Cataluña importa el 80% de la madera que consume
Diferentes voces apuntan que su potencial en Cataluña es mucho más alto que el uso que se le está dando
MadridYa no hay leñadores. Este oficio del bosque de mediados del siglo XX desapareció por el cambio energético –la sustitución de los recursos naturales por los combustibles fósiles– y el éxodo rural hacia las ciudades. Es un ejemplo de cómo se ha transformado la economía de muchos territorios y, en consecuencia, su paisaje, sobre todo forestal. Reflexiones como esta se han vuelto a poner sobre la mesa a raíz de los grandes incendios que han arrasado Cataluña y el Estado, y que han puesto en el punto de mira la necesidad –aunque haya quien hable de obligación– de gestionar un bosque que, sumado a la crisis climática, tiene una carga de combustible sin precedentes. Y detrás de todo ello, un recurso clave pero desaprovechado: la madera y su potencial. "Tiene mucho más de lo que le estamos dando", anticipa Mario Beltrán, técnico del Centre de Ciència i Tecnologia Forestal de Catalunya (CTFC). Esto no quiere decir que en casa no se utilice madera, pero mucha viene de fuera. Hoy, Cataluña importa el 80% de la madera que consume. De esta cantidad, el 40% proviene de otros puntos del Estado y el resto del extranjero. En el conjunto de España también se importa más madera de la que se exporta, especialmente en forma de productos de más valor añadido como la madera aserrada y la pasta de papel.
Puede parecer una paradoja teniendo en cuenta que, por ejemplo, Cataluña cuenta con una masa forestal importante y una producción local relevante en partes concretas del territorio. De hecho, el 70% del territorio es superficie forestal.
De entrada, no es un problema de cantidad, apunta Beltrán, que no solo cree que hay suficiente madera, sino que el modelo de gobernanza en el Principado es suficientemente "robusto" para garantizar que no se produzcan, por ejemplo, talas ilegales. "Tenemos que poder confiar en que si promocionamos la madera no hay ningún problema ambiental, porque se debería hacer [de forma] sostenible", añade este técnico.
Tampoco es un problema de calidad de la madera, apunta el ingeniero del CTFC, si bien reconoce que técnicamente es diferente de la madera que se importa. "[En Cataluña] Hay de buena [de madera]", afirman desde el Centre de Ciència i Tecnologia Forestal de Catalunya. En este caso, David Vivet, técnico del área forestal de Unió de Pagesos, asegura que la producción de madera de los bosques catalanes no es la que quiere la industria, que reclama una "calidad" más alta.
Una cuestión de precio
En cambio, hay un elemento que sí genera discordia: el precio de la madera, cosa que ayuda a entender, en parte, la pérdida de uso que se ha hecho de la madera propia y los niveles de importación. El Observatorio Forestal Catalán destaca que en general el precio de la madera es "estable", aunque con repuntes puntuales en el caso de la de coníferas estructurales —la madera que proviene de pinos, abetos o abetos blancos y que se utiliza para productos como vigas, cabriales y armaduras de techos o paredes— y la madera para embalaje. Además, sobresale el pico de crecimiento que se registró los años 2021 y 2022 por el choque económico de la covid-19 y la crisis de suministros.
Para Vivet, sin embargo, este precio no es el adecuado, sino que es "artificialmente bajo". Además, el responsable del sector forestal de Unió de Pagesos apunta a una falta de competencia en el sector maderero. "El precio de producción y costes no está repercutido en el precio final", indica. En cambio, a los compradores de esta madera les sale más a cuenta comprar fuera, apunta Beltrán. "Esta importación, sin embargo, tiene externalidades negativas que no se tienen en cuenta, como el impacto en el cambio climático", añade.
Más allá de los productos de alto valor
Con todo, hace tiempo que distintas voces exigen mirar más allá del aprovechamiento de la madera solo para la construcción o para palets. "Es necesario que la sociedad pida productos forestales y agroforestales, no solo madera para la construcción, sino también biomasa para uso térmico, entre otros [...]. Esta conciencia del consumidor es una de las claves para el cambio", reflexiona Marta Corella, ingeniera forestal.
"Cualquier escuela u oficina debería poder calentarse con biomasa, pero esto requiere un plan forestal para garantizar la energía a 10 o 15 años vista", añade Vivet. Precisamente, el consumo de biomasa en Cataluña creció un 19% en el año 2025, según los datos del balance anual de laEstrategia para promover el aprovechamiento de la biomasa forestal y agrícola, publicadas hace unos días. El consumo de biomasa forestal ascendió hasta las 652.500 toneladas anuales, y la superficie forestal gestionada aumentó hasta las 27.186 hectáreas.
Pero sobre el total de superficie todavía queda mucho trabajo por hacer en cuanto a la gestión, tanto cuando se trata de un bosque público (es solo una cuarta parte del total, según datos de la ACN), como privado. El problema, coinciden unos y otros, es "la rentabilidad de los bosques". En el caso del sector privado, Vivet apunta a una falta de ayudas. "Es cierto que no se saca nada y genera un coste, pero estamos hablando de que solo se destinan 5 millones de euros al año para toda Cataluña cuando la masa forestal supone el 70% del total del territorio", indica Vivet. Según estimaciones de Unió de Pagesos, en las últimas convocatorias para pedir líneas de ayuda para trabajos de gestión y ordenamiento del bosque el valor de las solicitudes ascendía hasta los 17 millones de euros.
Al mismo tiempo, hay un factor social que, a juicio de Beltrán, también es importante: la percepción que se tiene del uso de las materias primas. "Si el aprovechamiento se hace con madera de aquí, es negativo; pero cuando es madera tropical sí que la compramos".