El periplo de tres brasileños evangélicos que luchan por dedicarse al fútbol en Cataluña
Marquinhos, Breno y Daniel compaginan entrenamientos y partidos con trabajos paralelos para perseguir su sueño
LleidaHace mucho tiempo que Brasil se convirtió en una mina inagotable de talento futbolístico. Algunos de los mejores jugadores extranjeros que han pasado por el Barça en las últimas décadas provienen de la nación que más futbolistas exporta a otros países del mundo. Según el informe global del CIES Football Observatory, este año 1.455 profesionales brasileños actúan lejos de su tierra de origen. Pero estos datos no contemplan a los futbolistas de un perfil más bajo, que juegan en ligas semiprofesionales y no mueven millones. Es el caso de tres jóvenes de veintipocos años, evangélicos, nacidos y criados en Brasil, que las próximas semanas harán la pretemporada en el primer equipo de la UE Balàfia. El histórico club de barrio de Lleida necesita reforzar su plantilla de cara a la próxima temporada, que disputarán en Primera Catalana después de haber ascendido de categoría la última campaña.
Daniel Cordeiro (Cidade Ocidental, Goiàs, 2002) vino por primera vez a Europa con 17 años para hacer un periodo de pruebas en el juvenil del Porto. A pesar de ser un delantero ágil y mañoso, Cordeiro no convenció a la comisión técnica del club portugués y tuvo que dar media vuelta. Aun así, no desistió del sueño europeo y quería intentarlo una segunda vez, pero le negaron la entrada a extranjería del aeropuerto de Lisboa. Probó suerte una tercera vez: con su compañero Rafael –que se volvió a Brasil al cabo de algunos meses– consiguieron superar los controles migratorios y hacerse un sitio en el juvenil A del CF Balaguer, a principios de 2020. Desde que Cordeiro encadena un insólito periplo por media docena de clubes de Ponent: Castellserà, Angulària, Borges Blanques, Agramunt, Tàrrega y Guissona. Todos los equipos de la región han gozado o sufrido sus goles y jugadas.
Durante los 6 años que lleva en Europa, Cordeiro siempre ha mantenido conversaciones cotidianas con la familia y los amigos de Brasil. Antes de venir a Cataluña, pasó por muchos clubes de su región de nacimiento, entre el Distrito Federal, donde se encuentra Brasilia, y Luziânia, una ciudad al este de Goiás muy cercana a la capital. Allí coincidió con otros jugadores, entre ellos Marcos Alves “Marquinhos” (Brasilia DF, 2000) y Breno Andrade (Brasilia DF, 2001). Para ayudarles a perseguir su sueño de dedicarse al fútbol profesional, Cordeiro ejerció de intermediario para que ficharan por clubes por donde él había pasado. Así desembarcaron en las ligas regionales de Ponent, en septiembre de 2023, el mediocentro defensivo Marquinhos, y en enero del año siguiente, Breno Andrade, central de casi dos metros de altura. Marquinhos es el único que ya tiene su ficha asegurada en el Balàfia, después de conseguir el ascenso a Tercera Federación anotando goles decisivos para el Internacional de Huesca la temporada pasada. Pero los otros dos también confían en hacerse un sitio en la plantilla a base de talento, sacrificio y fe.
Trabajos paralelos, el requisito indispensable para sobrevivir
“Dani fue muy claro con nosotros: veníamos a trabajar y también a jugar al fútbol, pero sobre todo a trabajar”, explica Andrade, agradecido por la sinceridad de su compañero. Esta es una realidad con la que conviven los tres: los clubes les proporcionan un subsidio de manutención, vivienda de alquiler asequible y ayudas en los desplazamientos, pero con eso no tienen suficiente para vivir dignamente, y menos aún para enviar dinero a sus familias. Cordeiro y Andrade tienen cada uno una criatura en Brasil; este último y Marquinhos están casados y hace casi tres años que no ven a sus respectivas esposas. Para hacer frente a las responsabilidades, a pesar de no tener permiso legal para trabajar, deben compatibilizar entrenamientos y partidos con trabajos paralelos, que a menudo consiguen gracias a los mismos clubes. El tipo de trabajo y las condiciones que incluye son factores que pueden determinar que se decanten por aceptar una oferta u otra.
Hay otro miembro del clan que no hará la pretemporada con sus compañeros. Se trata de Lucas Gonçalves (Luziânia, Goiàs, 2003), que la temporada pasada jugó en el Alcarràs, pero lleva sin disputar ningún partido oficial desde diciembre, cuando se lesionó. Ahora estudia ofertas de equipos de divisiones inferiores, porque le ofrecen un trabajo con mejores condiciones y ayuda para regularizar su situación. Lucas antepone estas condiciones al aspecto estrictamente deportivo. En el caso de Marquinhos, después de trabajar de repartidor, camarero, ayudante de cocina y en una residencia de ancianos, un acuerdo la temporada pasada también incluyó asesoría jurídica para conseguir los papeles. Cordeiro y Andrade –que también han trabajado duro limpiando los vestuarios del club donde jugaban, vacunando cerdos, instalando mamparas...– se han beneficiado de la regularización masiva y, a partir de esta temporada, podrán cotizar legalmente.
Los cuatro han pasado dificultades y penurias durante estos años en situación irregular. No siempre ha sido fácil encontrar trabajo. O al menos, encontrar trabajos que no se aprovecharan de ellos. “Hay personas que te ven como un ignorante y te explotan sin escrúpulos”, expone Andrade. El defensa central recuerda una vez que se tuvieron que partir el jornal con un compañero de equipo colombiano, porque la persona que les había encargado un trabajo les pagó un solo sueldo a los dos. También relata otra ocasión que, con el mismo compañero, fueron a trabajar a la casa del presidente del club donde jugaban. Mientras llevaban a cabo las tareas, hablaban y se contaban chistes para amenizar el rato, hasta que el presidente les pidió que cómo se las apañaban para reír tanto y ser tan felices. Andrade todavía no da crédito. “¿Cómo puede ser que alguien que tiene tres coches en el parking y una mansión con piscina nos pregunte a nosotros que por qué somos felices? En ese momento entendí que la felicidad no tiene nada que ver con las propiedades materiales”, concluye.
El evangelismo, una cuestión de fe
Como explicó el ARA, a raíz de la eliminación de la selección brasileña contra Noruega en la Copa del Mundo, algunos comentaristas deportivos del país sudamericano debatieron sobre si el auge del evangelismo en Brasil estaría perjudicando el rendimiento de la selección canarinha. La hipótesis es que como los evangélicos creen en la predestinación, es decir, que todo pasa por una razón, y prohíben toda fiesta que incluya alcohol y desinhibición, esto habría actuado en detrimento de la alegría en el fútbol brasileño, que brillaba más en el tiempo en que sus estrellas, como buenos católicos, creían en el libre albedrío y cuando se equivocaban, a veces, se hacían cargo de sus errores y rectificaban. Los jugadores de ahora no se estarían haciendo responsables de las sucesivas decepciones de la pentacampeona en los últimos Mundiales y se encomiendan a un individualismo que se podría traducir, simple y llanamente, en que si Brasil ha perdido es porque Dios lo ha querido, y sería osado cuestionar el plan que la entidad divina tiene reservado para cada uno.
Los tres rechazan que el auge del evangelismo perjudique la seleção. Andrade defiende que esta fe en la voluntad de Dios es lo que le ha dado fuerzas para resistir en los momentos difíciles. A su parecer, los que se están cargando el fútbol de verdad son los intermediarios y representantes, que tienen muchos intereses y demasiado poder en los clubes brasileños. Del hacer y deshacer arbitrario de los agentes de futbolistas salen perjudicados muchos talentos y diamantes en bruto, que, aún adolescentes, son tratados como mercancías que suben de precio con un gol o una buena jugada, pero pueden perder todo el valor por culpa de una lesión. En cualquier caso, ninguno de los tres ve incompatibilidad entre practicar el evangelismo y ser una persona alegre y desinhibida. Se aferran a su religión para mantener la esperanza de que algún club de Segunda o Tercera RFEF se fije en ellos y poder vivir únicamente del deporte.
En esto que la conversación nos lleva a hablar de Endrick, una de las últimas ventas millonarias del fútbol brasileño. Endrick (Taguatinga DF, 2006) también es evangélico, está casado desde los 18 años y pronto será padre. Nacido en la misma zona que los protagonistas de este reportaje, a diferencia de Cordeiro, Marquinhos y Andrade, habla poco y sonríe aún menos. Podría ser la confirmación de la teoría del evangelismo y la falta de alegría en las nuevas generaciones de jugadores brasileños. Pero Andrade está convencido de que Endrick reserva las sonrisas para el ámbito privado, porque el fútbol es lo más serio de su vida. “Es lo que le da de comer, y con la comida no se juega”, argumenta. Por eso, en su primer gol en la Champions, decide chutar desde fuera del área, a pesar de tener desmarcados a Mbappé y Vinícius. “Le ha costado tanto llegar que es lógico que quiera marcar él”, asegura el defensa central. Añado que quizá esta necesidad de autoafirmación extrema es la verdadera causa del individualismo y la falta de alegría en la selección brasileña. Los tres asienten. Conocen los sacrificios que exige el fútbol para dedicarse a él. Para algunos es una opción, pero para otros es el sueño de salir de la pobreza y dar una vida digna a sus familias.