"El arte de herir sin ser herido": el Ateneo barcelonés recupera un deporte olvidado 140 años después
Siguiendo las normas de un tratado centenario, los alumnos aprenden esgrima clásica
BarcelonaSon las seis y media de la tarde. En el jardín del Ateneu barcelonès un grupo de señoras discuten de literatura y dos jóvenes hablan de problemas de amor. Cuando Carles Tudó pasa entre las mesas, todos se giran para mirar su uniforme, con unos pantalones bombachos inspirados en aquellos del siglo XVI que usaban los Lansquenet, mercenarios alemanes. Tudó es uno de los grandes expertos europeos en esgrima clásica y este año se encarga de impartir los cursos de esgrima que el Ateneu barcelonès ha recuperado más de 140 años después de la última vez que el ruido de sables resonó por sus salas. Las sesiones se hacen en la elegante sala Jacint Verdaguer del Ateneu, entre volúmenes de libros centenarios y bustos de escritores. "Hemos agotado todas las plazas y tenemos lista de espera", explica Tudó mientras prepara las espadas.
"La esgrima histórica es el arte de herir sin ser herido" razona un hombre que transmite ilusión cuando habla de este arte. Ha dedicado su vida a la esgrima histórica, sea la japonesa o italiana, leyendo tratados centenarios. En la Escola Hongaresa d'Esgrima de Barcelona enseña esgrima deportiva y clásica. Tenía que ser él el encargado de recuperar esta disciplina en una institución famosa por la cultura, pero no tanto por su vertiente deportiva. "Si hemos podido organizar este curso es gracias a dos personas. En primer lugar, a Jordi Carrasco, alumno mío en la escuela húngara de esgrima, quien también es socio del Ateneu. Y, en segundo lugar, gracias a Josep Bea Arnal, uno de los grandes impulsores de la esgrima en Cataluña, quien fue el profesor del Ateneu hace 140 años. Si no hubiera sido por él, por mucho que Jordi Carrasco lo hubiera propuesto, nos habrían dicho que no. Pero tenemos el retrato del maestro Bea, una fotografía de la sala de armas y los documentos que demuestran que la esgrima empezó en el Ateneu en el año 1887. Y se hizo hasta la muerte del maestro Bea. Era una oportunidad para recuperarla. De momento el curso dura cuatro meses, pero queremos que sea una actividad permanente", comenta.
Hace 140 años la esgrima vivía un momento clave, evolucionando de la esgrima militar hacia la deportiva. Y Bea era el gran maestro, compitiendo y enseñando en lugares como el Casino Militar, el Ateneo o el famoso gimnasio Solé, donde tantas cosas importantes pasaron, como la fundación del Barça. Hacer este curso sirve para recuperar la figura medio olvidada de aquel maestro. "En el Ateneo ahora enseñamos un estilo mucho más antiguo que aquel que enseñó el maestro Bea. Él enseñaba la esgrima de aquella época, con el sable, el florete y la espada de la época. Nosotros enseñamos un estilo anterior del XVI, aunque también estamos enseñando algunas técnicas que podría haber enseñado el maestro Josep Bea", explica Tudó.
Sus alumnos llegan a la sala Verdaguer y se preparan. "Tenemos una señora de 73 años, mi alumna más veterana, y otros jóvenes camino de los 30 años", dice Tudó, preparando las espadas. "El Ateneu ha comprado 12 sables a un maestro de Zaragoza que crea réplicas de nilónmuy duro. Más seguras y económicas, pero con el mismo peso y equilibrio que una espada de metal", explica el maestro, quien admite que para comprar espadas clásicas, hay que contactar con los pocos maestros que aún las hacen por internet. ¿Si es seguro? Mucho. Es definitivamente más seguro que el fútbol, por ejemplo. No hay contacto, se pone el énfasis en el control del arma", defiende.
¿Pero cómo llegó él a la esgrima? "Pasión. No hay que hacer publicidad, la gente que quiere hacer esgrima acaba llegando de forma natural, como me pasó a mí. No me venía de familia, pero estaba fascinado. Yo empecé con la esgrima tradicional japonesa, concretamente con el kenjutsu, la práctica por excelencia de los samuráis. Yo quería la esgrima más auténtica, por eso me enamoré de este estilo cuando en Europa no existían ni clubes. Un estilo que se ha recuperado hace pocos años con manuales centenarios, ya que había quedado medio olvidada. Con la esgrima histórica europea había pasado lo mismo, había quedado olvidada, ya que se había impuesto la esgrima deportiva, de la cual también soy profesor, pero es una práctica relativamente joven", razona.
La esgrima, históricamente, servía para salvar la piel. No sería hasta finales del XIX que se crean competiciones con elementos de seguridad para evitar heridas, como pasa ahora. Pero hace cuatro o cinco siglos, era diferente. "Yo me he concentrado sobre todo en los siglos XV y XVI, tanto en la espada larga, que se coge con dos manos, como la sidesword, que se coge con una sola mano. Yo enseño este estilo, concretamente la tradición boloñesa, ya que uno de los mejores tratados de esgrima conservados fue encontrado allí. Un tratado con más de 700 movimientos que nos permiten tener mucha información", explica Tudó, quien añade que en aquella época en que se escribió el tratado boloñés, "en Cataluña debíamos tener los nuestros, una escuela catalana, pero no se ha conservado ningún tratado".
En el Ateneo, los alumnos aprenden los movimientos, como si fuera una coreografía, para ir dominando el arte de defenderse. "No son técnicas para hacer bonito. Estamos hablando de movimientos que estaban pensados para salir vivo de una situación de combate real. El arte de la esgrima no es tanto el arte de matar, sino el arte de evitar que te maten. Es muy fácil tocar a una persona con una espada. Lo que cuesta es evitar que te toquen. Los movimientos debían ser perfectos para evitar que te hicieran daño, porque un solo golpe te podía cortar tendones, venas o heridas que se infectaban. Las técnicas están pensadas para salvar tu piel. No es como en las películas donde se exageran los movimientos, aquí se trataba de buscar combates cortos", dice el maestro, quien reivindica que todo el mundo puede practicarla. "Siempre se ha visto como un deporte elitista, pero es accesible a todo el mundo, no hace falta hacer una gran inversión hoy en día", añade.
"Si lo practicas... es como si estuviéramos en el siglo XVI, en pleno renacimiento y tuvieras derecho a llevar una espada por la calle, para defenderte. Esa es la magia, tu cuerpo y tu mente revive sensaciones perdidas. Es como un viaje al pasado", concluye, a punto para comenzar una nueva sesión bajo la mirada de un busto de Jacint Verdaguer.