La aventura de mi vida

Kris Ubach: Encontrar un segundo hogar en los barrios napolitanos

La fotógrafa y periodista de Mataró, después de visitar medio mundo, se ha enamorado de Nápoles, donde no ha dejado de volver

10/08/2026 - 13:00 h.

BarcelonaKris Ubach nos espera en el centro de Mataró, donde vive. No muy lejos de donde toma un café, queda el recuerdo de lo que podría haber sido su vida como abogada, carrera que estudió. “Yo quería contar historias. Quería hacer periodismo. ¿Pero sabéis aquellas charlas en el Instituto para ayudarte a elegir una carrera? Pasaron estudiantes de diferentes carreras explicando su experiencia. Y dos chicos que hacían periodismo nos dijeron que no era buena idea. Y me condicionaron”, admite entre risas. “Total, que hice derecho. Pensaba que escoger la carrera era una decisión que condicionaría toda la vida. Cuando eres joven piensas así. Por suerte, después he podido hacer mi camino”, explica. “De pequeña había visto en el cine aquella película, LosGoonies. La vi dos veces seguidas. Quería vivir aventuras. Leía sobre piratas y aventureros. Con 19 años ir a Estados Unidos con un novio que tenía. En casa siempre habíamos viajado, pero de las cuatro hermanas que somos, la que salió aventurera fui yo”, recuerda.

Como conocía a una chica que publicaba en El Periódico, Kris vio que se abría una puerta. “Por las mañanas trabajaba de abogada en el Col·lectiu Ronda de Mataró y por la tarde estudiaba fotografía. Y hice fotos para algunos reportajes de viajes de aquella amiga”, añade. Su vida cambió por completo. Con la indemnización que le dieron cuando dejó la abogacía, se marchó sola a Sicilia: “Alquilé un coche para recorrer la isla. Me sentaba a hablar con las abuelas, aprovechando que hablo italiano. Hablaba con los pescadores, con todo el mundo. Después fui a Eslovenia y Croacia cuando todavía no había mucho turismo, sobre el año 2001. Y con el material que tenía fui a la revista Rutas del Mundo para ofrecerlo. Y me compraron el reportaje de Eslovenia, que fue portada”. Ya no cambiaría de vida, publicando durante años en muchas publicaciones de viajes, como las revistas Altair, National Geographic o Viajar.

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Kris es habladora. Y sobre todo, sabe escuchar. Por eso, en sus viajes, tejía complicidades con la gente que conocía. “Cada vez quería ir más lejos y descubrir nuevas realidades. La culminación fue cuando me llamaron para ir a la Antártida. Como había hecho un reportaje sobre auroras boreales en Noruega, durante una época siempre que había viajes a lugares fríos me llamaban a mí. Incluso publiqué un libro sobre cómo hacer fotografías en condiciones extremas, con tanta experiencia. En fin, que aunque me mareo en el mar, fui valiente, me tomé medicinas para evitar el mareo como fuera y pude ir a la Antártida. Más lejos ya no puedes ir. Estar allí fue impactante. Lo había hecho. Lloré de emoción”.

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Un segundo hogar

Y es cierto que no podía ir más lejos que a la Antártida, pero el mundo seguía siendo un libro abierto que valía mucho la pena. Cuando los Capgrossos de Mataró fueron a participar en el festival Govinda en la India donde también se hacen torres humanas, la invitaron a documentarlo todo para hacer una exposición y un libro. Un viaje que cambiaría muchas cosas, ya que conocería a su marido y acabaría haciendo piña en la colla. También disfrutó fotografiando a la gente. Los rostros. La cultura. Era el paso previo a descubrir la ciudad que más le ha marcado. Había conocido la Polinesia y los fiordos, pero no hacía falta ir tan lejos para enamorarse de un rincón del planeta. Era cruzando el mar en línea recta desde Mataró: Nápoles.

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“Siempre me había atraído Italia. Pero curiosamente, nunca había ido a Nápoles hasta que me ofrecieron hacer un reportaje sobre los belenistas de la ciudad. Era el 2018”, recuerda. “Fue llegar a la ciudad y pensar que de alguna forma, yo era de allí. Fueron apenas cuatro días, pero me sentí acogida. Hay gente que la ve sucia, escandalosa..., pero otras nos enamoramos enseguida. Al salir dos calles de la zona turística, descubrías un mundo diferente, original. Cuando llevé a mi madre, que era hija de la Barceloneta, se emocionó. En los barrios napolitanos reconocía cosas de su infancia. Aquella gente sentada en la puerta de la escalera, la ropa tendida..., un mundo que nosotros hemos perdido. Claro que hay problemas, pero me gusta la resistencia que tienen estos vecinos para vivir siempre así”, explica. Desde entonces se ha hartado de volver. “Lo necesitaba. Siempre digo que cuanto más viajas a un lugar, más te queda por descubrir. Había publicado un libro sobre los Pirineos que había ido muy bien y cuando la editorial me dijo que había que hacer uno nuevo, no dudé, sería sobre Nápoles”, dice. “En un reportaje de cuatro páginas no puedes explicar bien una ciudad tan rica. Con un libro pude caminar la ciudad e ir a islas y ciudades cercanas. Quedé con las conservadoras del Museo Arqueológico, con un artista urbano que hace murales de Maradona, con un vulcanólogo que me explicaba los Campos Flégreos, que son un peligro mayor para la ciudad que el Vesubio... Medio millón de personas viven sabiendo que un día quizás tienen que huir. No parecen preocupados”, dice. Cada regreso ha sido un aprendizaje en el que se ha enamorado de una ciudad en la que no sabe si viviría, no fuera que se rompiera el encanto. “Muchas veces no se trata de entenderlo todo. Se trata de emocionarte. Yo no soy religiosa, pero viendo el milagro de la sangre de San Genaro me emocioné mucho”, concluye. Rodeada de napolitanos, se sintió una más.

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La lectura del gran viaje de Paul Theroux

“Leí este libro y me explotó la cabeza”, explica Kris. Cuando era joven leyó El gran bazar del ferrocarril, el libro de viaje del norteamericano Paul Theroux, un clásico de la literatura de viajes. “Salió a pie de la casa donde estaba en Londres y llegó a la India y Siberia, enlazando diferentes trenes. Y nos va explicando el viaje hablando con personas, explicando a quién conoce. Me pareció maravilloso, al acabar la lectura me decía que un día haría viajes como este”, explica Ubach. “Si usas mucho el transporte público, conoces a más gente. Es así, no falla”, concluye.