De toda la vida

Un milagro literario en el barrio de Sant Pere

Tesoros de Alejandría es un espacio pensado desde el amor al conocimiento, a la experiencia de la lectura, ya la variedad temática

09/01/2026

"Un milagro". Miguel Ángel Ortega lo tiene claro: que exista su librería Tesoros de Alejandría es un milagro. Abrió hace dos años en la calle de la Virgen del Pilar, a dos pasos del Palau de la Música, pero el oficio de librero le corre por las venas desde muy joven. De hecho, ésta es la sexta librería que regenta, entre Barcelona y su Valladolid natal. Entrar es percibir enseguida un olor inconfundible, ese olor que sólo hacen las librerías de viejo. Es el olor de las páginas vividas, de la memoria custodiada por el mayor tesoro de nuestra (supuesta) civilización: los libros. Pero Tesoros de Alejandría no es un contenedor, no es una librería low cost donde ninguna de todo y reina el sálvese quien pueda. Es un espacio pensado desde el amor al conocimiento, a la experiencia de la lectura, a la variedad temática que puede ofrecer el mundo editorial, las aficiones, las lecturas de calidad. Encontramos literatura popular, grandes autores, narrativa, arte, filosofía, ensayo, poesía, pensamiento... y también un espacio interesante para la pasión gráfica, los grabados antiguos y el cartelismo. ¿Pero por qué es un milagro tu librería? "¿Una librería de viejo abierta al público? Apostar por eso es un acto de rebeldía, de militancia, de coherencia personal".

Miguel Ángel lo tiene claro, la palabra que más repite es coherencia. Siempre ha creído en la librería como espacio de conocimiento, de intercambio de ideas, de experiencia más allá de la compraventa. Siendo un vínculo especial con el barrio de Sant Pere, Santa Caterina y la Ribera: "La coherencia, en mi caso, pasa por eso, por apostar por el barrio, por la proximidad, por la comunidad". "¡De poco me sirve quejarme si no paso a la acción!". La apuesta está clara, el comercio con alma, toda una apuesta de riesgo en los tiempos de la franquicia, de las tiendas fotocopiadas, de la gentrificación salvaje, de la mala salud para el comercio de proximidad. "Creer en el barrio quiere decir que al igual que compras la fruta y la verdura en un comercio de proximidad, compres los libros en una librería del barrio", argumenta Miguel Ángel. Ha sido durante tres años presidente de la asociación de comerciantes del barrio y junto a otros compañeros se ha posicionado muy claramente a favor de este tipo de concepción de su oficio. "Incluso haciéndolo bien, resulta difícil hacerlo viable".

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De hecho, la librería física puede aguantar gracias a que Tesoros de Alejandría también vende on-line en plataformas de coleccionismo como Todocolección y Uniliber, un interesante portal de libreros fundado y gestionado por ellos mismos: "Una iniciativa que pone en valor el oficio, que apuesta por la sostenibilidad del librero". Sin prendas a pagar a grandes corporaciones que chupan la sangre a todo el que pueden. Dígase Amazon, por ejemplo.

El espacio de Tesoros de Alejandría es amplio, diáfano y cálido, invita a buscar, a preguntar, a hacerse acólito de la librería. Hay clientes que vienen una vez por semana a interesarse por las novedades, clientela del barrio que la descubre por primera vez y también turistas, claro, que compran un grabado o un pequeño cartel de recuerdo de la ciudad. La proximidad con el Palau de la Música también determina los perfiles que atraviesan la puerta de la calle. En un plazo medio de tiempo, a Miguel Ángel le gustaría tener habilitada la parte posterior de la librería, hoy un amplio almacén, para poder ofrecer un valor añadido en forma de presentaciones, talleres, interacción, recitales, diálogo, etc. "Compartir el conocimiento en las librerías forma parte de nuestra función social y también es una posibilidad de diversificación y adaptación a los nuevos tiempos, porque con vender libros seguramente ya no es suficiente", dice. "El modelo ha cambiado. No basta con tener libros en las baldas. Hay que ser un buen curador, seleccionar la oferta con cuidado, ofrecer tu experiencia al servicio de la gente", añade. Y concluye: "Para ser un buen librero es importante estar relajado, y el relajamiento, por mucho que nos pese, nos da la estabilidad económica".

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El oficio, a Miguel Ángel, le viene de la gran experiencia adquirida en Valladolid. Primero en el Rastro, después en sucesivas librerías y en la seducción barcelonesa, donde venía a menudo a comprar y vivir la ciudad. La seducción de Sant Jordi, del mercado de Sant Antoni y de los Encants. Una atracción que, finalmente, le hizo decidir a instalarse y apostar por una manera de vivir y entender la ciudad y su comercio: "Ocupamos un espacio de calidad, con criterio y sentido". ¡Y por muchos años!