso Porrera tiene el apodo de la Foradada. Pol Agut, porrerense de cepa, me recita: "Porrera, la foradada, rodeada de melocotoneros (o avellaneros, almendros... «Puedes decir otros árboles que rimen igual», remarca), los hombres van a hacer viña porque no tienen dinero", o alternativamente acabando con: «Todas las chicas guapas se van con los forasteros». Es lo que pasó con la abuela materna del excantautor Lluís Llach, Maria Vall, que se casó con un forastero. Pol me recita otros refranes que denotan la típica rivalidad entre los pueblos. Como el que se decía –y algunos todavía dicen– de la capital de la comarca: "En Falset, la casa sucia y la calle limpia".

Terminamos la visita a la plaza de la Iglesia. La plaza, de dimensiones bastante grandes, se hizo con los planos de la iglesia que se debía levantar en Reus. En la misma plaza, Pol me invita a leer (yo no habría visto; está bastante borrado) "Correos y telégrafos". Tanto el telégrafo como el teléfono llegaron antes a este rincón del mundo que a Barcelona. El motivo: la línea del telégrafo y el teléfono seguía la de tren. Y la de Barcelona a Madrid pasa por aquí cerca.

Los relojes, recuperados por los propietariosPrácticamente todos los relojes de sol de Porrera los encargaron familias acomodadas, concentradas sobre todo en media docena de casas solariegas y apellidos históricos. A veces, la familia o la casa que pagaba el reloj no lo hacía en la fachada de la casa principal donde vivía sino en algún edificio situado enfrente. Normalmente, estas casas también pertenecían a la misma familia terrateniente y las arrendaban a trabajadores que cultivaban sus tierras.

Gracias a la iniciativa vecinal de los propietarios y a la colaboración del Ayuntamiento, se han restaurado la mayoría de los relojes de sol que habían quedado deteriorados o, incluso, parcialmente cubiertos con el paso del tiempo.

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