Fútbol

Manual para entender la triquiñuela electoral de la Federación Española de Fútbol

Este jueves acaba el plazo para presentar los avales y Pedro Rocha es el único que tiene suficientes apoyos para ser presidente

BarcelonaLas elecciones a la Federación Española de Fútbol (RFEF) arrian en medio de un clima muy tenso. La Guardia Civil investiga a fondo la implicación de algunos miembros de la RFEF en casos de corrupción y blanqueo de capitales, entre ellos el expresidente Luis Rubiales. Sin embargo, los comicios siguen adelante y el próximo 6 de mayo es la fecha marcada en el calendario para escoger nuevo presidente en la asamblea. Aunque no hace falta esperar tanto. Con un mes de margen ya puede afirmarse que Pedro Rocha, el que había sido presidente interino desde la dimisión de Rubiales, continuará en el cargo. Este jueves se cierra el plazo para presentar los avales y es el único que ha logrado los 21 necesarios.

La abogada Eva Parera y el periodista Carlos Herrera se quedarán por el camino. Aunque, en el caso de Parera, ya dijo en su día que el objetivo no eran estos comicios, que son únicamente para elegir presidente desde ahora y hasta noviembre –fecha en la que acaba el mandato actual -, sino los siguientes, que servirán para los próximos cuatro años y se renovará, además de presidencia, la asamblea y la comisión delegada. Pero, aunque los aspirantes hubieran obtenido los avales, sus opciones eran escasas. ¿Por qué?

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Una asamblea de 140 miembros

La elección del presidente de la RFEF corresponde a los 140 miembros de la asamblea general, formada por el presidente de la Federación, los 19 presidentes territoriales, 49 clubes, 32 futbolistas, 16 entrenadores, 11 árbitros y 12 representantes del fútbol sala. En el caso de los clubs, se reparten con 11 entidades de Primera División, 9 de Segunda y 29 de perfil amateur. Entre los 32 representantes de los futbolistas se encuentran 13 jugadores profesionales y 19 de otras categorías. Los 16 entrenadores se dividen entre 6 profesionales y 10 amateurs. Un sufragio que parece heterogéneo pero que esconde una realidad muy distinta: quienes cortan el bacalao son los 19 presidentes de las federaciones autonómicas.

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Por tanto, la elección de los miembros de la asamblea es clave para determinar quién será el próximo presidente. En este punto hay que fijarse en un dato: de las 140 personas con derecho a voto, 58 son amateurs. Aunque el objetivo oficial es el de representar a las categorías más modestas del fútbol español, a la hora de la verdad acaban posicionándose del lado del presidente territorial de turno. En Catalunya, los representantes son el Cornellà y el Santfeliuenc y, tal y como dijo Joan Soteres –presidente de la Federación Catalana– en Catalunya Ràdio, "sabía" que "apoyarán a Pedro Rocha". Aunque después matizara sus palabras y asegurara que tenían "libertad de voto". En ese contexto, si a los 58 votos de los miembros no profesionales se le añaden las 19 papeletas de los propios presidentes autonómicos, se superan los 70, que es la mayoría necesaria para lograr la victoria. Además, es preciso contar que el fútbol sala también pone cucharada y aporta 12 representantes que también refuerzan la opción escogida.

Por otra parte, los 11 árbitros que forman parte de la asamblea también van con el voto en el bolsillo. Entre los seleccionados se encuentran ilustres como Gil Manzano, Martínez Munuera y Soto Grado; o el catalán Garcia Verdura. En este punto, conviene recordar que el máximo representante arbitral es elegido a dedo por el presidente de la RFEF. En contrapartida, ofrece el apoyo de su colectivo. Por eso, aunque hubiera más competencia, Medina Cantalejo debería recomendado a los árbitros que destinen su voto a Pedro Rocha, el actual presidente.

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El peso de los presidentes territoriales

Cuando los 19 presidentes territoriales se ponen de acuerdo y deciden apostar por un candidato, el pez está vendido. Es imposible que un nuevo aspirante entre en escena y tenga la mínima opción de pelear por la victoria. Los votos del Santfeliuenc catalán, el Bergantiños gallego, el Santutxu vasco o el Hispalis andaluz dejarán en baladí el voto del Barça, el Athletic Club o el Betis. Así, se perpetúa un sistema clientelar basado en el intercambio de favores y los intereses personales.