Cuatro evidencias y un interrogante

Tasas elevadas de crecimiento del PIB y de la ocupación no implican necesariamente una mejora de la prosperidad de las personas. El PIB per cápita es un indicador más adecuado para valorar la traducción del crecimiento en bienestar –y aún mejor la renta disponible per cápita–. A su vez, el principal determinante del PIB per cápita es la productividad; es decir, el PIB generado por puesto de trabajo o por hora trabajada. Desde este punto de vista, preocupa que desde principios de la década anterior la productividad de la economía catalana ha tendido a evolucionar peor que la europea –exceptuando la recuperación incipiente de los últimos años–. ¿Hasta qué punto esta pérdida de productividad en relación con Europa se puede explicar por el sesgo de la economía catalana hacia determinadas actividades consideradas de bajo valor añadido?

Hay dos maneras, complementarias, de responder a esta cuestión. La primera es comparar la productividad entre Cataluña y Europa sector por sector. La segunda es considerar los cambios en la estructura productiva; es decir, en qué medida los sectores menos/más productivos ganan/pierden peso en el total. Utilizando la información que proporciona Eurostat para diez grandes sectores de actividad y calculando la productividad en términos de valor añadido en euros corrientes por hora trabajada, encontramos que tanto en Cataluña como en la UE-27 hay cuatro sectores con productividad superior a la media (industria, información y comunicaciones, financiero e inmobiliario), y los dos últimos son casos especiales. El resto se sitúan por debajo.

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Primera evidencia: comparando sector por sector con datos de 2024, los sectores primario, industrial, financiero y el agregado, que incluye comercio, transporte y hostelería (donde se sitúa el núcleo de las actividades turísticas), registraban niveles de productividad en Cataluña superiores a la media europea. El resto (seis sectores) contribuyen negativamente al diferencial de productividad con la UE-27. Segunda evidencia: entre 2000 y 2024 el sector industrial; el financiero; el agregado de comercio, transporte y hostelería; los servicios profesionales y de apoyo empresarial, y otros servicios personales han mostrado tasas de crecimiento de la productividad en Cataluña superiores a la media europea de los mismos sectores. Tercera evidencia: los sectores con productividad por debajo de la media que más han aumentado su peso en la ocupación total en Cataluña entre 2000 y 2024 son los servicios profesionales y de apoyo empresarial (7,2 puntos), y los servicios públicos, educativos, sanitarios y sociales (6,8). El aumento de peso relativo de las actividades más estrechamente vinculadas al turismo (comercio, transporte y hostelería) ha sido más moderado: 1,6 puntos sobre el total –y 0,9 puntos más que la media europea, donde también se observa un aumento del peso de este sector–. Cuarta evidencia: tanto en la UE-27 como en Cataluña el conjunto de las actividades con productividad inferior a la media ha ganado peso en la ocupación total, hasta alcanzar un peso similar en ambas áreas en 2024: 77,1% y 79,0%, respectivamente. En parte, porque las actividades en las que más ha crecido la productividad son también las que menos ocupación han generado (o las que más han destruido).

En conclusión: no parece que la cuestión de la pérdida relativa de productividad de Cataluña con Europa –y, por extensión, de un patrón de crecimiento catalán esencialmente diferenciado del europeo– se pueda simplificar señalando ningún sector en particular. Si tuviéramos el poder de reducir el volumen de ocupación de determinadas actividades consideradas de baja productividad, sin hacer otros cambios, ¿hasta qué punto habría servido para acelerar el crecimiento de la productividad agregada del conjunto de la economía? ¿O más bien nos encontraríamos con un patrón de crecimiento no muy diferente del actual, pero con una economía más encogida? Ciertamente, una vía para aumentar el nivel de productividad –no necesariamente la tasa de crecimiento de esta variable– es aplicar medidas discrecionales que frenen o destruyan actividad y ocupación, eliminando las empresas y las actividades menos productivas. Otra vía es eliminar barreras y aplicar incentivos que favorezcan la inversión en formación, en capital y en tecnología en todas las ramas de actividad. No son vías necesariamente incompatibles, pero la segunda tiene un coste social más bajo y es la única que nos permitiría converger de forma sostenible con las economías más avanzadas de Europa.

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Para avanzar en esta dirección no hay soluciones simples ni atajos. Se necesitan más y mejor formación, más innovación, más y mejores infraestructuras, una reforma en profundidad de las administraciones, impulso a los sectores estratégicos más intensivos en conocimiento y tecnología, y políticas públicas que faciliten a todas las empresas crecer en dimensión y crear puestos de trabajo más productivos y mejor pagados. Finalmente, estos objetivos solo se podrán alcanzar si el gobierno de Cataluña dispone de los recursos y de las competencias necesarias, como resultado de un nuevo modelo de financiación que mejore sustancialmente el actual.