Alcaraz se asegura ser eterno conquistando el último Grand Slam que le faltaba
Derrota al viejo campeón Djokovic en cuatro sets en Melbourne, siendo el jugador más joven al llevarse los últimos cuatro torneos grandes
BarcelonaEl nombre de Carlos Alcaraz aparece escrito ya en los cuatro trofeos más deseados del tenis mundial. Con 22 años, el murciano ha ganado por primera vez el Abierto de Australia, convirtiéndose en el jugador más joven al levantar las cuatro copas. Sólo le faltaba aquella de Mebourne, torneo en el que hasta ahora no había llegado a la final. Pero Alcaraz parece listo para superar los hitos de Rafa Nadal o de su rival en la final, un Novak Djokovic que a sus 38 años ha emocionado con su espíritu competitivo. Pero su era ha terminado y ha cedido en cuatro sets (2-6, 6-2, 6-3 y 7-5).
Después de dos temporadas de dominio incontestable de Carlos Alcaraz y Jannik Sinner, la final de Australia parecía un partido pensado para un guionista. Un especialista al que le encargan el último capítulo de una serie de éxito con el reto de emocionar a los espectadores. El tenis merecía un partido así, convertido en el símbolo definitivo del cambio de guardia. Un partido que unía por unas horas dos épocas doradas, una que termina y una que ya ha empezado. Una final para rendir honores al último de los tres mosqueteros que todavía compite, Novak Djokovic.
Un guión redondo, permitiendo al jugador de Belgrado, con 38 años, volver a una final de un torneo grande dos años después de su último título, en 2023 en Nueva York. Y era especial que estuviera en Melbourne, una de las pistas preferidas de Djokovic, campeón una decena de veces en Australia, la primera un lejano 2008 cuando Alcaraz tenía cinco años. Una pista en la que siempre juega rodeado de muchos serbios que emigraron down under y donde también había vivido uno de los momentos más bajos de su carrera, cuando intentó saltarse las normas contra la cóvid-19. Djokovic buscaba su 25ª corona del Grand Slam, tras un torneo donde había sufrido duro contra Lorenzo Musetti en los cuartos de final, partido donde parecía destinado a ser eliminado cuando el italiano se lesionó, cuando ganaba 2 sets a 0. Pero donde también había demostrado su carácter competitivo asombroso Janion Sinner Melbourne. Se deshizo de uno de los dos jóvenes que mandan actualmente en el circuito, pero Alcaraz parece hoy más fuerte que Sinner. Después de un año con cambio de entrenador, el murciano se plantó en Melbourne altivo, listo para demostrar que acertó con la decisión de separar su camino de Juan Carlos Ferrero. A sus 22 años nunca había llegado a la final australiana, el único Grand Slam que se le resistía. Tras las épocas semifinales contra Zverev, cuando ganó en cinco sets pese a sufrir vómitos, su estado físico era un misterio.
Y de salida parecía un poco lento. No se le veía cómodo, a diferencia de un Djokovic que ha perdido físico, pero conoce cada rincón de la pista como si fuera el comedor de su casa. El serbio había debutado en el 2003 en Melbourne, cuando Alcaraz tenía dos años. Y la experiencia le ha permitido ganar el primer set por un claro 6-2, sin apenas cometer errores, en apenas 33 minutos. Idemo, iba gritando. La versión serbia del Vamos que respondería Alcaraz en el segundo set.
Nada gusta más a Alcaraz que verse bajo presión. Como hacía un Rafa Nadal presente en el graderío, parece reencontrar energías escondidas cuando el rival le pasa por delante. Parece ofenderse por tener al otro lado de la pista a alguien que le desafía. En el segundo set, Alcaraz ha empezado a conectar puntos ganadores espectaculares. Arriesgaba más que Djokovic. Y el segundo set cayó por su parte rápidamente por un 6-2 que anunciaba problemas para el serbio. El jugador de Belgrado debía sobrevivir en el huracán del murciano, que buscaba la complicidad de la grada con su puño. Era un duelo generacional precioso. Djokovic, frío y calculador, intentaba pensar en frío con la madurez de sus 38 años. Alcaraz quería hacerlo explotar todo con la energía que tienes con 22. Por eso hacía más puntos ganadores, pero también más errores no forzados.
El viento ya soplaba a favor de Alcaraz, aunque éste se ha enfadado duro cuando al final del segundo set se ha cerrado la cubierta de la Rod Laver Arena, lo que no le ha gustado lo más mínimo. En la pista, como ocurre en la vida, Djokovic no conseguía detener el tiempo. No lograba viajar hacia el pasado, cuando él era el campeón provocador. Toca ceder sitio y ver cómo alguien ocupa tu puesto, ley que siempre se cumple. El serbio empezó a cometer algunos errores, incluidos dobles faltas, haciendo más fácil el trabajo de Alcaraz, quien se llevaría el tercer set por 6 a 3, aunque Djokovic salvaría cinco balones de siete, defendiéndose agónicamente, como podía. Parecía que el camino de Alcaraz ya estaba abierto de par en par.
Otros jugadores se habrían rendido, pero Djokovic no. El serbio se agarró con las uñas y los dientes al partido, alargando el cuarto set todo lo que pudo, haciendo estiramientos, alargado el tiempo de saque y desperdiciando un balón de rotura sobre el saque del murciano con 4-4. Pero Alcaraz no tembló, sentenciado la final tras un set muy emocionado (7-5) y rompiendo el sueño de Djokovic, quien aspiraba a ser el primer jugador, hombre o mujer, al ganar 25 títulos grandes. Nunca antes había perdido una final en Melbourne, el serbio. Tras 10 ganadas, ha perdido la undécima.
Lo ha hecho contra un Alcaraz ya ha ganado siete títulos del Grand Slam con apenas 22 años. Sólo Jannik Sinner parece capacitado para detener su juego explosivo en el futuro. En Melbourne, Djokovic ha podido despedirse ganando un set y plantando cara, antes de ceder espacio al nuevo monarca. Cuando su última vez ha ido fuera, ha cruzado la pista elegante para felicitar al murciano. La gloria pertenece a Alcaraz.