David Verdaguer: "Gané el Goya gracias a dos niñas: Laia y Paula"
El actor se reencuentra con Laia Artigas diez años después del rodaje de 'Verano 1993'
BarcelonaPara celebrar que Estiu 1993 ha sido elegida por 200 expertos como la película más importante del cine catalán del siglo XXI, el ARA reunió hace unos días, en los Cinemes Verdi, a dos de sus actores: David Verdaguer y Laia Artigas. Ella era la niña que aún no sabe gestionar las emociones por la muerte de sus padres, y él el tío que la acoge en su familia como una hija más. Los dos actores comparten representante, pero hacía tiempo que no se veían. Artigas, que pronto cumplirá los 18 años, recuerda con una sonrisa la relación tan “especial” que tenía con Verdaguer. “Era como un tío guay; me encantaba”, dice.
Cuando Artigas vuelve a ver Estiu 1993 –y la debe haber visto una quincena de veces–, no ve a Frida, la niña que no llora. “Yo siempre me veo a mí misma jugando y pasándolo muy bien. Recuerdo el rodaje como un juego”. Después de la película hizo más papeles en cine, teatro y series y ahora quiere estudiar teatro en La Bobina. “Me gustaría ser actriz, pero no quiero correr. He ido a castings, pero me gusta ser muy selectiva”. La película también marcó la carrera de Verdaguer: “Seguramente me cambió la vida –dice–. Y gané el Goya, pero fue gracias a dos niñas, Laia y Paula [Robles]. No podían nominarles porque eran muy pequeñas, y me lo dieron a mí”. Verdaguer recuerda un rodaje feliz con muchos tiempos muertos. “Como trabajábamos con dos niñas rodábamos menos horas al día; fue un regalo del cielo –dice el actor, que en 2016 tenía poca experiencia como actor dramático–. Yo venía de hacer 10.000 km, de manera que me di a conocer con dos películas increíblemente buenas –reflexiona–. Y tener esta suerte al principio de tu carrera te da tranquilidad para afrontar proyectos futuros”.
La escena final deEstiu 1993, en la que Artigas tuvo que pasar en pocos segundos de reír a llorar, fue un reto para la joven actriz. “Yo entonces tenía una perra y me dijeron: «Imagínate que la perra se está muriendo y que tú la tienes que salvar» –explica Artigas–. Y Carla, desde el suelo, me decía: «Laia, no lo estás haciendo bien, no la estás salvando». Y a mí me explotó la cabeza y acabé llorando”. Verdaguer, que ya lloró leyendo el guion, defiende que “no habría película” sin esa escena. “Es lo último que rodamos, la última secuencia, y es tan bonita... A mí me mata”. Pero también destaca la escena en la que una Artigas maquillada juega a hacer de madre. “¿Te acuerdas, Laia? Cada vez hacías una improvisación diferente, me explotaba la cabeza. Me ayudaste a darme cuenta de que nuestro trabajo no es tan importante, y que se trata de jugar, de mentir y de que no te pillen”.