El Banco Sabadell, Bankinter y otros bancos se suman a la batalla por el dinero digital
Las monedas electrónicas promovidas por entidades financieras privadas inquietan al BCE y al Banco de España, que defienden el euro digital
BarcelonaEl consorcio Qivalis, fundado por CaixaBank y al que más tarde se sumó BBVA, incorporará más entidades españolas muy pronto para poner en marcha una stablecoin –dinero digital ligado al euro–, como el Banco Sabadell y Bankiter, que prevé tomar una decisión definitiva en verano. También hay posibilidades de que lo hagan Abanca y Kutxabank, según diversas fuentes. Por su parte, el Banco Santander es la única de las grandes entidades financieras españolas que estudia entrar en otro proyecto junto con gigantes financieros internacionales como Bank of America, Barclays, Citi, Deutsche Bank, Goldman Sachs, MUFG Bank, TD Bank Group y UBS. En este caso, el dinero digital se vincularía con monedas de los países más ricos (G-7), como el euro, pero también el dólar o el yen.
Estos movimientos de la banca, especialmente el de Qivalis, van dirigidos a tomar posiciones para adaptarse a la digitalización de los medios de pago, que hasta ahora ha estado dominada por Estados Unidos y, por tanto, por el dólar, y que ha empezado a inquietar a los reguladores. Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo (BCE), que hace tiempo que prepara el euro digital, previsto para 2029 –un equivalente a los billetes y monedas, pero en el mundo digital– alertó hace unos días sobre las criptomonedas de carácter privado dominadas hasta ahora por el dólar.
Y también el Banco de España alerta de su auge. "Las stablecoins una entidad privada puede tener problemas de liquidez, aunque las más fiables están sometidas a la normativa europea sobre criptoactivos (MiCA).
Las stablecoins, una entidad privada puede tener problemas de liquidez, aunque las más fiables están sometidas a la normativa europea sobre criptoactivos (MiCA).
Las stablecoins son criptomonedas promovidas por el sector privado como el bitcoin, pero, a diferencia de este, están vinculadas a un activo como el euro para evitar cambios abruptos de valor. Sería el equivalente a un vale o un saldo disponible. Por su parte, el euro digital es el equivalente electrónico a los billetes y monedas y, en general, las llamadas monedas digitales de banco central (CBDC, por sus siglas en inglés) son como un billete en el móvil, que se utilizarán más para hacer la compra o para pagar un café y tendrán un límite que podría ser de 3.000 euros diarios para evitar la huida de depósitos tradicionales y la inestabilidad financiera. Están pensados como medio de pago, no como herramienta de ahorro. En ambos casos se trata de facilitar los pagos digitales rápidos –especialmente las transferencias internacionales–, seguros y estables las 24 horas al día, los siete días de la semana.
También mantienen la paridad con la moneda fiduciaria: un euro digital equivale a un euro y lo mismo ocurre con la stablecoin, a diferencia de las criptomonedas como el bitcoin, aunque sin que el BCE responda por ella y con la posibilidad de alguna fluctuación, como ocurrió con la de Tether en 2022, que perdió la paridad con el dólar por la pérdida de confianza en las criptomonedas, o con la USDC, a la que le sucedió lo mismo durante la crisis del Silicon Valley Bank en EE. UU. En ninguno de los dos casos hay formato físico –se conservan en carteras digitales, wallets– y se utilizan tecnologías como el blockchain. Los usos suelen ser diferentes: las stablecoins para el trading o remesas, y las avaladas por bancos centrales, para gastos cotidianos.
El mercado de las stablecoins, que en 2024 era de unos 160.000 millones de dólares, supera hoy los 300.000 millones. Su volumen de transacciones diarias y anuales ha superado los de una red como la de Visa. Por eso la inquietud de los reguladores.En general, las stablecoins existentes actualmente las promueven empresas privadas, como Tether (USDT), la principal, o Circle (USDC).
El proyecto Qivalis está formado actualmente por 12 bancos europeos. Además de CaixaBank y el BBVA, lo integran el francés BNP Paribas –inicialmente formaba parte del grupo en el que está el Santander–, el neerlandés ING, los italianos Banca Segella y Unicredit, el belga KBC, el danés Danske Bank, el alemán DekaBank, el sueco SEB y el austríaco Raiffeisen Bank International. Este consorcio, con sede en los Países Bajos, está liderado por el director ejecutivo Jan-Oliver Sell, antiguo director ejecutivo de Coinbase Alemania, y cuenta con Howard Davies, antiguo presidente del Grupo NatWest y de la FSA, como presidente del consejo de supervisión, al que también se une Manuel Galarza, en representación de CaixaBank.
Uno de sus objetivos es incrementar el peso del euro en el mundo de las monedas digitales. La stablecoin permitirá hacer pagos y liquidaciones casi instantáneos, de bajo coste y disponibles en cualquier día y hora, incluyendo transacciones transfronterizas o liquidación de activos digitales como valores y criptomonedas. Está más dirigida a empresas e instituciones que no al cliente de a pie, que ya tiene fórmulas de transferencia instantánea como el Bizum.