Qué hace un haya en Barcelona?
El Jardín Botánico Histórico, un tesoro de biodiversidad
Sí, todavía hay masías en Barcelona, a pesar de ser una de las ciudades más densamente pobladas del planeta. Una de mis preferidas es la que está detrás del Museu Nacional d’Art de Catalunya. No es excesivamente antigua –tiene más o menos un siglo de vida–, pero contiene la mayor parte de ingredientes de toda masía: puerta adovelada, reloj de sol en la fachada, con la frase Progredior ultra retro non referar (Avanzamos hacia adelante, no volvemos al pasado). Ya no hay ni aves ni cerdos. En el interior todavía se conservan elementos del campesinado, como una serie de calabazas vacías que hacían de recipiente de agua y de vino. "Esta masía se construyó como pabellón de ganadería de la Exposición Internacional de 1929", me explica Jaume Pàmies Pagès, geógrafo, que trabaja en el Jardín Botánico de Barcelona desde hace años. Antes había sido educador ambiental, guía de montaña, guarda forestal y profesor de jardinería. La planta baja se abre al público en ocasiones especiales, cuando hay alguna actividad: talleres, charlas... De forma habitual la utilizan el jardinero y los voluntarios de la Asociación de Amigos del Jardín Botánico para guardar allí las herramientas del huerto que ocupa una parte del llamado Sot de la Masia (un gran agujero de una antigua cantera). Este huerto produce semillas de variedades autóctonas tradicionales y algunas exóticas, pero todas no híbridas. "Cultivamos, reproducimos y conservamos variedades que el mundo moderno ha ido desplazando, como por ejemplo el guisante negro (típico del norte de las comarcas del Solsonés y el Berguedá), el pimiento de Tiurana, la berenjena blanca y las habas reina mora –dice Jaume–. Es nuestro granito de arena para la conservación de la biodiversidad", añade.La masía también ha conservado una estufa de leña. Los días más fríos la encienden para calentar la sala grande. Queman leña de árboles del jardín, que se han tenido que cortar (han caído por una ventada, se han muerto, ha hecho falta aclararles los pies...). "Me gusta cuando, a primera hora de algún día de invierno, al subir por las escaleras que van del MNAC al Estadio Olímpico Lluís Companys, veo la chimenea humeante y hasta huelo el olor a leña", comenta Jaume.
En el Sot de la Masia también hay árboles singulares, como un alcanforero o un ginkgo. Pero donde hay un conjunto de árboles espectaculares es en el hoyo de al lado, el Sot de l'Estany. En este gran hoyo creado también para extraer piedra hay algunos de los árboles más altos de Barcelona. Lo que pasa es que no lo parece, ya que están dentro del hoyo. Además, hay cuatro monumentales, la máxima distinción de la Generalitat y, por tanto, la máxima protección: una noguera alada de Rehder, un fresno rojo americano, un fresno de hoja estrecha y un plátano falso. ¡Mira qué haya tan bonito!", dice Jaume. Los hayas se encuentran en lugares mucho más elevados, en climas más fríos, no a tocar del mar. Me vienen a la cabeza la Fageda de la Grevolosa, la de en Jordà, la del Retaule, en los Puertos de Beceite... Todas situadas a una altura considerable. Pero el microclima de esta hondonada, donde la temperatura puede llegar a ser cuatro grados por debajo de la de fuera, es determinante para que el haya se encuentre como pez en el agua. Paseando, Jaume me habla de bestias que no veo. Como ahora el tòtil, que necesita puntos de agua, y aquí los tiene. "La población de tòtil en el Sot de l'Estany es la segunda más importante de Barcelona en cuanto a cantidad, después de la zona del Laberinto de Horta». El tòtil es un sapo autóctono protegido. También se debería proteger el vocablo tòtil, un insulto suave medio caído en desuso."¿Y cuándo se creó este magnífico jardín?", pregunto. "Fue una iniciativa del botánico Pius Font i Quer. En el año 1930 empezó a reunir una colección de plantas endémicas y raras, obtenidas especialmente en la península Ibérica, las Baleares y Marruecos. Además, había una colección de plantas en el Parque de la Ciutadella que fueron trasladadas aquí", me comenta Jaume mientras vemos un mirlo que nos hace un pequeño recital. "Fíjate que es un macho, un mirlo. Es fácil de reconocer porque tiene las plumas completamente negras y el pico de color calabaza", dice Jaume, que reconoce la voz de algunos pájaros. "Muchas aves encuentran aquí alimento, un lugar donde hacer nido (hay quienes ya lo encuentran hecho: se han instalado unas cuantas cajas nido) y descansar". Pasamos ahora justo por debajo de un árbol cuyas hojas son clavadas a la bandera de Canadá. "Un acer pseudoplatanus, un falso plátano", dice, viendo que alzo la mirada. ¡Te los sabes todos!Este jardín de Montjuïc, un tesoro de biodiversidad muy poco conocido, acoge especies del Mediterráneo, del norte de África y del centro de Europa. También tiene un papel clave en la conservación de plantas endémicas, como la lisimaquia menorquina. Está abierto al público con entrada libre. NOTA: Hace unas semanas se produjo un desprendimiento en el Sot de l’Estany, y ahora esta zona está cerrada temporalmente. Para 150 personasMe sorprende leer en la entrada del jardín que el aforo máximo permitido es de 150 personas. Más o menos es la capacidad de un teatro pequeñito. Aquí dentro caben muchísimas más. Pero, claro, es un lugar de paz, donde las aglomeraciones no son bienvenidas. La otra información que me sorprende es que no puedes entrar si solo falta media hora para el cierre, teniendo en cuenta que el jardín no es muy grande. Es la manera de propiciar un paseo tranquilo y sin prisa para salir.