La investigación que delata a Robert Capa
Durante noventa años, la fotografía Muerte de un miliciano se ha atribuido a Robert Capa. La imagen de un combatiente republicano en el momento de caer abatido consagró al fotógrafo húngaro. El instante preciso que retrata, con el miliciano perdiendo el equilibrio, pero sin que todavía haya tocado el suelo, le da un dramatismo que condensa la crueldad de la guerra. El fusil parece escapársele de la mano y el paisaje desnudo acentúa todavía más la tragedia de los soldados. Una muerte atroz y solitaria. Es imposible identificarle el rostro y la ligera falta de nitidez de la imagen permite intuir la urgencia de un fotógrafo que acciona el obturador en el mismo momento en que se asusta ante el horror de la escena.
Ahora una nueva investigación del arqueólogo e historiador Fernando Penco consolida las sospechas que ya formuló en 2014: detrás de la cámara quizás no estaba André Friedmann, el verdadero nombre de Robert Capa, sino Gerda Taro, su socia y pareja. Ambos fotógrafos acordaron trabajar bajo una misma marca. Friedmann y Gerta Pohorylle, que más tarde adoptaría el nombre de Gerda Taro, se inventaron la figura de Robert Capa como si fuera un fotógrafo estadounidense para vender más fácilmente su material a los diarios y revistas. Como las fotos hechas por ambos circulaban con el sello "Capa", no se podía identificar quién apretaba el disparador. Tras la muerte de Taro, en julio de 1937, Friedmann se apropia de la marca y hace toda la carrera posterior identificándose como Robert Capa. La novedad de esta investigación se basa en el análisis de las cámaras fotográficas y tiene relevancia porque cuenta con el aval del International Center of Photography de Nueva York, que custodia el archivo de Capa. Se ha podido precisar que entre agosto de 1936 y febrero de 1937, Taro trabajaba con una Reflex Korelle de formato medio adquirida con su primer sueldo en la agencia Alliance Photo. Producía unos negativos de 6x6 centímetros. Friedmann, en cambio, utilizaba una Leica de 35 milímetros, con negativos rectangulares. Taro no empezaría a trabajar con cámaras Leica hasta febrero de 1937.
Muerte de un miliciano se realizó en septiembre de 1936. El negativo original no se conserva, pero las primeras ampliaciones han permitido deducir que la fotografía procedía de un negativo cuadrado. Esta característica descarta la Leica de Friedmann y apunta hacia la Reflex Korelle de Taro. Fernando Penco lo argumenta a partir de dos indicios. Taro aparece fotografiada con aquella cámara en Villa del Río pocas horas antes de que la pareja se desplazara hacia Espejo, donde se habría capturado la imagen. Además, dentro de la serie de unas cuarenta fotografías de aquella jornada, las imágenes cuadradas se atribuyen a Taro y las rectangulares a Friedmann. Las pruebas no permiten afirmar categóricamente que fue ella quien disparó la cámara. Friedmann (o Robert Capa) siempre asumió explícitamente la autoría de Muerte de un miliciano y no podemos descartar que utilizara la cámara de su compañera momentáneamente, aunque esto tampoco se puede demostrar. Pero si la fotografía se hizo con el aparato que Gerda Taro llevaba colgado al cuello aquel día y el resto de imágenes de la misma serie son suyas, continuar atribuyendo la foto a Robert Capa quizás es demasiado osado.