Historia

"Cádiz es un lugar indecente": el diario de a bordo de un barco francés de 1714

Las memorias de un barco francés que dio la vuelta al mundo en el siglo XVIII retrata la vida de los marineros de un mercante

La memoria del 'Gran Delfín'
Iker Mons
20/06/2026
6 min

La memoria de un barco queda entre sus tablas de madera, de babor a estribor, pero su crónica, en cambio, en las vivencias de unos marineros acostumbrados al mar y al olvido. La historia del Grand-Dauphin, uno de los primeros barcos mercantes franceses en dar la vuelta al mundo, se conocía, desde su salida del puerto de Saint-Malo (norte de Francia) a principios del siglo XVIII, hasta sus estancias en Cádiz, Chile, el Perú, y, al acabar, China e Indonesia. Sin embargo, el recuerdo de los ciento cuarenta hombres que habitaron este monstruo de trescientas cincuenta toneladas de embarcación había quedado en una anécdota perdida en el pozo caduco del tiempo. Hasta ahora. El anticuario y coleccionista Jean-François Letenneur descubre en el año 2000 el libro de a bordo, archivado desde el 20 de mayo del año 1717. Letenneur hizo un estudio exhaustivo para determinar su interés histórico y entregarlo, este año, al Museo Marítimo de Saint-Malo, donde actualmente se analiza para su exhibición pública.

Con la adquisición del museo, los técnicos han determinado que el autor del texto retrata la historia de los nautas franceses durante la segunda circunnavegación del barco. “[El libro de a bordo del Grand-Dauphin] nos permite descubrir pequeños detalles que, en una sola frase, se convierten en anécdotas muy valiosas para entender la vida de los hombres embarcados”, asegura a l’ARA el responsable del museo, Jean-Philippe Roze. Lo más inaudito del relato son los trescientos años de conservación, prácticamente perfecta, de un volumen de 360 por 230 milímetros, de unas ciento sesenta y seis páginas. “Tenemos la hipótesis de que quizás estaba destinado a servir de base para la redacción de una obra o de un relato de viaje”, explica Roze. Toda una aventura “muy bien conservada” en archivos familiares y traspasada por “herencia” hasta el día de hoy. “Un diario de a bordo no servía solo para informar al ministerio de Marina; también podía dar lugar a publicaciones, dado que en el siglo XVIII y XIX comienzan los grandes relatos marítimos y los relatos de viajes”, ha reconocido Roze.

Los documentos de a bordo eran conservados y llevados por los oficiales, dado que era documento obligatorio después de la ordenanza de Colbert de 1681, que imponía la entrega del documento al puerto para justificar cada estancia y cada contratiempo. Este texto oficial certificaba las maniobras seguidas, las rutas realizadas y todas las decisiones tomadas durante la navegación.

El Gran Delfín levó anclas el 3 de septiembre de 1714 para viajar a las Américas españolas, los llamados Mares del Sur, cargado de telas de lino de Bretaña, herramientas, utensilios de cocina, relojes y encajes. Al volver al puerto de Saint-Malo, se presentaba a la administración encargada de las actividades marítimas civiles, que era el almirantazgo de la ciudad costera.

Dibujo de un buque mercante de finales del siglo XVII, muy similar a como debió ser el 'Grand-Dauphin'.
La ciudad de Cádiz por la parte del sur, autoría de Francisco de Paula Martí (1761-1827).

El hito de este manuscrito es su misma conservación, ya que solo se conservaban aquellos de gran interés geográfico, como los que relataban el descubrimiento de tierras, o los relacionados con expediciones científicas, como la misión del navío Bougainville (1766-1769), al cual se le atribuía la primera vuelta al mundo francesa. Sin embargo, el historiador sueco Erik Wilhelm Dahlgren, a principios del siglo XX, dio a conocer la existencia de viajes comerciales anteriores, como el Grand-Dauphin tres décadas antes.

“En el fondo, no creo que cambie completamente la visión histórica que tenemos del viaje”, explica Roze sobre el manuscrito, que documenta el segundo viaje del Grand-Dauphin. Según recuerda, las rutas comerciales francesas entre Saint-Malo, Cádiz, Chile, el Perú y China ya habían sido estudiadas desde principios del siglo XX por investigadores europeos. Sin embargo, destaca que el documento aporta una información hasta ahora ausente. "Nos da la vida. Nos muestra la cotidianeidad [de los marineros franceses]". Según Roze, mientras los informes oficiales de los capitanes se limitaban habitualmente a cuestiones técnicas y comerciales, el manuscrito permite observar aspectos concretos del día a día a bordo. “Vemos las averías del navío, las reparaciones, las relaciones con los españoles, con los colonos americanos y con los chinos”, señala. Dicho sea de paso, unas relaciones poco amistosas. “Me esperaba que los habitantes de Saint-Malo y los de Cádiz fueran muy próximos, porque había relaciones comerciales muy estrechas entre las dos ciudades”, explica, ejemplificando que a menudo los armadores y marineros de Saint-Malo enviaban a sus hijos a hacer estancias de aprendizaje “para favorecer los intercambios comerciales”. Sin embargo, el manuscrito presenta la ciudad andaluza como "sucia" y “el autor la describe como un lugar indecente y sórdido, con gente poco fiable”.

Subterfugios gaditanos

El manuscrito del Grand Dauphin recoge la llegada a la bahía gaditana los días 5 de octubre de 1714, después de una navegación por el Atlántico que lleva la embarcación a reconocer la costa andaluza. Durante la madrugada del 6 de octubre, los marineros llegan a la desembocadura del Guadalquivir y Sanlúcar de Barrameda y rectifican el rumbo para embarcar en la bahía gaditana, donde los escollos conocidos como Los Cochinos y La Diamante, visibles con la marea baja, les obligan a fondear frente a Cádiz. Allí se encontraban también los buques ingleses de la reina, de 60 cañones, y del rey de Toló, de 50, que les saludaron con siete salvas amistosas.

Mapa detallado de las entradas al puerto y astillero de Saint-Malo.

Los primeros días las autoridades españolas impiden el desembarco de la tripulación. El manuscrito no llega a explicar nunca por qué, solo que los querían "arrestar por orden del rey de España". Si bien el año 1714 estuvo marcado por el fin de la guerra de Sucesión, el texto también narra un episodio de tráfico de mercancías durante la noche, un hecho habitual que podría explicar la hostilidad española. “Nuestro primer capitán no quiso bajar a tierra por miedo a ser arrestado”, narra un fragmento del manuscrito. Unos días después, el autor del manuscrito sí llega a bajar, molesto por el aspecto de la ciudad “mal construida” de Cádiz. “Las calles son muy estrechas, muy mal empedradas y muy feas”, escribe. Pero se maravilla de la vestimenta de las mujeres y de unos hombres “muy celosos con sus amantes”. “Cuando salen de casa [las mujeres] se ponen una gran falda y una especie de velo que llaman mantellina”.

El diario narra el tráfico nocturno de balas y mercancías entre naves y la ciudad utilizando una embarcación auxiliar amarrada al buque principal. “Para no dar a conocer a nadie que descargábamos mercancías y que cargábamos otras, sobre las diez de la noche hicimos acercar una pequeña embarcación al costado de nuestro buque, en silencio”, detalla. El Grand-Dauphin abandona la bahía de Cádiz el 26 de octubre por la mañana, con la bodega llena de munición y mercancías para las Américas. Dicho sea de paso, con una última ráfaga de disparos y cañonazos de los compañeros aún amarrados.

Las memorias de un autor anónimo

Se sospechaba que hubieran sido varios los autores del manuscrito, por los errores gramaticales y los cambios de caligrafía a lo largo del tiempo. Sin embargo, Roze ha confirmado que está escrito por una misma pluma. “Disponemos del registro de la tripulación y conocemos los nombres de todos los miembros, pero aún no hemos podido identificar quién escribió el diario”, reconoce el responsable del museo. “Hay algo que sí me sorprendió: su manera de escribir fonéticamente deja entrever un acento. Quizás es solo una hipótesis mía, pero parece que añade vocales al final de algunas palabras, como si escribiera tal como hablaba”, ha detallado Roze.

, elevada a leyenda que merecía ser conservada más de trescientos años en un cajón.

Grand-Dauphin abandona Asia atravesando el estrecho de la Sonda, entre las actuales islas de Indonesia. Durante esta ruta, el barco encalla en el mar de Java y se ve obligado a detenerse seis semanas en Batavia para reparar los daños. Una vez restaurada la embarcación, reanuda la navegación por el océano Índico, donde el texto ininterrumpido hasta ahora se detiene en el cabo de Buena Esperanza antes de volver finalmente a Europa.

En los márgenes del diario aparecen “mediante el dibujo de una cruz” las muertes de los marineros durante la travesía. El autor ilustró la proeza de alta mar de unos aventureros relegados al ostracismo y acostumbrados al estoico relato de anécdotas de viaje con la cerveza en mano. El viaje del Grand-Dauphin o de tantos otros acabó en la memoria oral para explicar aquello que no interesaba a las autoridades. Esta es una aventura narrada mil veces y capaz de ser motor de tripulaciones imposibles como los parias del Nautilus o los amotinados de la Bounty. Una cotidianidad sin krakens, elevada a leyenda que merecía ser conservada más de trescientos años en un cajón.

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