A favor de Regina Rodríguez Sirvent y de todas las mujeres talentosas

Estimada Regi, se supone que te tendría que tener rabia, envidia y tirria por muchos motivos. Tu libro Les calces al sol (La campana) y el mío Un cor de neu (La Magrana) salieron juntos aquel septiembre del 2022 y el tuyo, poco a poco pero de manera firme, lo triunfó, y el mío, pues no. Y eso que el tuyo era el primero que publicabas, no como yo que llevo unos cuantos. Encima eres bastante más joven que yo. Y buena gente. Y talentosa y estupenda y currante y persistente. ¡Y estilosa! Según el manual de la buena seguidora del cliché patriarcal debería atragantarme cada vez que leo algo de ti. Pero me pasa todo lo contrario.

El día que presentaste tu nuevo libro Crispetes de matinada (La Campana), estaba lejos. Y eso sí que me dio rabia. Me fastidió perderme el momentazo. Y me pasé un par de días envidiando a todas las personas que te pudieron acompañar. Pero a la vez me alegré profundamente de aquellas fotos donde se te veía radiante, y de los stories de aquel montón de amistades orgullosas de tu logro. Pero era una envidia de esas bonitas, que no hacen daño. Al contrario.

Cargando
No hay anuncios

Entonces pensé en aquello tan antiguo y tóxico en lo que nos han educado a las mujeres: a envidiarnos, a sentir que las otras mujeres son competencia, a creer que el triunfo y la felicidad de las otras significa nuestra derrota. Y en algún momento nos hemos tragado la mentira de que si la otra triunfa y es feliz no habrá espacio para mí. Por suerte el feminismo ha demostrado que el emperador patriarcal va desnudo. Y que esta estrategia barata y perniciosa solo persigue dividir a las mujeres para que nos miremos con suspicacia y no caigamos en la tentación de hablar entre nosotras, no fuera caso que nos dediquemos a ayudarnos, a animarnos, a aliarnos.

Durante siglos las mujeres hemos sido unas pringadas. Nuestra supervivencia material y legal dependía de si un hombre nos elegía para casarse con nosotras. Las otras mujeres entonces sí que podían representar un peligro. Si elegían a la otra yo tenía más probabilidades de quedarme soltera, pobre, olvidada. Pero eso ya no es así, y el intento de hacernos ver a las otras mujeres como un peligro ya no cuela. Y al liberarnos de esta mala mirada hemos ganado una red inmensa de apoyo. ¿O no molan las cenas que organiza Ada Parellada en Semproniana para que hagamos precisamente eso? ¿O el espantoso chat Lentejuelas de Marta Pontnou?

Cargando
No hay anuncios

Desde mi madurez me alegro de que vivas este momento profesional tan dulce. Ya estoy harta de la vieja historia. Te lo has currado mucho. Y tu triunfo nos abre la puerta a las otras mujeres. Y te convierte en un referente, en una mujer que ha perseguido un sueño, se lo ha trabajado y lo ha conseguido. Y que lo ha hecho sin pisotear a nadie. La diferencia de edad no me inquieta nada. ¡Me alegra! Es una demostración de que las cosas están cambiando. Y de que mi hija lo tendrá más fácil. Si a ti te va bien a todas nos va bien. Y celebrar la felicidad de la otra es el acto feminista más radical que conozco.

Regi, disfruta del trabajo, de las palomitas, de la buena literatura y de la vida.