Fútbol

Los jóvenes que llenan las gradas de los campos de barrio, un fenómeno contracultural

Sant Andreu y Europa lideran el renacimiento de los históricos clubs de Barcelona, ​​batiendo sus récords de socios

BarcelonaLas gradas de muchos campos de fútbol de Barcelona donde durante años crecen hierbas vuelven a llenarse. Clubes como Sant Andreu y Europa viven un momento dulce en el ámbito social, consiguiendo batir sus propios récords de socios. El equipo andreuense, que logró un dramático ascenso a la Segunda RFEF en Salamanca hace unos meses, sube por encima de los 2.500 socios. Si hace un año necesitaba todo el verano para superar a los mil socios, este año en una semana lo consiguió, con más de 1.000 altas. Algunos de esos socios curiosamente extranjeros, gente que se ha enamorado del club por las redes sociales o durante una estancia en Barcelona. Pero la mayor parte, gente con raíces en Sant Andreu, aunque quizás ya no viven allí. Y muchos de ellos, jóvenes. Su rival, Europa, también sonríe. Los de Gràcia, que consiguieron el ascenso a Segunda RFEF directamente gracias en parte a un empate agónico precisamente en el campo del Sant Andreu a finales de temporada, en un partido con 6.000 personas en el campo, han pasado por primera vez en décadas de los mil socios y siguen sumando altas.

En ambos clubes se admite, entre bromas, que la rivalidad entre ambas entidades ha sido un factor clave para conseguir animar cada vez a más gente joven. Los derbis entre escapulados y cuatribarrados han sido tensos, eléctricos, con gran ambiente en el campo y grupos de jóvenes organizados animando. El pueblo, Sant Andreu, contra la villa, Gracia. En ambos casos, ambos clubs han sido punto de encuentro de jóvenes de izquierdas independentistas que encuentran en los barrios lo que no encuentran en el campo del Barça o la Kings League. "Una comunidad, un espacio solidario. Un lugar donde te sientes escuchado, parte del club. Una forma de vivir diferente, muy ligada a defender un modelo de barrio, de villa y de ciudad", dice Albert, europeísta. El hecho de tener grupos de jóvenes organizados ha dado color a estadios como el Nou Sardenya, el Narcís Sala o el campo del Júpiter, aunque también ha provocado polémicas, como la famosa pancarta de los andreuenses donde se veía un cerdo degollado con la camiseta de Europa y el lema "A todo cerdo le llega su Sant Martí" en el 2007. También se han vivido algunas peleas en las gradas, especialmente en partidos contra equipos que tienen radicales de extrema derecha.

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Europa y Sant Andreu lideran el renacimiento del fútbol de barrio. Si hasta los años 70 y 80 era normal ver campos llenos hasta los topes de Sants en Nou Barris, poco a poco las gradas se vaciaron. "El impacto de la televisión, con nuevos canales, las nuevas tecnologías o los años dorados del Barça pueden ser claves para entender por qué los campos se vaciaron. En los años 90 el fútbol se globaliza con la ley Bosman, aparece una nueva oferta de televisión en la que podías ver muchos partidos y el Barça lo hizo muy bien, y eso centró la atención de buena parte de la ciudad.¿Por qué vuelve ahora la gente? El fútbol moderno, este fútbol negocio, expulsa los aficionados locales. Horarios complicados, precios muy altos, tener poco peso en el día a día del club... Muchos ejecutivos de clubs grandes ya no cuidan a los aficionados locales, los ven como una molestia", dice el profesor de historia Carlos Viñas, especialista en grupos de animación en el fútbol.

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El Sant Andreu llegó a tener menos de 400 espectadores en momentos bajos a finales de los años 90. Ahora las gradas del Narcís Sala suelen tener medias de más de 3.000 personas de forma habitual, con picos de 5.000 espectadores. Además, acaba de acertar apostando por un acuerdo con la renacida empresa textil Meyba. El impacto de este anuncio, con una trabajada puesta en escena en las redes con modelos jóvenes, como el miembro del grupo andreuense Ginestà, Pau Serrasolsas, gran aficionado del club, sirvió para tener más de 300.000 interacciones en las redes en 24 horas. Club sufridor, el Sant Andreu ha acertado el papel que quiere tener, después de años de tener presidentes que ponían dinero, pero que no siempre conectaban con la afición, como el expresidente del Barça Joan Gaspart o Dinorah Santana, la exmujer del futbolista Dani Alves. El lema del club ahora es "Forjados en la adversidad", lema que ha conectado con la gente del barrio.

Meyba, todo un éxito

La apuesta por Meyba coincide con una política de comunicación moderna, que provoca que sea uno de los clubs de Segunda RFEF con mayores interacciones en las redes. Y gracias a esta política, se ha encontrado con sorpresas, como ver cómo un joven danés, Alexander Liebach, acaba en el campo después de descubrir en una aplicación para buscar partidos de fútbol que había partido en el Narcís Sala. "Vi un estadio viejo, pero un fútbol cercano, pasional. Sentí que era especial", explica. Ahora se ha hecho socio. Sin embargo, la mayor parte de gente joven que vuelve a los campos es local con ideas muy claras. "En parte es una reacción a la gentrificación de Barcelona. No es una casualidad que el fenómeno sea fuerte en dos zonas que históricamente tienen un tejido social fuerte, con una reacción de autodefensa para defender la villa, el pueblo. Un rechazo a ésta Barcelona escaparate, turística, es volver al club de toda la vida", explica Viñas. En otros equipos de barrio históricos, como Sants, Martinenc, Horta o Júpiter, también ocurre, pero aún con menos fuerza que en Sant Andreu o Gràcia. En la Muntanyesa, hace ya dos décadas que tienen medias de aficionados altas con mucha gente joven, una manera de reivindicar también un territorio, un barrio.

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En Europa, donde el ascenso del primer equipo a Segunda RFEF coincidió con un cambio de directiva, una de las grandes apuestas es la igualdad de género. De hecho, fue un año de doble ascenso, puesto que el primer equipo femenino jugará en la Segunda División. El año pasado en algunos partidos fuera de casa más de 100 personas animaron a las jugadoras. La directiva, que alienta a los aficionados para ir al campo tanto cuando juegan ellos como cuando juegan ellas, ha puesto este año a disposición de las mujeres que quieran una reducción del importe de un 20%. Desde 2021 sus estatutos recogen que el club de Gràcia se declara antifascista, antimachista, antihomófobo, antirracista y antibullying, en cuanto han apostado por esta medida por denunciar la brecha salarial. Con los últimos datos disponibles, la brecha salarial de género se sitúa ahora en 5.175 € de diferencia entre la ganancia media anual de los hombres (27.643 €) y la de las mujeres (22.468 €), es decir, un 23% tomando como base la ganancia de las mujeres. "Estamos decididos a marcar la diferencia y luchar contra la desigualdad de género en todos los aspectos de la vida, incluido el deporte", afirma Héctor Ibar, presidente de la entidad. "Queremos dar un paso adelante y mostrar nuestro apoyo a las mujeres. Este descuento en el abono no es sólo una manera de demostrar nuestro compromiso, sino un paso más en el camino de alentar a más mujeres a formar parte de la nuestra familia. Es necesario que las mujeres sean protagonistas del día a día de Europa".

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Europa y el Sant Andreu se verán las caras este sábado (21 h) en el Nou Sardenya en las semifinales del torneo de históricos, competición que lleva años defendiendo el fútbol de toda la vida, aquel con raíces. Una idea nacida en 1984, cuando el presidente del Martinenc, Manuel Dengra, tuvo la idea de crear un torneo entre los clubs con mayor historia de Barcelona para celebrar los 75 años de su entidad. Ahora se juega la 37ª edición de un torneo que durante tres años no pudo realizarse por diferentes razones. Justo el año en que Dengra ha dejado de ser presidente del club, el Martinenc sigue organizando la cita con éxito, mientras ve cómo su fútbol base tiene una buena salud, con más de 1.500 jóvenes. La chispa del fútbol de toda la vida sigue viva en clubes como el Martinenc, el Sants, la Muntanyesa, l'Horta o el Júpiter, aunque mueven cifras de gente inferiores a andreuenses y gracienses. Pero la tendencia está al alza. "Justo cuando muchos decían que los clubs morirían porque todo el mundo miraría la TV, estamos demostrando que tenemos barrios vivos", explica Pol, miembro de un grupo de animación andreuense.