El portero de la Verneda que chutaba faltas y penaltis
Àngel Fortuño sigue los pasos de Joan Garcia, con quien compartió años de formación en la cantera del Espanyol
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BarcelonaHay oportunidades que se hacen esperar toda una vida. Lo sabe muy bien Àngel Fortuño (Barcelona, 2001), que lleva diecisiete años defendiendo la portería del Espanyol. De pequeño hacía de recogepelotas en Cornellà-El Prat, desde donde veía muy de cerca a los futbolistas a los que algún día aspiraba emular. El viernes pasado, en el campo del Málaga, la lesión de Marko Dmitrovic le abrió las puertas de una titularidad que hacía meses que perseguía. Y no desaprovechó la ocasión. “El partido de Àngel ha sido perfecto”, dijo Manolo González, a quien no sorprendió el nivel del portero, habitualmente suplente. Ni a él ni a nadie de la ciudad deportiva de Sant Adrià, que ha sido su casa desde que tenía 7 años. “Le conozco desde hace mucho y sé que es un porterazo. Tenía ganas de que pudiera demostrarlo”, añadió Pol Lozano, uno de los capitanes del primer equipo.
Un portero de barrio
La historia de amor entre el Espanyol y Fortuño empezó con unas calabazas, las que el portero dio al club blanquiazul cuando este se interesó por primera vez en él. Entonces jugaba en el CE Júpiter, el equipo de su barrio, y no quería separarse de sus amigos. “De hecho, muchos de aquellos compañeros todavía son íntimos de Àngel”, dice Fèlix Mayor, directivo, delegado y segundo entrenador del prebenjamín azulgrana cuando jugaba allí Fortuño. Su hijo, David, compartía vestuario con el actual portero del Espanyol, que se crió en Sant Martí, a caballo entre la Gran Via y la calle Agricultura, donde se ubica el campo del Jupi. Años antes, en aquel mismo terreno de juego, cuando era de arena, Alan Pace jugaba a fútbol americano con los Búfals del Poblenou.
“Él es muy del barrio, muy de la Verneda. Su padre fue portero del primer equipo del Júpiter”, revela Fèlix Mayor, que ya le veía cualidades especiales cuando le entrenaba: “Desde bien pequeño que ya se puso bajo palos y era igual que ahora, era un mini-Àngel. Personalmente ya era un buen chico, muy responsable. Y técnicamente ya se ponía como Iribar, con los brazos en jarras. Era muy bueno en el uno contra uno, rápido de reflejos, y tenía un gran golpeo de balón. Imagina si tenía buen pie que chutaba las faltas y los penaltis. Entre él y Marc Carbonell, que ahora está en el Santfeliuenc, se lo repartían”. Finalmente, el verano de 2009, después de ganar un torneo en Santa Susanna, Fortuño fichó por el benjamín B del Espanyol. Como mantiene muchas amistades en el club todavía hoy, es habitual verle en el campo del Júpiter. El día del ascenso contra la Pirinaica, ya establecido en el primer equipo blanquiazul, se hartó de hacerse fotos con aficionados que se lo pedían.
Una cuestión de centímetros
Fortuño ni siquiera tuvo que cambiar de escuela cuando fichó por el Espanyol. La casa de sus padres está a solo veinte minutos a pie de la ciudad deportiva de Sant Adrià, donde hace casi dos décadas que va prácticamente cada día. Desde el benjamín hasta el primer equipo, ha pasado por todas las categorías de la cantera blanquiazul, aunque el camino hasta la élite no ha sido precisamente una línea recta. Durante años, llegó a pensar que no continuaría en el club por una “cuestión de altura”: mide 1,83 metros.
Cuando Iñigo Arteaga asumió el cargo de entrenador de porteros del primer equipo preguntó por Fortuño a Adrià Caballero, entonces coordinador de los porteros de La21, porque no veía claro el tema de la altura. “Le dije «Míratelo y ya hablaremos». Al final del entrenamiento me dijo «Tenías razón, este chico tiene mucho nivel»”, expone Caballero, que año tras año se planteaba lo mismo: “Veías que Joan Garcia, que es de su generación, medía más de 1,90 y que él no crecía, pero es que Ángel compensaba la falta de centímetros con la potencia de salto que tiene. Es un prodigio físico”. Lo confirma Luis Blanco, que le dirigió en el juvenil y en el filial: “Parece mentira, pero una de sus principales virtudes es el juego aéreo. Es muy valiente y domina bien las situaciones cuando sale. Bajo palos es ágil, rápido y fuerte. Y personalmente siempre ha tenido los pies en la tierra, es un chico muy normal”.
La competencia con Joan Garcia
“En la cantera Ángel siempre había destacado, y tenía una rivalidad sana con Joan Garcia. Yo creo que esto les ha ido bien”, dice Blanco sobre la competencia entre los dos porteros del Espanyol, marcados en rojo en el fútbol base periquito. En época juvenil ambos iban convocados con la selección. “Imagina, dos porteros del Espanyol con España. Eso te demuestra lo bien que se hacen las cosas en el club”, comenta Caballero, que fue fundamental para la penúltima renovación de Fortuño, que ahora tiene contrato hasta 2030.
“Cuando no jugaba en el filial se planteó marcharse. Recuerdo una conversación con él en el banquillo del campo número 1 de Sant Adrià: «¿A dónde irás? En ningún sitio estarás como en casa. Si te has criado en Sant Martí, aquí al lado, y este es el club de tu vida. Te ha tocado competir con otro gran portero, pero acabarás jugando en el primer equipo del Espanyol». Quizás fui un poco duro, pero él es un chico muy emocional y de retos. Y míralo ahora”, relata Caballero, que a menudo le ponía vídeos de Ederson, uno de los porteros con más potencia de disparo del mundo: "«Tú puedes hacer lo mismo», le decía". Con razón chutaba las faltas y los penaltis en el Júpiter.
Su historia tiene muchos paralelismos con la de Joan Garcia, que, como él, debutó muy joven y, tiempo después, irrumpió en el once del primer equipo tras la lesión de un compañero. Uno entró por Pacheco y el otro por Dmitrovic. Con el serbio recuperado, queda ver si el sábado contra el Atlético de Madrid (14.00 h, DAZN) Manolo mantiene la apuesta por Àngel Fortuño, el portero de la Verneda que quiere triunfar al lado de casa.