Esta fotografía es, prácticamente, una traición. Es una gran instalación sonora al aire libre creada por el compositor francés Pierre Sauvageot. Se titula Harmonic Fields, Campos armónicos, un juego de palabras musical que apela también al paisaje que la rodea. Son cientos de instrumentos que no toca ningún músico. Es el viento quien los hace sonar. Flautas de bambú, triángulos, campanas, carillones, sirenas de hélice, tambores y toda la familia de cuerda frotada dejan escapar suavemente su voz con las cosquillas del viento que esta semana ha soplado en las colinas de Baildon Moor, al norte de Bradford, en Yorkshire. Es un evento itinerante que, desde 2010, se adapta a paisajes de toda Europa. Pierre Sauvageot, especializado en creaciones en el espacio público, experimenta siempre con los paisajes y las ciudades y fomenta la interacción de las personas. La naturaleza, los ruidos cotidianos, los objetos y los fenómenos atmosféricos se convierten en parte de la orquesta.En esta imagen a contraluz se distinguen las siluetas de los instrumentos como si fueran una plantación insólita. Unos árboles imponentes que hacen que la figura humana parezca pequeña. La mujer de la foto es una wind farmer, una cultivadora del viento. Circulan poco a poco entre las instalaciones activando y ajustando el sonido. Agricultura sonora. Es como si trabajaran un campo para mejorar una cosecha que es intangible. La fuerza y la dirección del viento determinan el ritmo, el volumen y los instrumentos que suenan. La naturaleza decide si la orquesta toca pianissimo o en qué momento una ráfaga de viento provocará un sforzando que parecerá un gemido esotérico en medio de las landas. La fotografía transmite espiritualidad y tiene algo de ancestral, parece una ofrenda a los dioses. La música que no podemos sentir debe ser como un lenguaje para comunicarse con ellos. Unos lamentos o plegarias que se elevan hacia el cielo. La música es, en principio, un acto humano. Son las personas quienes controlan los instrumentos y el sonido. Pero en Harmonic fields se cede el control a la naturaleza y se deja en manos de la fuerza eólica.La fotografía representa justamente aquello que no puede mostrar. El viento es invisible, pero lo intuimos en la imagen. Es el gran protagonista ausente. El sonido no se puede fotografiar y, en cambio, notamos su presencia a partir de los artefactos y el paisaje. El cielo, las nubes y la exposición elevada y libre de los instrumentos permiten percibir este aire que atraviesa el espacio. La imagen es una traición precisamente porque el creador desaconsejaba fotografiar sus Harmonic Fields. El compositor siempre ha querido mantener su obra contra la primacía de la mirada para priorizar la escucha. Pero, en cambio, la instalación tiene un poder visual tan indiscutible y potente que hace inevitable la captura con la cámara. No podemos prestar atención, pero la imagen nos ayuda a imaginar el sonido. La fotografía nos obliga a escuchar con los ojos.