No es un punto, es un abismo

A quien se aferre al argumento de que el Real Madrid no está tan mal porque solo hay un punto de diferencia en la clasificación de la Liga respecto al Barça, habrá que recordarle ya no lo ocurrido durante el último mes: basta con fijarse en la última jornada. Y la ventaja del Barça es mucho más que un punto.

Mientras los de Hansi Flick pudieron golear ante el Elche, los de Álvaro Arbeloa necesitaron 15 minutos de descuento, jugar contra un Rayo con nueve hombres y un penalti para ganar sin convencer. El ambiente, el entorno, también es completamente distinto. Mientras no hay ni un solo culé que dude de Flick, la llegada de Arbeloa no ha supuesto ningún punto de inflexión: no genera consenso, tranquilidad ni optimismo, y las frases de Mr. Wonderful en la sala de prensa, sumadas a su empeño por enseñar madridismo a los madridistas, le pasarán factura antes que tarde. Sobre todo porque a su equipo le falta fútbol, ​​y él ya sacó a colación el orgullo, la camiseta, el escudo, los trofeos e incluso el espíritu de Juanito. De fútbol, ​​de juego, ni pío.

Cargando
No hay anuncios

Más? Mientras que el Camp Nou, todavía en precario y con la mitad del aforo, arropa al Barça, en el Bernabéu el aire es tóxico y empieza a ser irrespirable. A Vinícius ya le silban más en casa que fuera, y eso que no se esconde; los señalados son todos excepto Courtois y Mbappé, que critica a los compañeros y, salvo marcar el penalti ante el Rayo, firmó un partido bastante discreto. Fichajes como los de Huijsen o Mastantuono, que se publicitaron como el mejor invento desde la Coca-Cola, se derrumban estrepitosamente entre la música de viento de la grada. Y eso por no hablar de Carreras, que quedó retratado en Da Luz y fue suplente el domingo, o de que cualquier centrocampista culé sería titular indiscutible en el Madrid.

Cargando
No hay anuncios

Todas las sensaciones que desprende el equipo de Arbeloa son de precipitarse por el barranco en cuanto se enfrente a un equipo con cara y ojos; las del Barça, en cambio, son que, pese a perder exuberancia en comparación con la pasada temporada, el entrenador no se empeña en el "¿somos los mejores y qué?", ​​sino que sigue presionando para evolucionar y perfeccionar su idea, ha recuperado Lamine Yamal, se muestra preocupado por Raphinha y, sobre todo, habla de fútbol. Aferrarse al maldito punto de diferencia es pan para hoy y hambre para mañana. La diferencia es abismal.