Un 2026 que acabará con subidas de los tipos de interés
Si hubiéramos tenido esta conversación en enero, la mayoría de economistas lo teníamos claro: 2026 debía ser el año de las bajadas de los tipos de interés. Pero, a medida que han pasado los meses, el análisis ha cambiado radicalmente. Todo apunta a que acabaremos el año con subidas.
Para entenderlo de manera rápida, los tipos de interés son el precio del dinero. Cuando este precio sube, financiarse es más caro. Esto enfría intencionadamente la actividad económica y, en última instancia, ayuda a controlar la inflación. Con menos dinero en circulación, disminuye la presión alcista sobre los precios.
Y, ¿por qué hemos llegado hasta aquí? Todo tiene su origen en la guerra en Irán. La primera fase fue el shock energético provocado por el encarecimiento del petróleo. La segunda, y es donde nos encontramos ahora, es la transmisión de este aumento de los costes energéticos a la alimentación, a los servicios y al resto de la economía, y esto hace que entremos en lo que los economistas llaman una espiral inflacionaria persistente.
Nos encontramos ante una economía en forma de k: mientras las rentas bajas se deterioran, las rentas altas continúan beneficiándose de la situación. La desigualdad se amplía. Este hecho también cuestiona la eficacia de una subida de tipos, ya que el impacto es mucho más severo sobre las familias con menos recursos. Un ejemplo sencillo: un aumento de la cuota hipotecaria derivado de la subida del Euríbor (que ya se está adelantando a los movimientos al alza de los tipos de interés) afecta mucho más a los presupuestos familiares ajustados.
Las consecuencias son conocidas: hipotecas y préstamos más caros, un aumento del coste de la deuda pública con el consiguiente incremento del déficit fiscal, una frenada del consumo y una mejor remuneración del ahorro. Entre las pocas buenas noticias está el retorno de los depósitos con rentabilidades más atractivas.
En cualquier caso: gracias, Donald Trump.