No se ha encontrado Lorca... pero buscándolo han aparecido más de un centenar de víctimas, muchas de las cuales mujeres
Entre las víctimas hay muchas mujeres jóvenes y un infante de tan solo doce años
Barcelona"Lorca es un símbolo universal y está vivo en la memoria de todos nosotros, se puede encontrar su obra en cualquier biblioteca, pero del resto de miles de asesinatos en Granada apenas hay información y hay que rescatarlos del olvido. Hay una memoria que no había podido salir de las casas por miedo a la Guardia Civil, a la policía y a los mismos vecinos", señala el arqueólogo Francisco Carrión, que ha liderado muchas de las excavaciones, entre ellas la del Barranco de Víznar, en Granada.
Si quieres investigar el gráfico con más detalle, abre la versión en alta resolución en otra pestaña.En la búsqueda de los restos del poeta, los equipos de investigación han ido localizando toda una serie de fosas comunes de las que no había rastro alguno. "Lorca es el símbolo del desaparecido y estaría muy bien encontrarlo para hablar de la represión a escala internacional; por otro lado, sin embargo, es el paradigma del desaparecido que no se encuentra. Hay mucha gente que se encuentra en la misma situación", destaca la historiadora Queralt Solé.
Más crueles contra las mujeres
Así pues, en el Barranco de Víznar no se ha encontrado a Lorca, pero sí a muchas otras víctimas que dejan constancia física de la diversidad y la crueldad de la represión franquista: entre los asesinados y enterrados de manera clandestina hay sindicalistas, maestros, intelectuales, comerciantes... y un número significativamente elevado de mujeres. "De las 194 personas exhumadas en Víznar, cuarenta son mujeres, una cifra bastante elevada. La violencia ejercida sobre la mujer fue superior que en los hombres, con evidencias de golpes, contusiones y ejecuciones mucho más brutales. Hemos encontrado doce mujeres que pertenecían al Sindicato de la Aguja y un niño de solo doce años que tenía dos disparos en el cráneo", detalla Carrión.
Si bien en un inicio el imaginario colectivo asociaba las fosas casi en exclusiva a los hombres, el hallazgo de fosas, algunas integradas únicamente por mujeres, evidencia una voluntad clara de represión de género. "Los hallazgos recientes confirman que la violencia ejercida sobre las mujeres no respondía solo a motivos ideológicos, sino que incluía un castigo añadido por el hecho de ser mujeres, a menudo con pautas de violencia extremadamente brutales. Este castigo diferenciado constituye hoy en día uno de los campos de investigación más activos en el ámbito de la memoria histórica", dice Solé
En el Barranco de Víznar, hasta ahora se han identificado diecisiete personas y se han entregado los restos a once familias. En una de estas entregas, realizada el 19 de septiembre, se vivieron momentos de gran emotividad con hijos directos ya muy mayores. "A pesar de sufrir un Alzheimer avanzado, en el momento de recibir los restos de sus seres queridos recuperaron una lucidez total y absoluta: ver esta reacción ante una herida abierta durante tanto tiempo es un testimonio extraordinario", destaca Carrión. Otro familiar, Mario Martín Canal, que recibió los restos de su hermana Eloísa, después de coger la urna, colocarla en su regazo y darle un beso, dijo: "Mientras viva, quiero tenerla conmigo."
No separarse de los restos
En la misma fosa de Víznar se han podido identificar los restos de Carmen Rodríguez Parra, conocida cariñosamente como "Madre Carmela", una figura mítica del anarquismo granadino. Carmen fue, además, una mujer pionera: en las elecciones de mayo de 1936 se convirtió en una de las primeras mujeres en ejercer como interventora electoral en Granada. Tras el golpe de Estado, fue detenida y trasladada al Convento de San Gregorio. Su asesinato fue de una crueldad extrema. De su estancia en la cárcel solo quedó un pequeño monedero que su hija Nieves conservó con una nota: "Monedero de mi madre devuelto de la cárcel cuando la mataron."
Según los datos recientes de la Secretaría de Estado de Memoria Democrática y RTVE, ya se han contabilizado 5.848 fosas en todo el estado, se han exhumado 1.478 y quedan 2.341 por exhumar. Aun así, cientos de fosas no se encontrarán nunca. Un 31% de las poblaciones españolas tienen una fosa clandestina y no hay ni un solo pueblo que no tenga alguna a menos de cincuenta kilómetros: las hay en los cementerios, pero también en los caminos, en los pozos, en las minas o en las simas.
"El paso del tiempo y décadas de silencio impuesto han provocado la pérdida irremediable de los testimonios directos y de muchas fuentes documentales primarias. Sin embargo, el siglo XXI ha traído también avances científicos que han permitido identificar a muchas víctimas", destaca Solé. Este avance, sin embargo, tropieza con un obstáculo también por culpa de un largo silencio: si no se encuentran familiares de los cuales obtener muestras de ADN para comparar los restos, el esfuerzo de identificación se vuelve imposible. "Con todo, el impacto de una fosa común es incomparable al de cualquier monumento o documento: la presencia de los restos humanos es la prueba más directa e incontestable de la crueldad y la represión de la Guerra Civil", dice Solé.