La guerra de Irán, la debilidad de Ormuz y otras perlas

La guerra en Irán no impacta en nuestra economía por nuestras relaciones económicas y comerciales con la zona, sino por el efecto sobre los mercados energéticos, especialmente petróleo y gas, que tiene y tendrá en el futuro próximo. Lo que pesa de verdad no es Teherán en nuestro comercio y nuestros precios, es Ormuz. Solo hay que recordar el dato avanzado del IPC de marzo, del 3,3%, un punto superior al de febrero, sin variación de la subyacente y, por tanto, a causa del aumento de los precios energéticos, en un contexto de crecimiento débil de Europa y de una desaceleración no despreciable del orden de un punto en España y Cataluña, donde las mejoras del crecimiento el ciudadano medio no las percibe, la renta per cápita no varía, y donde Hacienda será una de las beneficiadas por esta mayor inflación dado que no corrige la progresividad impositiva (esencialmente el IRPF).

La Agencia Internacional de la Energía (AIE) ya habla de la disrupción de oferta significativa del mercado petrolero, de cantidades y precios; el Brent rozó los 120 dólares, y hay que esperar un cierto tiempo para ver si estamos ante un simple episodio de volatilidad, en función de cómo evolucione la guerra, o ante un choque de oferta que supone pérdida de renta y ocupación para los países consumidores netos de petróleo y gas como lo es toda Europa y aún más España.

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La guerra no llega a una economía en expansión franca, sino a una economía que ya pierde empuje y una Europa económicamente golpeada por la crisis de Ucrania y un muy débil crecimiento, a la vez que España y Cataluña entraban en 2026 con crecimiento aún sólido, pero en transición; con demanda interna fuerte, construcción dinámica, una industria que se rehace y unos servicios que desaceleran, y, sobre todo, con un sector exterior amenazado por la guerra comercial y los aranceles norteamericanos.

Ya comienzan a reducirse las estimaciones de crecimiento económico de forma muy prudente y de subida de precios, porque la variable es la duración de la guerra, el punto débil es Ormuz, por donde pasa el 20% del petróleo mundial, y con la afectación a la producción y comercialización del petróleo, nuevamente la incertidumbre coge fuerza y nadie puede aventurar qué pasará, sino que se amplía el abanico con posibles escenarios y supuestos. Hay que esperar que la duración y afectación sea mínima o los países consumidores pagarán más factura con paro e inflación, subidas de tipos de interés, entre otros.

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(siglo XII), cuando el rey Alfonso VI dice al Cid: “Cosas tendréis, Cid, que harán hablar las piedrascosas veredes, erróneamente atribuida al Quijote para su escudero Sancho, ya que corresponde al libro del Cantar de mio Cid (siglo XII), cuando el rey Alfonso VI dice al Cid: “Cosas tenedes, Cid, que farán fablar las piedras” (popularmente, “veredes”).