Guerras y volatilidad en los mercados
Últimamente asistimos a una operación militar cada mes. Esta vez en Irán. Casualmente, casi siempre ocurren en fin de semana, con los mercados financieros cerrados. Pero después llega el lunes y las bolsas vuelven a abrir. ¿Hay que asustarnos?
En la práctica, nadie sabe qué hará el mercado el lunes después de una acción militar. Sin embargo, si nos basamos en los precedentes, es previsible una elevada volatilidad. Cualquier conflicto bélico suele provocar fuertes caídas en los mercados bursátiles por el aumento de la inestabilidad geopolítica, el encarecimiento de materias primas como el petróleo y la revalorización del valor refugio por excelencia: el oro. Ahora bien, ¿esta volatilidad se mantiene durante semanas o meses? La respuesta también está clara: no.
Los choques externos al mercado suelen tener una duración limitada, de días o, como máximo, semanas. Ocurrió con Rusia y Ucrania, con Israel y Gaza, con la imposición de nuevos aranceles y también con la cóvid-19. Si ampliamos la perspectiva más allá de los días puntuales, observamos que la bolsa reanuda con el tiempo su trayectoria alcista. Hay que tener en cuenta que cualquier tendencia presenta máximos y mínimos; lo que realmente importa es que sean ascendentes.
También es habitual que, si un ataque era previsible –como el caso de Irán, que muchos analistas ya anticipaban–, el impacto sea más moderado porque los precios ya habían descontado sus efectos (el mercado lleva semanas cayendo). Además, esta vez existe un mercado abierto durante el fin de semana: el bitcoin. Cuando se conoció la noticia, su precio cayó de repente un 5%, pero se fue recuperando con el paso de las horas para acabar en terreno positivo.
Lo que ocurrirá el lunes es incierto. Lo que sí sabemos es que, en unas semanas, probablemente el efecto de este episodio ya habrá desaparecido.