Energía

El modelo energético de Osona que impresiona en Europa

La comarca es finalista de los EUSEW Awards 2026 gracias a una alianza entre 50 municipios y 30 comunidades energéticas que ya ahorra un 15% de consumo municipal

Roger Hernández Pujol
17/05/2026

Mientras el debate sobre la transición energética en Cataluña a menudo se atasca en el conflicto entre el territorio y los grandes operadores privados, en Osona y en el Lluçanès han decidido escribir su propio guion. El proyecto Nova Energia Osona se ha convertido en uno de los tres finalistas de los Premios Europeos de la Energía Sostenible 2026, una nominación que consagra un modelo basado en el control público y la participación ciudadana que ya agrupa a 50 municipios y 175.000 habitantes.

El objetivo es tan ambicioso como concreto: reducir las emisiones de dióxido de carbono (CO2) en un 42% de aquí a 2027. Pero lo que ha cautivado Bruselas para elegirlo como uno de los finalistas no es solo la cifra, sino el método. La iniciativa no depende de grandes fondos de inversión, sino de una alianza entre las administraciones locales –articuladas a través de la Agencia Local de la Energía de Osona (ALEO)– y una red de más de 30 comunidades energéticas que ya suman 2.000 hogares.

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Un modelo basado en la dimensión social

A diferencia de los proyectos a gran escala, impulsados por intereses externos que a menudo generan poco impacto local, Osona ha apostado por la democratización. El modelo se articula mediante una alianza a tres bandas: los ayuntamientos, las comunidades energéticas y el asesoramiento del ALEO.

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Pero, ¿cómo se consigue que 50 municipios de colores políticos opuestos remen en la misma dirección? Para Moisès Subirana, responsable del proyecto, la clave no es la ideología, sino la confianza acumulada durante veinte años de trabajo del ALEO. "Todos los alcaldes tienen nuestro número y nosotros el suyo. Es un contacto muy estrecho que hace que, lejos de los grandes discursos, probemos cosas concretas desde un vínculo afectivo", explica.

Esta particularidad es la que permite que, cuando surge una idea, el territorio la canalice inmediatamente. El mecanismo es ingenioso: los ayuntamientos impulsan instalaciones fotovoltaicas en equipamientos municipales y ceden una parte a la comunidad energética local. De esta manera, mientras el consistorio ayuda a reducir la factura de las familias, la comunidad –estructurada como cooperativa sin ánimo de lucro– obtiene ingresos para mantener el sistema y promover nuevos proyectos, como el vehículo eléctrico compartido o la compra conjunta de biomasa local.

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El retorno: de 10 a 80 euros por cada euro invertido

Participar no es solo una cuestión de ecologismo; es también una decisión económica. "La persona sabe que la energía es 100% renovable y local, pero además los precios son muy competitivos", ha afirmado Subirana en declaraciones a Empreses. El modelo ha movilizado más de 50 millones de euros. Gracias a una gestión técnica que busca subvenciones y ahorros constantes, el proyecto genera un retorno de entre 10 y 80 euros por cada euro que los ayuntamientos invierten.

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Además, el proyecto pone el foco en la justicia social. A través de la colaboración con los servicios sociales, se garantiza que la transición no deje a nadie atrás, lo que permite que hogares en situación de pobreza energética también se beneficien del autoconsumo compartido.

El reto del 2027 y el 'no' a los megaproyectos

A pesar del éxito, Subirana es realista con el objetivo de 2027 –reducir las emisiones de CO2 en un 42%–. Reconoce que, a pesar de haber hecho "el trabajo con buena nota", el salto de escala necesario depende de actores a escala estatal y europea que todavía deben pisar el acelerador. También, ha recordado, que es complicado medir en una escala tan pequeña las emisiones reales. Con todo, los resultados actuales son innegables: 216 instalaciones activas –un 70% de las cuales colectivas– y una reducción del 15% del consumo municipal.

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Más allá de las fronteras de la comarca, Subirana defiende que la experiencia de Osona es "100% reproducible" y que no hacen nada que no se pueda exportar a otros entornos europeos que quieran alcanzar los objetivos climáticos de la UE. A pesar de ello, matiza que el éxito osonense no es fruto de una receta mágica, sino de una combinación entre la voluntad política y una "capilaridad" técnica trabajada durante más de dos décadas que permite canalizar proyectos tan pronto surge una idea o una línea de financiación.

Ser finalista en Europa –el ganador se sabrá el 9 de junio– es, para Osona, un reconocimiento a haber pasado de la queja a la acción. "Hace cinco años aparecieron megaproyectos que se comían el territorio y crearon alarma. Nosotros no solo dijimos que no a aquellos proyectos, sino que dijimos que a los nuestros", concluye Subirana.