Alimentación

Miguel A. Torres: "No creo que en el Penedès se arranque viña como en La Rioja o Burdeos"

Presidente de Familia Torres

El presidente de la bodega Familia Torres, Miguel A. Torres, acaba de publicar sus memorias, Una vida entre viñedos (Planeta Gastro, 2026). Torres, que ha sido clave en la transformación del vino español en las últimas décadas, narra en él los hitos de su trayectoria profesional y revela intimidades de su vida familiar. A pesar de que la historia de la bodega se remonta a 1870, el libro comprende sobre todo el período entre la Guerra Civil, cuando la bodega quedó devastada, y el presente, con Torres, de 84 años y cuarta generación de la familia que ha dirigido la bodega, convertido en uno de los vinateros del mundo más implicados en la lucha contra el cambio climático.

Torres dedica las memorias a su mujer, Waltraud Maczassek, para agradecerle que le haya permitido dedicarse casi en exclusiva a la bodega. Con un redactado ameno y una nutrida selección de fotos, las ha terminado ahora que por primera vez la bodega está bajo la batuta de un director general externo, Fabrice Ducceschi, que trabaja con la quinta generación de la familia, con Miquel Torres Maczassek como director corporativo y su hermana Mireia como directora de innovación y sostenibilidad. Hablamos con Miguel A. Torres de las memorias mientras luce en la americana, con orgullo, la insignia de la Creu de Sant Jordi que le ha otorgado la Generalitat.

El Master of Wine Pedro Ballesteros destaca en el prólogo que usted fue "vector e inspiración" de muchos de los cambios que a partir de los años setenta transformaron el vino español. Por ejemplo, elaborar vinos propios y embotellarlos, comprar fincas singulares para diversas DO de Cataluña o introducir la fermentación en frío en depósitos de acero inoxidable.

— También creo que fue interesante el hecho de ir a otras regiones españolas. Yo no quería, quería quedarme en Cataluña, pero la familia me convenció. Fuimos primero a Ribera del Duero y después a Rueda, Rioja y Rías Baixas. Suerte, porque nos ha permitido pedir exclusividad a los importadores de los 100 países con los que trabajamos. Escúcheme, de España, somos nosotros.

América también ha sido esencial para Familia Torres. Después de la Guerra Civil, y con la bodega devastada por un bombardeo alemán, lo primero que hicieron sus padres, Miguel Torres Carbó y Margarita Riera, fue ir a Cuba, México, los EE. UU. y Canadá para vender vino allí. Posteriormente, usted creó una bodega en Chile y su hermana, Marimar, en California.

— Después de la guerra fue el mercado que nos hizo posible embotellar. Nuestra empresa data de 1870 y vendía a granel. El padre, cuando llegó a los Estados Unidos a principios de los cuarenta, quería vender el vino en barricas, y en Nueva York le dijeron que lo querían embotellado. Francia estaba ocupada por los alemanes –por la II Guerra Mundial–, no enviaba, y querían Chablis, Sauternes, Borgoña... Cuando entré en la casa en 1962 el Spanish Chablis todavía se hacía.

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En las memorias repasa los vinos icónicos que han elaborado desde entonces. ¿De cuál se siente más orgulloso?

— Del Mas La Plana (cabernet sauvignon). Nos situó ante la posibilidad de poder hacer grandes vinos comparables con los mejores de Europa.

¿Hay algún vino que no haya ido tan bien?

— El primer embotellado que hice del Viña Sol (cupaje blanco), que fue un desastre.

Cuando empezó como enólogo de la bodega, después de estudiar en Dijon, plantó variedades internacionales y en las memorias asegura que "el cabernet sauvignon daba un vino mucho mejor que el de las cepas negras tradicionales de la época". ¿Fue una apuesta acertada?

— Sí. Un cabernet sauvignon, comparado con las variedades tradicionales que teníamos en el Penedès entonces... En los años 60 el Penedès era un país de champán, de blanco, y cada cepa daba muchos kilos por hectárea. Eso con el tinto era muy complicado. No había calidad.

¿Por qué el Penedès es un territorio tan agitado con el vino y las burbujas?

— Han pasado muchas cosas. En los años 60, cuando yo empezaba a trabajar, cada año los compradores de uva íbamos a Can Codorníu a oír al señor Raventós que nos decía que este año la uva se pagará a este precio. Eran ellos, los grandes compradores y los que orientaban el precio. Después vino Freixenet. Ahora, de burbujas las hay que hacen cava, Corpinnat, Clàssic Penedès... Yo creo que debería haber un consenso para hacer una DO y ir por el mundo con una.

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¿Qué balance hace la DO Catalunya?

— Muy positivo. Antiguamente, la DO Penedès exigía que el blanco fuera Penedès, pero con el tinto había tolerancia y nosotros traíamos tintos de otras regiones españolas. Esto se acabó y la DO Catalunya nos permitió solucionar el problema, porque tuvimos la posibilidad de tener uva de calidad cerca de casa y con una DO.

Ballesteros también resalta que usted siempre ha entendido el vino como "un negocio" y que ha sido y es "un visionario de tendencias, tanto presentes como futuras". ¿Hacia dónde se encamina el vino?

— Se tendrá que adaptar a las tendencias del mercado. Mis hijos ya lo están trabajando. No podemos continuar haciendo los mismos vinos exactos que hacíamos hace 20 o 30 años.

¿En qué piensa?

— Yo personalmente no descartaría hacer un vino espumoso. No sé si debería ser cava o debería ser simplemente un vino con un poco de burbujas, pero son ellos –los hijos– los que lo tienen que decidir.

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Ustedes ya tienen los espumosos Vardon Kennett, que impulsaron sus hijos, y su hija Mireia también ha elaborado dentro de Jean Leon un primer espumoso con la variedad recuperada forcada, que prevén sacar al mercado antes de acabar el año bajo el amparo de Clàssic Penedès.

— Por tanto, plantea un proyecto nuevo desde cero.

Por lo tanto, plantea un proyecto nuevo desde cero.

— A ver a Mireia qué tal va con el espumoso de forcada.

El vino blanco está en auge, en detrimento del negro. ¿Les representa un dolor de cabeza?

— Hace ya muchos años que hacemos un poco más de blanco que de negro, pero el negro también va funcionando.

En general, el consumo de vino está en retroceso. ¿La solución es arrancar viñedos o hacer más vino 0,0?

— El 0,0, el Natureo nuestro, fue idea de Mireia. Yo le dije que eso era un disparate, pero al final lo hicimos y va muy bien. Hoy en día todavía está por debajo del 10% de la venta de vino, pero continúa creciendo y funciona muy bien. También está el brandy, que continúa funcionando muy bien.

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¿Habrá que recurrir a arrancar viñas?

— No creo que en el Penedès se arranque viña porque tenemos esto y el cava, los otros espumosos y el vino. Pero es cierto que han arrancado viña en otras regiones españolas, como en La Rioja, o en Burdeos. Se ha destilado vino también en otras regiones. Aquí no es el caso.

¿Usted siempre ha entendido el vino como un negocio, pero es rentable elaborarlo, hoy en día?

— Quizás lo era más años atrás, pero yo diría que todavía podemos defendernos; sin embargo. nos hace falta que la gente joven no pierda el interés por el vino. El vino bebido con moderación es bueno.

¿Qué imagen proyecta Familia Torres?

— ¿Podrían haber hecho vino en algún otro país?

¿Podrían haber hecho vino en algún otro país?

— En la India nos insistieron mucho para que hiciéramos vino allí. También nos lo miramos en Perú, en México y en China, pero si quieres mantener la calidad, tienes que concentrarte, no puedes hacer vino en 50 países.

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Hace casi un año que en la bodega incorporaron un director general externo a la familia, Fabrice Ducceschi. ¿Cómo les ha ido?

— Muy bien. Es un gran director. Estoy muy contento. Hace muy buen trabajo.

Aun así, ustedes no dejan de ser una bodega familiar. ¿Hacer negocios en familia es difícil?

— Sí, puede haber cosas. Yo creo que cada generación debe saber estar en su lugar. Ahora a veces me preguntan cosas y, escucha, decidid vosotros [los hijos], ya les toca. Lo están haciendo muy bien.

En el libro profundiza sobre la relación con su padre, que "no siempre era cordial", hasta el punto de que a la vuelta de su año sabático en Montpellier lo retiró a usted de la gerencia.

— Llegó a ser muy complicada. Discutíamos mucho, teníamos diferentes puntos de vista y, por eso, de forma pactada, fui a Montpellier. Vi allí que seguramente el padre tenía razón, que yo debía ser más flexible, y profundicé en los estudios de viticultura.

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Su hijo Miquel, que fue director general de la bodega del 2012 al 2023, se ha reincorporado de nuevo en 2025.

— Es director corporativo [encargado de marketing, comunicación y enoturismo]. Yo le digo presidente, pero él quiere que se le diga director corporativo, y Mireia es directora de innovación y sostenibilidad [la novedad es que ha asumido la parte de sostenibilidad de su padre].

Como le sucedió con su padre, también ha tenido un distanciamiento con su hijo.

— Alguna discusión ha habido, es evidente, entre padres e hijos esto es normal, pero nos entendemos muy bien. Está todo solucionado.

En las memorias también revela públicamente que usted padeció un cáncer de mama en 2010.

— Cada año paso la revisión y por ahora va bien, pero el cáncer no se acaba nunca. No lo había ocultado nunca, pero antes de hacer el libro yo no iba a una entrevista para hablar del cáncer, hablaba de los vinos o de las viñas que habíamos comprado.

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¿El cambio climático puede acabar con el vino si no se actúa de manera más contundente?

— Esto es lo más importante, lo más grave. Yo creo que lo que puede pasar es que acabe con la humanidad.

Como abanderado de la lucha contra el cambio climático, ¿qué le diría a Donald Trump?

— Que se jubile, que se retire, y de hecho es lo que le están diciendo los votantes americanos. Además, no bebe vino. ¿Qué se puede esperar de este señor?

¿Al papa León XIV, que esta semana ha visitado Barcelona, qué vino le ofrecería para probar?

— El padre hacía vino de misa en los años sesenta. Hacía bastante porque en Colombia era el único vino que se podía importar al país. Guardo una botella de aquellas y se la haría probar al Papa.

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Después de haber recibido este año la Creu de Sant Jordi, ¿qué le queda por hacer como presidente de Familia Torres?

— En la familia todos deben intentar ayudar. El vino no está en un buen momento, pero todos juntos debemos conseguir que vuelva la cultura del vino bebido con moderación. Que se vuelva a poner la copa de vino en la mesa, al mediodía o por la noche. Cada vez hay mejores vinos y mucho para elegir.