Agricultura

La siniestralidad agrícola por fenómenos climáticos no da tregua

El cambio climático tiene un impacto directo sobre la producción, pero también sobre el rendimiento en el sector agrario

06/10/2026 - 16:07 h.

MadridDespués de la fuerte sequía del 2023, parecía que el campo volvía a respirar en lo que respecta a la siniestralidad agrícola fruto del clima y los fenómenos climáticos extremos. En 2024 la siniestralidad en el conjunto del Estado descendió, pero ha repuntado de nuevo este 2025 con las granizadas como protagonistas.

Así se desprende de un nuevo informe sectorial agroalimentario elaborado por CaixaBank Research, el centro de estudios de CaixaBank, y publicado este martes. "Aunque la situación hídrica ha mejorado, los fenómenos meteorológicos extremos siguen ganando relevancia y elevan la incertidumbre sobre las cosechas", se desprende del estudio. Cataluña no se escapa de este choque, si bien el peso de un sector agrario más industrializado hace al territorio más resiliente, reflexiona el economista de CaixaBank Research Pedro Álvarez. "[El cambio climático] Es uno de los focos de mayor tensión actual", ha indicado durante la presentación del estudio.

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Así pues, el impacto del cambio climático ya no se limita a la sequía. El sector agrario afronta una mayor recurrencia e intensidad de fenómenos climáticos extremos, como tormentas, granizadas, danas u olas de calor en verano más largas y con temperaturas más altas que afectan directamente a la producción. El granizo, por ejemplo, supuso el 59% del total de siniestros registrados en 2025. Le siguieron la sequía (8%), la fauna silvestre (8%), el viento (7,3%) y las heladas (4,17%). Los incendios, que marcaron el verano de 2025 en muchos puntos del Estado y lo han vuelto a hacer este 2026, supusieron solo el 1,14% del total de los siniestros.

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Hay que tener en cuenta que es el abandono de las zonas boscosas, así como del mosaico agrícola, lo que ha potenciado la propagación del fuego y la dificultad de extinción en los últimos años, como han señalado multitud de expertos y organizaciones agrarias como Unió de Pagesos.

El caso del vino

Uno de los sectores que más sufren el impacto del cambio climático es el vitivinícola. De hecho, las altas temperaturas han provocado que este 2026 el Penedès registrara la vendimia más temprana de la historia, que comenzó a finales de julio. Fenómenos meteorológicos adversos como las heladas, la sequía o el granizo afectan al rendimiento, pero también a la calidad de la uva (los azúcares, la acidez o los compuestos) y, por tanto, a la cosecha y la producción. A su vez, la frecuencia y la intensidad de todos ellos han disparado la volatilidad de las cosechas y la dificultad de la planificación.

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España es el país de entre los principales productores de vino donde más cae la producción (un 30% desde 2020) y donde menos ha crecido la rentabilidad entre el periodo 2020-24. Por regiones vitivinícolas, Tarragona y Barcelona son dos de las más perjudicadas, con una caída notable del rendimiento de la producción fruto del incremento de las temperaturas durante la última década.

Esto es relevante porque el vino tiene un peso económico importante dentro del sector agrario español y catalán: el Estado cuenta con la mayor superficie de viñedo del mundo y es uno de los principales productores y exportadores internacionales. Mientras que Cataluña, por ejemplo, ocupa la segunda posición en cuanto al valor económico de las ventas del conjunto del Estado al exterior. Además, es una actividad estrechamente vinculada al territorio, la cultura y la dieta mediterránea.

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"En este contexto, mejorar la resiliencia de la producción con variedades más resistentes a las nuevas condiciones climáticas [...] es un objetivo ineludible", se apunta en el informe. En el caso del Estado, el estudio detecta una creciente recuperación de variedades de uva autóctonas mejor aclimatadas al calor y al estrés hídrico.

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Con todo, a este desafío se añaden nuevos hábitos de consumo a escala global, pero también en el Estado y en Cataluña, sobre todo entre la población joven, que han desencadenado en un descenso de la demanda de vino. "La cuestión ya no solo es cómo producir vino en condiciones climáticas más adversas, sino cómo responder a una demanda cada vez más débil [...]. La competitividad dependerá menos del volumen y más de la capacidad del sector para innovar o diferenciar productos", se recoge en el informe.

Impacto en las exportaciones

En la medida en que la producción se ve castigada, también las exportaciones, reconoce Álvarez. "Si producimos menos, exportamos menos", lamenta. Este escenario agravaría un comercio al exterior que terminó 2025 y ha arrancado 2026 tambaleándose –las exportaciones han caído un 1,6% el primer semestre del año, y las importaciones han crecido un 2,3%, de modo que el superávit comercial se ha reducido en 10.331 millones de euros–. El motivo principal de esto es la menor venta a China y Estados Unidos. Por un lado, de cerdo, por las restricciones comerciales derivadas de la peste porcina en Cataluña; y, por otro, de aceite de oliva y otros productos expuestos a la guerra arancelaria con los EE. UU.