La tercera vida de Manolo González en el Espanyol

El técnico gallego vive una situación delicada en el banquillo blanquiazul

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Manolo González en el banquillo del campo del Leganés.
24/09/2026 - 18:56 h
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BarcelonaLa dolorosa derrota contra el Elche puso en duda la continuidad de Manolo González al frente del Espanyol. El mismo técnico gallego reconoció en rueda de prensa que había sido un partido “espantoso”, el “peor” desde que está en el club blanquiazul. Con un hombre menos durante 85 minutos, el colista de la Liga ganó con autoridad en Cornellà-El Prat (1-3) en el preludio de un parón de selecciones de 21 días, propicio para hacer un cambio de entrenador.

A pesar de tener siete puntos –dos por encima del descenso–, la mala imagen mostrada por los periquitos, que ya venían de completar una primera parte muy mala en Butarque, provocó análisis y debates internos en la dirección deportiva sobre el futuro del técnico, tal como avanzó La Grada. La resolución es que Monchi, el encargado de tomar una decisión si procedía, mantiene la confianza en el de Folgoso do Courel.

El desastre de Montilivi

En más de dos décadas en los banquillos, a Manolo González no lo han destituido nunca. En el Ebro, el año 2018, estuvieron a punto de hacerlo, pero el director deportivo Ander Garitano –que es quien lo recomendó a Fran Garagarza para el Espanyol B– lo defendió ante el propietario del club. En el Espanyol es la tercera vez que está en la cuerda floja. La primera vez también fue después de una derrota contundente, una humillante goleada en Montilivi (4-1): en el minuto 30, con tramos de posesión superiores al 90%, el Girona ya ganaba 4-0 y el público local entonaba cánticos de "A Segunda, a Segunda”, y los aficionados de la zona visitante abandonaban el estadio al descanso.

Aquella noche del sábado, el 23 de noviembre de 2024, terminó con un cordón policial en la ciudad deportiva y una reunión a medianoche entre miembros de La Curva y La Juvenil, el entrenador, los capitanes y el director deportivo. A la crisis social se unió la disyuntiva deportiva sobre qué había que hacer con Manolo González. La propiedad se planteó seriamente cesarlo, pero finalmente se impuso el criterio de Garagarza, que abogó por su continuidad.

La receta para levantar el vuelo

Siete días más tarde, el técnico salvó un match ball con el triunfo contra el Celta, y después de Navidad el Espanyol alzó definitivamente el vuelo gracias al cambio de paradigma futbolístico instigado por Manolo: simplificó conceptos y blindó más a su equipo atrás, apostando por un conjunto más reconocible y estable, sin cambios de sistemas ni florituras. Le funcionó.

Se entrevé que la fórmula para enderezar el rumbo actual del Espanyol será la misma. Manolo González, que es un amante del fútbol asociativo y que a principios de temporada verbalizó que su equipo sería más protagonista con el balón, dejó claro después de la derrota contra el Elche que había que volver a los orígenes: “Defendemos mal y no competimos. Ni el día del Rayo ni hoy lo hemos hecho. Debemos recuperar la esencia y no equivocarnos. Intentar ser muy vistosos y llevar al equipo donde toca no es el camino correcto. Quizás jugamos de una manera que al atacar nos distrae de las cosas que hacíamos bien. Hay que cambiar el chip”.

Una racha prácticamente inaguantable

Cuando Monchi aterrizó en Barcelona, el pasado mayo, el Espanyol iba camino del precipicio, hacia Segunda División. Hacía 18 jornadas que no ganaba, una racha prácticamente insoportable para cualquier entrenador; casi en ningún lugar habría sobrevivido Manolo a una dinámica como aquella. A pesar del ruido del entorno, el director deportivo andaluz, que nunca se ha caracterizado por destituir entrenadores, decidió mantenerlo hasta final de temporada porque, habiendo tomado la temperatura al vestuario, constató que su mensaje llegaba a los futbolistas, que creían en él.

El apoyo de los jugadores, también en los últimos juicios, ha sido clave para la continuidad de un técnico con más de 100 partidos con el primer equipo y responsable del regreso a la Liga, que renovó automáticamente hasta el verano de 2027 después de certificar la permanencia en el campo del Osasuna. Ahora el gallego vuelve a vivir un momento delicado al frente de un Espanyol que en el regreso a la competición visitará al colista de la clasificación con la misión de ganar para disipar dudas sobre su figura.

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