Los perros, las nuevas criaturas

El de la foto es Caldwell. Esta semana su dueña, Katie Brockman, ha ganado el premio al mejor fotógrafo de perros del año de los Dog Photography Awards de 2026. Es la foto elegida de entre todas las ganadoras de las diferentes categorías. No es ninguno de los grandes premios de fotografía, pero tiene repercusión porque las imágenes de bestias, sobre todo si son entrañables, son un contenido agradecido para muchos medios.

Caldwell es un pitbull, un perro de esos que se califican de "potencialmente peligrosos" y la fotógrafa ha querido denunciar el estigma que padecen. La fotografía reivindica su expresión de buenazo, de rey de la casa. La mano que le sostiene la papada demuestra que es afable y tranquilo. Mientras los titulares de prensa que se leen en la corona de papel que lleva el perro recogen casos sobre las bondades de estas bestias, los del collar, también de papel, muestran noticias sobre la agresividad asociada a esta raza: "¿Una bomba de relojería con correa?", se pregunta una noticia. "Perros diabólicos", dice otro titular. Brockman explica que la mayor dificultad para hacer la foto fue que Caldwell mirara a cámara y no a ella, que le acariciaba el cuello. Le tuvo que poner un premio delante para que fijara la mirada.

Cargando
No hay anuncios

Brockman ha bautizado la foto Amados y odiados para representar esta dualidad que provocan. Una mano afectuosa, por un lado, y una cadena que estrangula por el otro. Su presencia física impone. La cara de pocos amigos que pone a menudo, también. Dicen que el carácter de los animales depende de sus dueños, pero cuando coincides por azar con una de estas bestias tampoco sabes de qué pie calza el humano que la acompaña.

Una historia de amor absoluto

La historia de Katie Brockman y su perro es de amor absoluto. A Caldwell lo encontraron abandonado en 2015 y lo llevaron a la perrera. Pasó allí cinco años pero nadie lo adoptaba. Lo incluyeron en la lista de perros que debían ser sacrificados, pero un golpe de suerte lo llevó hasta un refugio donde Brockman hacía de voluntaria paseando perros. Lo sacaba a pasear cada semana y cuando el perro empezó a tener problemas de conducta por haber pasado tantas horas encerrado en una jaula, ella decidió adoptarlo. Como vivía en un piso demasiado pequeño y en la finca no se permitían perros de raza peligrosa, se aventuró a comprarse una casa donde vivir juntos. Una noche de Navidad, Katie tuvo que llevar a Caldwell de urgencias al veterinario con una obstrucción intestinal. Tuvieron que operarlo y con la angustia de aquellas horas pensó que no le había hecho muchas fotos a su perro. Ahorró para comprarse una cámara y empezó a hacer el diario fotográfico de su mascota. Se fue aficionando y participaba en concursos especializados. Del hobby ha hecho su oficio, y fotografía todo tipo de perros y a sus familias. Su catálogo es un poco cursi pero ha encontrado un estilo que la caracteriza. Humaniza a las bestias y enfatiza visualmente ese amor tan profundo que provocan.

Cargando
No hay anuncios

La puesta en escena de la foto, con la corona de papel, recuerda a las fotos de cumpleaños de los niños cuando soplan las velas. Cada vez más, los perros son los nuevos niños.