Fútbol

La época en la que Maradona, Kubala o Urruti iban a Andorra a entrenarse

Una historia compartida de ciento veinticinco años entre el Barça y el Principado

Iker Mons
12/03/2026

El fútbol es la mejor pegatina entre territorios. El Barça, en particular, es algo más que un club, es un puente entre naciones catalanas. El libro Principado Azulgrana, del periodista andorrano Àlex Terés, recoge, desde la anécdota, una investigación que confirma mitos entre el club barcelonés y el Principado desde las estancias de los futbolistas hasta las mayores peñas de aficionados en el extranjero. El Archivo Nacional de Andorra constata que la primera presencia documentada de jugadores azulgranas en el país pirenaico se remonta a 1949, cuando cuatro futbolistas, Joan y Mariano Gonzalvo Falcón, Josep Seguer y Josep Canal, reforzaron al FC Andorra en un amistoso durante la fiesta mayor de Escaldes-Engordany. Una imagen impensable hoy en día, donde jugadores azulgranas vestían la equipación tricolor con júbilo.

"Venían aquí a entrenar, pero también a desconectar, a hacer vida", explica Terés. "Jugaban partidos contra equipos de la zona, contra conjuntos franceses, contra el Argelès, y lo hacían con la camiseta del país sin ningún problema". En una época sin obligaciones contractuales ni estrategias de marca; cambiarse la camiseta no tenía nada simbólico y, al mismo tiempo, lo decía todo.

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Las fotografías, hasta ahora prácticamente desconocidas, documentan un Andorra que empezaba a abrirse al mundo y un Barça que buscaba espacios para entrenarse en condiciones óptimas. Sin equipos profesionales de primer nivel, el país encontró en el club azulgrana a un referente deportivo. "Aquel material daba para un artículo", admite el autor. "Pero cada vez que hablaba con alguien, el relato se ensanchaba". A partir de ese descubrimiento inicial, Terés habló con más de ciento ocho personas, y cada una aportó anécdotas y testigos que, a su juicio, "merecían ser recogidos".

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La pretemporada andorrana

A mediados de los años cincuenta, Kubala venía a Andorra para entrenarse en altitud y gozar de la tranquilidad del país. Casimir Arajol recuerda en el libro que, cuando llegaba agosto, un Kubala de 25 años se alojaba en el Hotel Valira de Escaldes-Engordany, y tras los entrenamientos con otros jugadores como los hermanos Gonzalvo, Hanke o Bosch, y se reunía con familias andorranas para merendar. Arajol explica que los amistosos se disputaban sin ningún protocolo y que los jugadores convivían con la gente del país de forma muy cercana.

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Los niños tenían la oportunidad de conocerlos y jugar con ellos. Casimir recuerda que estas estancias eran excepcionales y que todos querían hablar y hacerse fotos con los jugadores sin intermediarios ni parafernalia.

Kubala mantenía una amistad estrecha con József Pepe Csóka, también húngaro, que después militó en el FC Andorra (1964-1970), se estableció definitivamente en el país, se casó con una encampadana y gestionó un negocio durante cuarenta años. La amistad con Csóka aseguró que Kubala volviera a menudo al Principado, en parte motivado por su fuga de Hungría comunista junto con Csóka.

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Durante los años 80, Andorra se consolidó como escenario de pretemporadas del Barça. En 1983, gracias a la iniciativa del cónsul mayor de la capital, Joan Samarra, se construyó el Estadio Comunal para que el primer equipo pudiera entrenarse. La pretemporada contó con figuras como Maradona, Schuster, Urruti, Quini y Migueli, bajo la dirección del entrenador César Luis Menotti. Más allá de los entrenamientos, también disfrutaban de excursiones y comidas con empresarios y prohombres locales, como Denis Garcia Abella, que se convirtió en un gran coleccionista de fotografías y objetos firmados por los azulgranas.

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Un estadio sin luces

El ingeniero industrial Joaquim Agulló y Marly presentó en 1935 en el FC Barcelona un proyecto para instalar un sistema de alumbrado en el campo de Les Corts. Sin embargo, el club se encontró con que no disponía de suficientes equipos de iluminación para cubrir todo el terreno de juego. El estallido de la Guerra Civil lo detuvo todo y el proyecto quedó arrinconado en un cajón. El campo de Les Corts no pudo completar el alumbrado hasta casi veinte años más tarde, el 2 de septiembre de 1954.

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En época de escasez, Andorra no sólo fue puerta de entrada para el contrabando de azúcar, tabaco y alcohol, sino también de luz para Barcelona. El estraperlo de las luces. Según Terés, algunos focos llegaron a Barcelona a través del Principado, importados desde otro sitio de Europa. Esta solución permitió que el campo de Les Corts tuviera iluminación nocturna y se pudieran jugar partidos por la tarde y por la noche. Y las autoridades franquistas hicieron la vista gorda. Durante años, esta historia había circulado como leyenda urbana, pero Terés pudo certificarla hablando con testigos de la época, que confirmaron que realmente había ido así.

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Peñas y barcelonismo organizado en Andorra

La primera peña andorrana, la Peña Blaugrana del Principado de Andorra, se fundó en 1961 después de la final de Berna de 1960, con impulsores como Antoni Santacre o Vicenç Pantebre. Esta agrupación permitía a los aficionados reunirse, viajar para ver partidos y finales europeas y consolidar un sentimiento comunitario en torno al club.

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A mediados de los años 90, con la llegada de internet, surgió la Ciberpenya Blaugrana, iniciativa de Eduard Colobrans, que creó una comunidad virtual de aficionados en el Barça, reconocida oficialmente por el club. Esta peña organizaba encuentros, publicaba una revista propia y fomentaba la participación en eventos deportivos como la Blaugrana International Cup – BIC Futsal, y se convirtió en un referente para la comunidad digital azulgrana. Los aficionados podían ver los entrenamientos, participar en juegos e interactuar con las leyendas del club como Maradona, Cruyff o Migueli, que llegó a regalar todo su equipamiento utilizado en un partido.

En 1986, Andorra la Vella acogió el décimo Encuentro de Peñas Barcelonistas, con más de 2.000 asistentes. Josep Lluís Núñez, presidente del Barça en ese momento, declaró que en Andorra estaban "como en casa".

El rescoldo pirenaico acogió el sentimiento culé y llenó el libro de Terés de cientos de historias, anécdotas y experiencias. "Todo sentimiento residente en lo más cotidiano; así se fabrican las leyendas", dice Terés. El Barça, en el Principado, siempre había estado "como en casa". "Seguro que hay muchas más anécdotas", admite. "No es que se hayan olvidado, es que nadie las había contado". De ahí nace la voluntad de dejar el libro abierto, no como un punto final, sino como un primer gran inventario de una relación que hace más de ciento veinticinco años que se escribe.