Finanzas

¿Por qué hay nervios en el sector financiero de los EE. UU.?

El pánico crediticio mantiene alerta a los bancos estadounidenses pero se contiene, por ahora, en Europa

La sede de la Reserva Federal en Washington.

BarcelonaHace unos meses, el sector financiero global comenzó a mostrar signos de inquietud, sobre todo en Estados Unidos, por la caída de First Brands, Tricolor Holdings y los casos de fraude crediticio de los bancos regionales Zions Bancorporation y Western Alliance. El pánico crediticio comenzó a instaurarse en los mercados, también en el Viejo Continente, con caídas en bolsa contagiadas por Wall Street. Hace apenas unos días, la quiebra del intermediario hipotecario británico MFS (Markets Financial Solutions) salpicaba también a diversas entidades crediticias, entre ellas Barclays y el Banco Santander, con una exposición crediticia millonaria.

El caso de First Brands, en octubre, ya comenzó a poner en alerta al sector: fundada en 2013, esta empresa creció a través de adquisiciones hasta convertirse en un negocio global de recambios de automoción generador de efectivo, pero la deuda fue clave para este crecimiento. A finales de 2024, la empresa registró 1.100 millones de dólares de beneficios antes de impuestos, pero tenía 6.100 millones de dólares de deuda en el balance.

La deuda de First Brands incluía unos 4.000 millones de dólares en préstamos bancarios, es decir, acuerdos de crédito concertados por bancos de inversión y distribuidos a grandes grupos de inversores institucionales, incluidos otros bancos, gestores de activos y gestores de obligaciones de préstamo colateral. Lo que era extraño y que fue uno de los motivos de quiebra de First Brands fueron las capas de deuda fuera de balance procedentes de maniobras de financiación del capital circulante; es decir, vender las facturas de los clientes a los inversores con descuento para obtener liquidez inmediata, hacer que los prestamistas pagaran directamente a los proveedores para conservar liquidez y pedir financiación con las mercancías no vendidas como garantía para obtener aún más liquidez. Los prestamistas se negaron a reestructurar la deuda de First Brands en septiembre, lo que llevó a la empresa a declararse en quiebra el 5 de octubre. Este es solo un ejemplo, pero incluso al Banco Santander, junto con otros grandes bancos americanos y chinos, se le requirió aportar información sobre First Brands por la investigación sobre la quiebra.

Paralelamente, un informe de Fitch Ratings revelaba en octubre que los bancos tradicionales de Estados Unidos han prestado 1,2 billones de dólares a entidades de crédito privado –shadow banking o banca en la sombra–, lo que podría ocultar pérdidas millonarias y provocar un nuevo riesgo sistémico. El informe detallaba que los préstamos de bancos norteamericanos a instituciones financieras no reguladas, como fondos de inversión privados, vehículos de titulización o plataformas de crédito alternativo, se han cuadruplicado en la última década y han pasado del 3% al 10% del total de los créditos concedidos.

El 'shadow banking'

Los fondos de crédito privado se parecen a los fondos de inversión, pero no son exactamente iguales. Para empezar, porque los fondos invierten sobre todo en activos, algunos de manera más diversificada y otros especializados en sectores concretos. Así, los fondos reciben dinero de unos inversores y lo hacen trabajar mediante la compra de acciones, deuda pública, bonos corporativos, propiedades inmobiliarias u otros activos que producen un rendimiento (por ejemplo, las acciones de una empresa conllevan unos dividendos) y que ganan valor en los mercados, por lo que se pueden vender más caras en un futuro.

Por contra, las entidades de crédito privado se dedican, esencialmente, a dar préstamos a otras empresas, un trabajo que tradicionalmente se asocia a la banca, por lo que a menudo se las engloba dentro de la llamada shadow banking, o banca en la sombra. Lo que las diferencia de los bancos es que las condiciones de los créditos que dan son mejores –con intereses más bajos– y acostumbran a aceptar como clientes a empresas con más riesgo. En este sentido, aprovechan que pueden tener unos márgenes más pequeños porque no tienen que mantener una estructura de oficinas y empleados tan grande como los bancos y, a la vez, que es un sector que no está regulado. En declaraciones a la ARA, Xavier Queralt, exdirector territorial del BBVA en Cataluña hasta 2015, explica que "no estamos hablando de nada ilegal, estamos hablando de entidades que tienen licencias para hacer unas actividades que estamos acostumbrados a ver que hagan los bancos tradicionales", pero que no entran en la regulación bancaria.

Esta falta de regulación es clave, ya que explica parte de los nervios en el sector financiero. Las empresas de crédito privado no están sometidas al escrutinio de los reguladores, como la Reserva Federal, ni tienen que presentar cuentas como las compañías que cotizan en bolsa. A pesar de los miedos expresados por algunos inversores y expertos, la situación parece, de momento, contenida. El índice Vix, que mide la volatilidad en la bolsa norteamericana –llamado fear index, o índice del miedo–, se encontraba este viernes un poco por encima de los 29 puntos, a un nivel similar al de la primavera de 2022, cuando Rusia invadió Ucrania, y muy por debajo de los 59 de octubre de 2008, cuando se desencadenó la crisis financiera. El índice está afectado por todo tipo de acontecimientos que provocan reacciones en los mercados de valores, como es el caso este último mes de la guerra en Oriente Medio.

Pero, ¿por qué, si una empresa se dedica a hacer un trabajo de los bancos, no está regulada como un banco? Pues básicamente porque, mientras que la banca presta a sus clientes el dinero que otros clientes han depositado en la entidad, en el caso de las empresas de crédito privado lo que prestan son únicamente el dinero de los accionistas. Por lo tanto, si la empresa quiebra, quienes pierden el dinero no son clientes que no tienen nada que ver con el negocio, sino los mismos inversores que decidieron crear la empresa.

Este tipo de empresas no operan como fondos de inversión normales. "El valor de los fondos de inversión lo sabes a las 5 de la tarde y puedes salir cada día", explica el catedrático emérito de economía financiera de la Universitat Pompeu Fabra Xavier Freixas. Es decir, mientras que un inversor puede retirar el dinero de un fondo cuando quiere, en el caso de las entidades de crédito privado no es así. Es por eso que algunos, cuando han sufrido retiradas masivas de dinero, han podido como mínimo limitarlas para evitar quedarse sin fondos y tener que quebrar. "Son fondos de deuda a empresas, no tanto a particulares, y estos fondos tienen salidas de liquidez limitadas y normalmente tienen una letra pequeña que dice que si en una ventana de liquidez piden más de un porcentaje concreto del reintegro, se puede bloquear el fondo, porque está todo invertido en préstamos", apunta, por su parte, Queralt. "No es como las preferentes, está pensado para profesionales y me cuesta pensar que un banco invierta en esto; no tendría sentido", dice el exbanquero. En la misma línea lo apunta el catedrático: "Son inversores privados, no hay un riesgo de contagio", explica Freixas.

¿Conexiones con la banca?

Uno de los elementos de duda es justamente que, como son entes privados y sin regular, no queda claro qué nivel de interconexión mantienen con el resto de la industria financiera. En el caso de Europa, este tipo de empresas no está tan extendido justamente porque las normas financieras son más estrictas, pero aun así el grueso de inversores que ponen dinero en este tipo de negocios son socios corporativos, es decir, otras empresas. En EE.UU. una parte pueden ser fortunas particulares, pero la gran banca y las grandes multinacionales financieras, como BlackRock, se han subido al carro del crédito privado. "Desde la crisis de 2008, en Europa se ha endurecido mucho el control a los bancos, que supervisa directamente el Banco Central Europeo (BCE) –apunta Queralt–. Nuevas entidades, como Revolut o PayPal, por ejemplo, se han tenido que sacar la licencia de banco para poder operar en Europa", dice el financiero.

En este sentido, los últimos casos de fondos de crédito privado que han tenido que congelar la retirada de dinero de los inversores son entidades vinculadas precisamente a BlackRock, al banco de Wall Street Morgan Stanley o a la multinacional financiera Cliffwater. Un sector que mueve 1,2 billones de dólares y que está estrechamente ligado con algunos de los principales actores de Wall Street es normal que provoque nervios cuando atraviesa dificultades, aunque de momento no hayan pasado de incidentes puntuales. "Estamos en manos de la prudencia de los banqueros", señala Freixas sobre las conexiones entre la banca tradicional y el crédito privado.

Según Queralt, también hay parte de efecto por la guerra en Oriente Medio: "En EE.UU., con toda la incertidumbre por la guerra, los inversores prevén que subirán los tipos y optan por sacar un dinero que tenían invertido para invertirlo en otro lugar", explica el financiero. "Es un tema muy limitado en EE.UU., en Europa casi no existe", reitera.

Los nervios se deben también a otros dos elementos que pueden estar relacionados con el crédito privado. Por un lado, el creciente runrún entre los expertos de que el boom de la inteligencia artificial –ahora mismo el único sector que crece en EE.UU.– está cogiendo magnitudes de burbuja (se la compara a menudo con la burbuja tecnológica del 2001), lo que pone en peligro cualquier empresa del sector financiero que haya puesto dinero en ello, sea con inversiones directas o con préstamos.

Por otra parte, los problemas cada vez más extendidos de bancos regionales, que ponen en duda la solidez del conjunto del sistema financiero. Jamie Dimon, consejero delegado de JP Morgan Chase –el banco más grande de los EE.UU.–, apuntó hace poco que había "un exceso de crédito" en la economía, lo cual se puede entender como que una parte de este crédito empezará a dejarse en impago. El propio Dimon ya alertó, derivado del caso MFS, que últimamente se estaban viendo "cucarachas" en la economía financiera, y "cuando ves una es que hay muchas más".

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