El banquero que puso orden en las finanzas vaticanas
Bernardino Nogara puso la semilla de la Banca Vaticana
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En el año 1982 saltó a todos los titulares de la prensa internacional el escándalo del Banco Ambrosiano, una institución financiera italiana, casi centenaria, que se derrumbó como un castillo de naipes tras mantener una relación muy estrecha con el Instituto para las Obras de Religión, entidad conocida popularmente como Banca Vaticana. En la trama de la caída del banco aparecían, además del Vaticano, otros actores de peso, como la logia de masonería desviada Propaganda Due (P-2) o el financiero siciliano Michele Sindona. Justo después de la quiebra, Roberto Calvi, que era el presidente del Banco Ambrosiano, apareció colgado en el puente de los Frailes Negros, en el Támesis londinense, mientras que Paul Marcinkus, máximo responsable de las finanzas vaticanas, fue desalojado de su cargo y enviado a su pueblo natal, en Illinois. Por su parte, Licio Gelli, el Gran Maestro de la P-2, fue condenado a pena de prisión.
- 1870-1958
Antes de este escándalo, las finanzas vaticanas habían intentado mantener un perfil bajo y una buena organización, todo ello atribuible a un hombre que gestionó estos asuntos entre 1929 y 1954, el lombardo Bernardino Nogara. Con estudios de ingeniería, Nogara recorrió el mundo antes de ser contratado por Pío XI para gestionar el dinero del Vaticano. El Reino Unido, Bulgaria o Turquía (entonces Imperio Otomano) fueron algunos de sus destinos profesionales y también los lugares donde empezó a hacerse un nombre como financiero. La Banca Commerciale Italiana le nombró delegado en Estambul (más tarde llegaría a ser consejero y vicepresidente) y también fue miembro del comité internacional que supervisaba la deuda pública del Imperio Otomano. Cuando ocupaba este cargo empezó a tener relación financiera con el Vaticano, porque recomendó al Santo Padre del momento, Benedicto XV, que invirtiera en los bonos turcos, una propuesta que ofreció resultados muy positivos. En 1919 formó parte de la delegación italiana en la conferencia de paz de Versalles.
El año 1929, el Vaticano creó la Amministrazione Speciale per le Opere di Religione (ASOR), como consecuencia directa de los Pactos de Letrán entre la Santa Sede y el Reino de Italia. Este acuerdo supuso unos ingresos económicos muy importantes para la Iglesia, que enseguida pensó en Nogara para organizar y gestionar sus cuentas. El financiero pidió tener las manos libres para seleccionar las inversiones a realizar, y que estas se hicieran con criterios técnicos y no religiosos. Lo que se encontró fueron unos sistemas contables muy precarios y presupuestos extremadamente fragmentados, por lo que una de las principales tareas fue poner al día toda la información contable. En cuanto a la gestión del dinero –gracias a los Pactos de Letrán habían entrado muchos de golpe– la estrategia de Nogara fue invertir en el capital de un gran número de compañías importantes de la economía italiana (sobre todo ferrocarriles y servicios públicos), en las que habitualmente se situaba como miembro del consejo de administración. También invirtió en oro, divisas y deuda pública extranjera.
Durante la depresión de los años treinta la situación económica mundial propinó un golpe muy fuerte a los planes de Nogara, que, además, se vio afectado por la quiebra de los negocios del magnate de las cerillas, Ivar Kreuger, que aparentemente acabó suicidándose en París en marzo de 1932. Aquel mismo año, Nogara creó la firma British Grolux, con la cual adquirió de manera secreta muchas propiedades inmobiliarias en los distritos más caros de Londres. Más tarde descubrió la gran utilidad de los paraísos fiscales. En 1939, Pío XII le renovó en el cargo y tres años más tarde la ASOR evolucionó hacia el Instituto para las Obras de Religión (IOR), del cual hemos hablado desde el principio. Por cierto, no está del todo claro si la compra de una participación importante en el Istituto Nazionale Medico Farmacologico Serono fue idea de Nogara o de sus sucesores, porque se llevó a cabo a mediados de los años cincuenta, coincidiendo con la época en la que el financiero dejó el cargo. Esta inversión no fue una más, porque en el futuro trajo ciertos problemas al Vaticano cuando la cadena RTL aseguró que los laboratorios habían producido, a finales de los sesenta, la píldora anticonceptiva.
La jubilación le llegó en 1956, cuando ya tenía ochenta y cinco años. A propósito de su muerte, dos años después, el obispo de Nueva York Francis Spellman aseguró que Nogara fue, “después de Jesucristo, lo más importante que le ha pasado a la Iglesia”.