Havaianas, o cómo facturar 741 millones de euros vendiendo chanclas
La compañía vendió 228,7 millones de pares durante el último año
Situémonos en el centro de São Paulo, en Brasil, a mediados de 1962. Conducir allí no es sencillo: autobuses, taxis, motos y fuscas –como dicen los brasileños los escarabajos de Volkswagen– llenan las calles. En las aceras del mítico Viaduto do Chá, de la Praça da Sé y de la avenida São João, los viandantes se deslizan entre oficinas, escaparates, bancos, cines y cafés. La ciudad hierve. Crece hacia arriba, con edificios cada vez más altos, y también hacia afuera, con barrios nuevos que se extienden al ritmo cada vez más frenético de las fábricas, que buscan mano de obra sin parar.Una de estas empresas es Alpargatas. Sus raíces vienen de lejos: de un negocio de espardenyes que el vasco Juan Echegaray y el escocés Robert Fraser habían impulsado en Argentina a finales del siglo XIX. En 1907, aquella fábrica de calzado popular y asequible aterrizó en Brasil con la creación de Sao Paulo Alpargatas. Durante décadas, de sus fábricas salieron espardenyes, zapatos de lona y otros productos pensados para calzar a la clase trabajadora de un país que no paraba de crecer.En 1962, sin embargo, la empresa empezó a producir un modelo nuevo. No era ninguna alpargata; tampoco ningún zapato cerrado. Era una sandalia de goma, de suela blanca y tiras azules, inspirada en las zori japonesas y adaptada a un país caluroso, inmenso y desigual. Era barata, resistente y fácil de fabricar en masa. No quería ser estética: sobre todo, quería ser cómoda para caminar. Hoy, más de seis décadas después, aquel producto continúa en el mercado bajo una marca que ya forma parte del imaginario global del verano: Havaianas. En 2025, la marca facturó unos 741 millones de euros y concentró casi todo el negocio de Alpargatas. La compañía vendió 228,7 millones de pares en un año, de los cuales más de 23 millones fueron a mercados internacionales, como el catalán. Lo que había nacido como una chancla sencilla para el día a día brasileño es hoy una marca presente en más de cien países. Pero, ¿cómo llegó a conquistar el verano de tantas personas?Una chancla para las clases populares
La idea de Alpargatas funcionó de inmediato. En menos de un año, la empresa ya producía más de 13.000 pares de Havaianas al día. El producto encajaba con el momento: era barato, aguantaba el calor y se podía vender en todas partes. Las chanclas comenzaron a circular por los mercados de barrio, por las calles de las grandes ciudades y por los pueblos del interior del país.La distribución también ayudó a convertirlas en un objeto omnipresente. A mediados de los años sesenta, vendedores ambulantes recorrían Brasil en furgonetas Volkswagen Kombi cargadas de pares de Havaianas. Llegaban a barrios y municipios donde las tiendas especializadas quedaban lejos, y hacían que aquella sandalia de goma fuera fácil de encontrar y aún más fácil de comprar.Durante años, las Havaianas fueron eso: un calzado popular, práctico y sin pretensiones. Las llevaban trabajadores, familias, niños y ancianos. Servían para ir al mercado, para estar por casa, para caminar por la calle o para pisar la arena. No eran un símbolo de moda, sino casi lo contrario: un producto tan cotidiano que parecía no tener marca.Judías, arroz… y Havaneras
En los años ochenta, las Havaianas ya estaban por todas partes. El gobierno brasileño llegó a incluirlas entre los productos esenciales, junto a bienes básicos como el arroz y las alubias, en las políticas para controlar la inflación. Pero el éxito masivo también tenía un reverso: durante décadas, fueron vistas como un calzado barato y de clases populares, hasta el punto de que se decía chinelo de pobre (chancla de pobre).El cambio llegó en los años noventa. Con las ventas en retroceso y la marca atrapada en una imagen demasiado humilde, Alpargatas comenzó a sofisticar el producto: primero con nuevos modelos y colores, y después con el lanzamiento de las Havaianas Top, de un solo color, inspiradas en el uso que algunos jóvenes hacían de girar la suela para enseñar la parte coloreada. La compañía invirtió en publicidad, fichó famosos y convirtió la chancla en un accesorio con identidad propia.El modelo Brasil, creado para el Mundial de 1998 con una pequeña bandera en la tira, ayudó a internacionalizar la marca, que a partir de los años 2000 entró en tiendas de moda, colaboraciones con diseñadores y mercados de todo el mundo. En 2017, Alpargatas cambió de accionariado y pasó a manos de un grupo de inversores brasileños, pero Havaianas continuó siendo su gran motor. En 2025, la marca ya representaba el 98,9% de la facturación del grupo, con más de 228 millones de pares comercializados.