Guitarland, el paraíso de la cuerda pulsada
Esta tienda del barrio de Gràcia lleva 23 años vendiendo guitarras y otros instrumentos
BarcelonaDe Guitarland fàcilmente puedes salir convencido de que tu vida necesita una guitarra para adquirir toda la dimensión de su sentido. Richard y José Luis regentan desde 2003 esta tienda de la calle del Diluvi de Barcelona, en pleno pulmón de Gràcia, un barrio que se ha ido quedando huérfano de esta clase de establecimientos –en contra de lo que es su personalidad, con fiestas muy arraigadas y tradición por el gusto musical– para un tipo de vecindario que es un potencial cliente muy interesante para los servicios que puede ofrecer un comercio musical.
“El barrio siempre ha tenido esta clase de personalidad afín con la música, muy activa, muy inquieta”, explican para ilustrar la ilusión con la que abrieron, ahora ya hace veintitrés años, en un momento en que había buenas perspectivas económicas y podían tomar el relevo de algunos negocios históricos gracienses que, como La Lonja del Instrumento y Europa Musical, habían bajado la persiana. Después vino la crisis de 2008 y les tocó resistir y aguantar hasta nuestros días.
Están contentos del camino recorrido y de ofrecer un servicio que les comporta gratificación: “Estamos orgullosos de que nuestros clientes puedan salir de aquí con lo que necesitan. O bien un instrumento nuevo o bien su instrumento bien ajustado, a punto de solfa para que suene inmejorable”. Quedan pocas tiendas como esta, tan especializadas, porque quien quiere abarcar demasiado toma clientela a quien está de verdad especializado en un tipo de instrumento. Su pericia es clara: la cuerda, y en concreto la cuerda pulsada, y más en concreto la guitarra, claro: el nombre Guitarland no engaña.
Llegan todo tipo de guitarras en estado perfectible. Desde mástiles desviados hasta cuerdas destensadas y todo tipo de reparaciones en la madera. “Tenemos muchos clientes que vivían en Gràcia pero que ahora vienen de fuera porque el barrio los ha expulsado –relatan con ojo crítico–. Ahora hay un boom de establecimientos de yoga y de pintar mientras bebes vino”.
Quien quiera adquirir una guitarra nueva podrá elegir entre algo más de un centenar, un buen muestrario. Tanto guitarra clásica como eléctrica, como también bajos y todo tipo de cuerda pulsada: mandolina, ukelele, banjo, etc. Además, también los accesorios: cuerdas, correas, afinadores, cables, amplificadores, atriles, sujeta-instrumentos... Los servicios son diversos y atractivos. En Guitarland puedes comprar una guitarra con precios de entre 100 y 1.200 euros, aproximadamente: “¡El barrio nos pide que tengamos precios razonables!”
También ofrecen la posibilidad de diseñar el propio instrumento. Ellos hacen la propuesta de diseño, el cliente la acepta y encargan la construcción al Isaac de Ipso Taller. En este caso se valora mucho la exclusividad. ¡No hay dos guitarras iguales!
Formación musical
Richard y José Luis recuerdan el trayecto recorrido. Ambos llevan la música instalada dentro desde siempre. Tienen formación de técnicos de sonido, pero también son músicos. Richard ya hacía años que trabajaba por cuenta ajena y quería montar negocio propio. Después de algunas alianzas que no acabaron de fructificar, casualidades de la vida los unieron y apostaron por Musicland, pero una tienda de CDs de Lleida ya tenía el nombre cogido y finalmente el nombre escogido fue Guitarland.
Los dos socios, además de vender y ajustar instrumentos, no pierden ocasión para hacer divulgación de la importancia de la música en el mundo. Y dan algunos datos reveladores. En España el consumo musical orbita entre el 5% y el 10% de media. En Alemania puede llegar al 70%. “La educación es fundamental. Hay países que tienen la música incrustada a fondo dentro de la escuela. De Suiza hacia arriba eso lo tienen muy claro”. ¿Y qué pasa cuando eso se tiene claro? “Pues que la educación marca el consumo”. Así de sencillo.
¿Qué clientela tiene Guitarland? Pues desde el cliente medio que quiere comprar o reparar, hasta el que desea un instrumento exclusivo, pasando por un perfil muy interesante: el músico callejero que necesita un instrumento económico porque tiene muy pocos recursos. Y además, se puede dar la circunstancia de que se lo hayan requisado, porque la regulación es estricta: “En Barcelona se tiende a asociar música con ruido, y eso provoca muchos dolores de cabeza”.