191 días dando la vuelta al mundo con un barco pequeño: "Me encantaría estar así el resto de mi vida"
La catalana Pilar Pasanau pidió dinero para hacer realidad el sueño de su vida
Barcelona"Después de tantos meses navegando con un barco tan pequeñito, mi mente todavía está navegando. La cabeza todavía no está en el suelo, para que me entiendas", explica Pilar Pasanau (Barcelona, 1968) hablando por teléfono desde Antigua y Barbuda, en el Caribe. A sus 58 años, la barcelonesa finalizó hace unos días en la cuarta posición la Mini Globe Race, una vuelta al mundo en solitario con barcos de menos de seis metros. Su barco, Peter Punk de 5,80 metros de eslora, ha realizado un total de 24.000 millas náuticas, más de 44.000 kilómetros en 191 días. "Estoy en un punto de equilibrio emocional, mental y físico muy dulce, muy agradable. Me encantaría estar así el resto de mi vida, es decir, con un control total de mí misma", explica en el ARA la primera mujer en la clasificación final de una prueba creada en el 2020 por el aventurero australiano Don McIntyre, que imaginó a la buceo a la buceo a la buceo a la buceo a una buceo con un barco con un barco. De momento sigue en Antigua ya que necesita encontrar el dinero para poder enviar de vuelta el barco a casa. Enamorada del mar, Pilar no ha tenido ninguna duda a la hora de endeudarse para poder hacer realidad su sueño. "Era ahora o nunca. Ya les devolveremos" dice risueña.
La prueba se dividía en etapas muy largas que afrontaban los quince competidores, de los que sólo han finalizado once. El inicio fue en Antigua, inicio y final del periplo, el 23 de febrero del 2025, hace más de un año, ya que después de las etapas largas se permitía a los participantes descansar y tomar fuerzas unas semanas en el suelo. "Estoy muy feliz por haber terminado esta vuelta al mundo y por el Bernand Stitelmann", explica sobre el suizo, el ganador absoluto de la prueba. La primera etapa fue entre Antigua y el canal de Panamá, la segunda entre Panamá y Fiyi, la tercera iba hasta Durban (en Sudáfrica) y la cuarta, hasta Recife (población de Brasil).
Pasanau llevaba años soñando con poder vivir una experiencia como esta. "Me enamoré del mar cuando tenía catorce años y con mi madre compramos una windsurf durante los veranos en la playa de Sitges. Levantaba la vela y lo que descubrí me fascinó. Cómo se movía, cómo se desplazaba... Aquí empezó todo". Ya no salió del agua. Ha competido, ha trabajado en la marina mercante y ha navegado con Òscar Camps a misiones de Open Arms. Siempre en lo alto de barcos y siempre con el sueño de dar la vuelta al mundo en solitario. Socia del Real Club Marítimo de Barcelona, Pilar ya había atravesado el Atlántico varias veces, algunas en solitario, pero dar la vuelta al mundo era más complicado.
"Es un reto en todos los sentidos porque es un barco muy pequeñito y las condiciones no son nada fáciles. Pero era el sueño de mi vida. Lo he intentado de varias maneras y finalmente lo he tenido que conseguir ahora que soy mayor haciendo esta regata. Sabía que quizás era mi última oportunidad, necesitaba hacerlo... pero hacía falta contactarlo. explicar a todo el mundo que quería hacerlo y que si de algún modo me podían echar una mano dejándome el dinero, estaría agradecida. Y así iba consiguiendo mil euros por ahí, 500 por allá... También recibí el apoyo de las amigas que había hecho haciendo yoga arhático, que me ha ayudado mucho. Y así lo hemos hecho realidad. Ahora tengo una deuda económica que iremos volviendo a esas personas que me han acompañado, pero también tengo un agradecimiento personal. Cuando era navegante sabía que era realidad gracias a estas personas. Sin ellos no estaría aquí. Yo no me he sentido sola, puesto que tenía su apoyo. Espiritualmente he dado la vuelta al mundo rodeada de un montón de gente", explica la marinera, que también ha recibido el apoyo de la Fundación Barcelona Capital Náutica.
Durante estos meses, Pilar las ha visto de todos colores. "Al ser un barco pequeño, cuando te golpea una ola todo se mueve. Vas de lado a lado. Cuando salí de Australia y me fui a las Islas de Cocos en el Índico, fue muy duro. Es un lugar que me encanta, pero tan aislado que parte de la comida que podías comprar estaba caducada. Un lugar precioso, pero el mar fue muy duro, con olas que parecían dar la vuelta al barco. Cada seis o siete segundos tenía una ola que movía todo. Pero por suerte estoy en un momento personal que puedo afrontar estos desafíos. Me conozco y conozco el barco", explica una mujer que durante muchos años compitió en diferentes modalidades de vela, hasta ir especializándose en la navegación en solitario. "Fui campeona de España en solitario y he competido en muchos lugares, de Francia a Italia, del norte de África a otros lugares para coger experiencia y tener millas", dice. su barco Peter Punk, bautizado por ella misma. "Peter Pan es como un ángel de la guarda que me acompaña, que me recuerda esta idea de que quieres ser niña siempre, pero nos hacemos mayores. Y cambié el Pan por Punk para hacerlo más divertido, con más energía". "En lo alto de Peter Punk he vivido más momentos buenos que malos. Cada día que el sol salía por el horizonte era un regalo. He hecho vídeos y fotos preciosos, para recordarlo, porque la sensación de poder ver cómo sale el sol en medio del mar, tú sola, es un momento que nunca se repetirá de esta forma, porque el mar y el cielo siempre se mueven. Te conecta con la naturaleza y el universo", explica.
Ahora Pilar Pasanau necesita descansar y encarar tareas igualmente complicadas, ya que necesita encontrar el dinero para poder enviar a casa el barco con un transporte especial. La idea es vender el barco cuando vuelva y decidir qué hacer, ya que no volverá a la marina mercante. "Prefiero hacer una fe.