Fútbol

Florentino se pone en manos de un viejo "conocido"

Álvaro Arbeloa empezó a ganarse la confianza del presidente cuando era jugador del Real Madrid

13/01/2026

BarcelonaCuando los barcelonistas piensan en Álvaro Arbeloa, probablemente les viene a la cabeza Gerard Piqué. En una de las épocas de mayor crispación futbolística entre Barça y Real Madrid, el central barcelonista se burló de su homólogo madridista diciendo que no eran amigos, simplemente "conocidos", haciendo una pausa sarcástica después del "cono". Éste era el mote de Arbeloa que Piqué, en una guerra de declaraciones a finales del 2015, espetó aprovechando una rueda de prensa. Una década después, el ya ex futbolista pasa a ser el nuevo entrenador del Real Madrid en sustitución de Xabi Alonso.

Hijo de padre navarro y madre catalana, Arbeloa nació en Salamanca en enero de 1983, pero su infancia la pasó en Zaragoza, ya que su familia se trasladó a ella cuando tenía cuatro años por motivos laborales. Jugaba en las categorías inferiores del club aragonés y el Real Madrid le reclutó con 18 años para el equipo juvenil (2001). Aunque tres años después debutaría en el primer equipo, los blancos no confiaban demasiado y le traspasaron al Deportivo de A Coruña. De ahí dio al salto al Liverpool de Rafa Benítez, donde ganó minutos, protagonismo y se hizo un hueco en la selección española absoluta. En verano del 2009, coincidiendo con el regreso de Florentino Pérez a la presidencia del Real Madrid, Arbeloa regresó al club blanco, donde permaneció hasta el 2016. Castigado por las lesiones, el lateral acabó su carrera en el West Ham inglés.

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Dos Champions, una Liga, dos Eurocopas y un Mundial son los principales avales profesionales de un Arbeloa que no se mordió la lengua a la hora de defender a su Madrid y de atizar al Barça. El central coincidió de lleno con José Mourinho, cuando el Madrid iba a remolque del Barça de Guardiola y Messi. A falta de poder ganar en el césped, Mou se encargaba de echar gasolina al fuego, generando un ambiente de crispación que acabó afectando a la relación entre los futbolistas que eran compañeros en la selección. Iker Casillas (Madrid) y Xavi Hernández (Barça) intentaron reconducir la situación, algo que no gustó nada al técnico portugués. En esta batalla, Arbeloa se posicionó a favor de Mourinho, lo que provocaría roces en el vestuario del Madrid, donde le acabarían acusando de chivato y traidor. Curiosamente, Xabi Alonso fue de los pocos amigos que mantuvo hasta el final.

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De José Mourinho a Florentino Pérez

La despedida de Mourinho, en el 2013, supuso un duro golpe para Arbeloa, que perdió automáticamente la titularidad. Sin embargo, siguió al Real Madrid por orden de Florentino Pérez, a quien le daba igual si el vestuario se había roto. Para el presidente plenipotenciario, era un aliado perfecto que le decía que sí a todo y que reproducía el mensaje oficialista. Un fiel sirviente del dueño que agotó su contrato a pesar de que ni Ancelotti, primero, ni Zidane, después, tuvieran confianza.

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Pero Arbeloa se mantuvo firme. Supo moverse bien entre bambalinas y acabó ganando la confianza de un Florentino que le garantizó trabajo una vez colgara las botas. La buena relación siguió incluso lejos del Bernabéu. Licenciado en periodismo y muy activo en las redes sociales, Arbeloa siempre tenía el dedo listo para escribir mensajes alabando la gestión del palco y, sobre todo, criticando a un Barça que seguía reinando en las competiciones españolas con Leo Messi de punta de lanza.

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En el 2020, tras sacarse el título de entrenador, Arbeloa entró en la cantera del Real Madrid. Sin embargo, su experiencia en los banquillos se limita a Valdebebas, donde después del infantil, el cadete y el juvenil este curso se había estrenado como técnico del Madrid Castilla. Seis meses después, da el salto a la élite. Una apuesta que no asusta en nada a Florentino, que prefiere a alguien de su cuerda, aunque no tenga currículo en Primera División. Ahora le toca a Arbeloa demostrar si tiene ideas futbolísticas propias o si, como quiere el presidente, se limita a alinear a futbolistas y gestionar un vestuario repleto de egos.